Sábado, 05 Agosto 2017 13:02 hrs
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Danza de matachines, una tradición viva en Saltillo

Es una herencia que viene de los abuelos, los padres enseñan a los hijos y cuando ya no se puede danzar por la edad, se les da el relevo a los más jóvenes

Danza de matachines, una tradición viva en Saltillo
05/Agosto 13:02 hrs
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Con sones, pisadas, tambores y violines, los matachines alaban al Santo Cristo, que este domingo, como cada 6 de agosto, tiene su fiesta.
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Por: Ana Laura de León

Saltillo, Coah.- El olor de incienso y nardos llega en oleadas. El tambor y el paso arrastrado de las suelas de lámina de los huaraches interrumpen los rezos de los fieles devotos del Santo Cristo de la Capilla. El tambor calla. Los danzantes entran formados en dos filas desde el atrio; al llegar al altar, matachines hacen una reverencia tocando el piso con sus rodillas en un profundo signo de alabanza y adoración a Dios.

La danza quizás fue el primer arte que surgió, en todas las culturas y pueblos.

“Danzar ha sido una expresión profunda de alabanza a Dios”, explica el padre José Calendario Velázquez, de la Parroquia de Jesús de Nazaret, en la colonia Satélite Norte de Saltillo, donde dice con emoción que han surgido cuatro danzas de matachines.

En el Antiguo Testamento, señala, Dios pide a su pueblo que lo alabe con cantos y con danzas que nacen del corazón. Por eso, la Iglesia Católica desde la época de la Conquista reconoció en las danzas de los pueblos indígenas un sentido litúrgico y de evangelización.

Hay dos teorías sobre el origen del vocablo “matachín” o “matlachín”: una dice que proviene de la palabra Náhuatl mala-cotzin de malacochos, que significa girar o dar vueltas como malacate; la segunda teoría dice que las danzas de matachines proviene de las representaciones de las luchas entre moros y cristianos y que en Europa el término matachín deriva del árabe mutawajjihin, que significar el que adopta una máscara refiriendo a un bufón, lo que se conoce como el Viejo de la Danza.

Las danzas de matachines, según el padre José Candelario Velázquez, representan la lucha contra el mal, y las danzas tradicionales concluían con la derrota del Viejo de la Danza.

El amor por la danza viene por herencia, los padres enseñan a los hijos, afirma don Casimiro Gallegos Pérez, de 72 años, cuando ya no se puede danzar por la edad, se le da el relevo a los hijos.

“Por lo que nos platicaba mi abuelo, son ya 80 o 90 años que tiene la Danza de la Santa Cruz del Cerro del Pueblo, la cual empezó en 1920 y siempre la ha tenido la familia Ovalle. Ya somos los nietos los que seguimos”, relata José Luis Humberto Castillo Ovalle, quien tiene 28 años danzando, empezó a los 4 años de edad con su abuelo José Antonio Ovalle, y ahora es el actual director de la Danza de la Santa Cruz del Cerro del Pueblo.

“Mi papá empezó desde niño, desde que era bebé, aprendió con su abuelo. Luego la danza siguió con su papá, quién continúo con la fiesta a la Santa Cruz. Mis bisabuelos trajeron la Santa Cruz de Zacatecas, mi bisabuelo se llamaba Julián Ovalle, mi abuelo Feliciano Ovalle, mi papá José Antonio Ovalle y ahora está la generación de los hijos y nietos de mi papá. Mi papá formó a muchos danzantes, de aquí se salían integrantes y formaban sus danzas. Y así se fueron haciendo más danzas y más danzas en Saltillo", nos platica María del Carmen Ovalle.

En la Danza Jesús de Nazaret encontramos Eruviel Guerra Calderón, de 24 años, quien es danzante y toca el tambor. Al contar su historia, resultó ser hijo de una nieta de don Antonio Ovalle.

“Es herencia de la familia. Mi mamá era danzante y toda la familia sigue esta tradición. Mi mamá ya falleció, pero desde muy niña empezó en la danza de la Santa Cruz de doña Benita Ovalle del Cerro del Pueblo. Yo empecé danzando a los 6 años, luego de que aprendí los sones de la danza, seguí con el tambor, pero hago los dos, tambor y danza”, dice.

Los grupos de danzantes trazan con sus pies una cruz y la pisan varias veces, a eso se le conoce como el paso de la cruz y a la coreografía se le llama “pisada”.

“A nosotros los pasos nos los enseñó el señor Jesús Pérez, pero él ya falleció, él andaba con la danza de Pancho La Gallina del Ojo de Agua. Ahora anda con nosotros el sobrino de don Jesús Pérez, el señor de anaranjado que está tocando el tambor. El era danzante y se quedó con nosotros tocando el tambor”, dice en entrevista María Guadalupe Escamilla, de 52 de edad, directora de la Danza María Goretti, quien se inició en la danza con su suegra para pagar una manda, de eso hace 32 años.

“Mi jefe fue Pancho La Gallina, don Francisco Gámez, de la Danza del Ojo de Agua. Yo estuve ahí como 35 años, luego la señora quiso formar este grupo y yo la apoyé. Y estamos aquí por la fe que tenemos a la Virgen, nuestra patrona; porque a la gente no se le da gusto en nada. Yo sigo en la danza por lo que yo siento por la Virgen y por Dios”, nos cuenta Casimiro Gallegos Pérez, 72 años, quien toca el tambor con la Danza de María Goretti.

Hay sones que los bailan varias danzas, pero utilizan distintas pisadas. Cada danza tiene sus propias pisadas y pasos, de acuerdo a la tradición que sigan.

“Cada son se compone de tres pisadas, una pisada es lo que uno baila, el violín le marca la pisada y luego le sigue el tambor y es cuando entramos los danzantes”, explica con paciencia José Luis Humberto Castillo Ovalle, “dura alrededor de 10 minutos, dependiendo de la pisada, hay pisadas cortas y otras muy largas”.

Entre los sones más conocidos entre los matachines de Saltillo están El Indio, El Consentido, La Golondrina, El Champeado, El Toro y El Matamoros. El violín le marca el son al tambor. Las pisadas van marcando el ritmo del son, los pasos que se van marcando siguen al tambor, detalla.

“Apenas llevo dos años tocando el violín, pero tengo 12 años como danzante, empecé a los 4 años con la danza de mi abuelo. Un día vi al violinista de una danza de Monterrey y me inspiró. Se llama Abel de la Rosa, de la danza de Nuestro Señor Jesús, él me enseñó un solo son y de ahí yo solo fui aprendiendo otros sones, metiendo y acomodándole”, relata Carlos Antonio Rodríguez Galván, de 16 años.

Hay pocos violinistas de danzas en Saltillo, por lo que es común que acompañen a otras danzas, tal es el caso de Carlos, quien cuando puede acompaña a la Danza de Jesús de Nazaret, como este día que están de fiesta por el primer aniversario y asistieron a la misa de mediodía a la Parroquia de María Reina de la Satélite Sur, la que pertenecen el grupo.

Danzaron desde temprano afuera del domicilio del coordinador, la mamá de Francisco preparó asado, arroz y frijoles a la charra para dar de comer a todos los danzantes que fueron invitados a esta fiesta por el primer año de su apostolado.

Con los años, la coreografía se ha transformado, ahora los danzantes forman dos filas encabezadas por los “capitanes”, quienes comienzan las pisadas fuertes de doble remate en cada pie y son seguidos por los demás participantes. Antes se bailaba por horas y sin descanso, pero ahora los sones duran entre media hora y tres cuartos de hora.

“A través de internet vemos pasos de otras danzas de Saltillo y de San Luis Potosí, tratamos de copiarlos pero con nuestro propio estilo; ponerle una punta, un talón para que sea nuestro”, relata Guadalupe Román Torres, 25 años, quien empezó a danzar hace 10 años y es director de la Danza de Ramos Arizpe.

La indumentaria es fundamental para las danzas, se compone de chaleco, camisa, la nahuilla, decorada con carrizo y lentejuelas, los huaraches de tres piquetes con correas y láminas, arco, sonaja y el penacho. La vestimenta colorida y artesanal pesa entre tres o cinco kilos, cargar la nahuilla por un par de minutos deja adoloridos los brazos.

“Los de la danza chichimeca casi no se distinguen, todos traen la misma vestimenta. Se distingue cuando es otro tipo de danza como la de la danza de pluma o la palmilla, porque danzan más a prisa y es otro tipo de vestimenta”, explica Francisco Hernández Cortés, 41 años, director de la Danza San Judas Tadeo.

“Lo más difícil es que perdure la gente porque ven ropa nueva, diseños nuevos de otras danzas y luego luego se quieren ir a la otra danza. Mucha gente se va por la ropa. Pero la verdadera gente que trae la fe y la devoción por danzar puede danzar hasta sin vestuario”, dice Francisco, quien inició danzando a los seis años, con su papá.

La cultura religiosa festiva del México, celebrada por el Papa Juan Pablo II durante sus visitas a nuestro país con su frase: “México sabe bailar, México sabe cantar, México sabe gritar. México, siempre fiel”, conserva los significados simbólicos del cristianismo indígena: ofrendas, ritos, danzas, vestimentas prehispánicas; y por otro los cantos litúrgicos, las procesiones, fuegos artificiales. Y permanece viva.

“Es una tradición muy bonita, es un gusto que sales de trabajar y se te olvida todo con la danza. Yo trabajo en un restaurante-bar en Ramos, soy cocinero, mesero y barman. Y siempre me preguntan, ¿por qué lo haces? ¿Qué significa para uno? Y siempre les contesto: Yo soy religioso, creo en Dios y en la Virgen y danzar es una forma de agradecimiento de la vida que nos ha dado día con día”, afirma Guadalupe Román Torres.

Este  domingo 6 de agosto, a las 13:00 horas, el obispo Raúl Vera oficiará la misa para danzantes que participaron en el novenario en honor del Santo Cristo de la Capilla.


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