Lunes, 08 Abril 2019 07:25 hrs
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¡AL HUESO!

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Una solución de largo plazo para la Región Carbonífera definitivamente no está en el carbón.

A nivel global, el negro combustible fósil, primer actor de la revolución industrial, está en la parte final de su histórico ciclo de vida.

Y eso complica el futuro de una zona en que el producto ha sido y es tartamudeante motor de una precaria economía, que no vislumbra en el presente vías de diversificación.

En la Región Norte, las termoeléctricas de la CFE, contaminantes por falta de equipos de control, entran en la obsolescencia. Y Minera del Norte, la gran abastecedora, se está quedando sin reservas.

Allí, sin embargo, hay una economía equilibrada entre la industria, la agricultura y los servicios, con capacidad de absorber a buena parte de los desplazados de la minería.

No tiene igual perspectiva la Carbonífera, donde en más de siglo y medio de extracción intensiva es muy poco lo que ese recurso ha dejado. Solo ingresos de subsistencia para la mayor parte de la población regional y un entorno deprimente.

Basta un rápido recorrido para constatar las carencias de todo tipo que las comunidades enfrentan, desde la baja calidad de vida hasta la pobreza urbana y el masivo daño ambiental.

Lo que más duele a los habitantes de la zona, sin embargo, es la ausencia de opciones.

Limitada es la actividad agrícola, limitada la actividad industrial, y no se entre en el análisis de los caciquismos, el fatalismo, el valismo y otros “ismos” sociales que ahuyentan a cualquier potencial iniciativa económica.

Por ello, cuando se habla de futuro, la tan cacareada y manoseada compra emergente de carbón por la CFE tiene menos efecto que una aspirina ante un infarto. Y no hablemos de la corrupción que volvió a aflorar en la adjudicación.

Es un contexto de suyo complejo y no se ve que las autoridades de los tres niveles de gobierno, entrampadas en el hoy político, estén pensando en una estrategia de largo aliento, que impulse un desarrollo económico alterno al carbón.

Como es costumbre en nuestros gobiernos, impera el “ya veremos”.





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