Lunes, 15 Abril 2019 07:47 hrs
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¡Al Hueso!

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Hermano gemelo y compañero de viaje de la corrupción, el irrespeto a la ley es otro de los factores que minan el desarrollo nacional y se mantiene como elemento negativo siempre presente en la vida económica.

En visión de estudiosos del derecho, México está sobre normado. Tenemos exceso de leyes y el deporte nacional es burlarlas y jactarse de ello.

Para tratar de resolverlo, nuestros parlamentarios federales y estatales inventan nuevas normas y así se crea el contrasentido de que si acatas tal complejo legal, no avanzas.

En pocas palabras, nuestras propias leyes nos incitan a violarlas.

Frente a ello, los gobernantes en turno han venido desde hace decenios prometiendo que predicarán con el ejemplo. La falta de resultados está a la vista.

Si la última medición mundial nos sitúa en el penúltimo lugar en corrupción, en la medición de respeto a la ley del World Justice Project nos ponen en el puesto 99 entre 126 naciones analizadas.

En ambos casos, corrupción e ilegalidad, el inicio del cambio está en la educación de la sociedad hacia un fortalecimiento de los valores cívicos.

Ejemplo a mano: según cálculos del SAT -no hay una estadística certera- circulan actualmente en México más de 7 millones de vehículos ilegales. Representan la cuarta parte del total de automotores del país. Y en Coahuila proporcionalmente más.

Siete millones, desde autos chatarra -y también de lujo- hasta trailers que han cruzado irregularmente la frontera, permitidos por el personal de aduanas, solapados por todas las policías, tolerados por los gobernantes.

Son vehículos sin más registro que el de “organizaciones sociales” que medran con una supuesta matrícula que solo compete otorgar a la autoridad.

No pagan impuestos, no tienen seguro y generalmente no responden ante los eventuales daños que puedan ocasionar.

Representan una afrenta diaria para el propietario cumplido que debe pagar placas, tenencia, revisión ambiental y seguro.  

¿Qué hace la autoridad ante esa patente violación diaria a la ley? Muchas palabras y periódicamente instala retenes que decomisan un puñado de autos de conductores desinformados, que cometen el error de no esconder el vehículo por un par de días.

En la semana siguiente, una vez que las “organizaciones sociales” hacen su berrinche y amenazan con votar en contra en las próximas elecciones, el gobierno en turno opta por regresar los vehículos.

Una muestra en la calle de que la mala calificación en términos de legalidad nos la merecemos y de sobra. 





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