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Lunes, 25 Febrero 2019 07:06 hrs
» Opinión

¡Al hueso!




del mismo autor


Sebastián Gómez

sebasgom@yahoo.com

Desde los primeros días del nuevo gobierno, la mayoría de los cambios y decisiones que instruye en el Presidente de la República en el ámbito social no se entienden en su objetivo final, porque como las califican popularmente parecen simples ocurrencias o “puntadas”.

Así ha sucedido con decisiones aparentemente incuestionables, como la pensión universal para mayores, los recursos destinados a los ninis. También con otras de polémica, como la cancelación del financiamiento a las estancias infantiles y su reemplazo por una aportación menor y directa a los padres.

La confusión se abona por la ausencia, hasta el momento, de un Plan Nacional de Desarrollo que nos diga clara y exactamente hacia dónde se quiere llevar al país y a nosotros con él.

Empero, al paso de los días va quedando nítido que si bien no hay definición precisa en la ruta de desarrollo económico y social, si existe tras bambalinas un preciso derrotero político.

De una parte y en sentido inverso a nuestro tardío desarrollo institucional, día a día se empuja hacia una creciente concentración unipersonal del poder.

Basta revisar contenido y sentido de las conferencias matinales del Presidente para constatar que sin descanso se demerita a los organismos autónomos de contrapeso, incluso los de carácter eminentemente técnico.

Si es necesario se acusa sin pruebas o se recurre a intimidar con la amenaza del poder del Estado para iniciar investigaciones personales.

En paralelo, se propone a obedientes y comprometidos seguidores -no pocas veces de evidente incapacidad- para aprovechar vacantes, las del Poder Judicial incluidas.

Esa es una arista, porque la pinza se cierra con la invención de programas y fórmulas para la entrega directa de recursos como ningún gobierno anterior lo había intentado, pero con los cuales se va conformando una multifacética base de apoyo político, con la característica adicional de que responde a una sola voluntad.  

Efectivamente, México no es Venezuela, pero así comenzó en la tierra de Bolívar y cada día nos vamos pareciendo más.


Lo sintetizó un académico venezolano: “las migajas que reciben hoy vienen de un pan que les faltará mañana, el de la libertad, la seguridad y la dignidad”.