Lunes, 13 Mayo 2019 07:20 hrs
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¡AL HUESO!

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Oprobiosa semana para Napoleón Gómez Urrutia, propietario de lo que queda del sindicato de mineros que su padre encabezó por cuatro décadas.

El lunes, enojo general por el intento de la secretaria del Trabajo, Luisa María Alcalde*  de sumar a Gómez Urrutia en el intento de recupear los cuerpos de 63 mineros atrapados en Pasta de Conchos.

A tal nivel llegó el malestar, que en su conferencia matinal del martes el propio Presidente marcó distancia del autoexiliado al que acogió en sus filas e hizo senador, como favor solicitado por su amigo Jeremy Corbyn, líder laborista inglés.

Siguieron los fallos adversos en Zacatecas y el que le marginó de la planta de Teksid en Monclova, y sumó la derrota en Arneses y Accesorios de Acuña, a través de la cual pretendía incursionar en la industria automotriz.

Para cierre, la develación de los delitos cometidos por Alejandro, su primogénito, que se suplantó para burlar al Sistema de Administración Tributaria. ¡Hijo de tigre…!

Todos hechos que se suman a la larga y negra historia de extorsiones, chantajes, truculencias, simulaciones y delitos que persigue a Gómez Urrutia.

Economista por la UNAM, doctorado en Oxford, fue durante 12 años director de la Casa de Moneda y buscó sin suerte primero una senaduría y posteriormente la candidatura al gobierno de Nuevo León, fracasos tras los cuales su padre le heredó desde el lecho de muerte el control del Sindicato Nacional Minero.

Y comenzaron sus problemas con Emilio Gómez Vives, ex Secretario General de Gobierno en Veracruz, brazo derecho de Arsenio Farel Cubillas en el IMSS, luego Subsecretario del Trabajo en la administracón de Vicente Fox.

Gómez Vives cuestionó la ilegal designación de Gómez Urrutia, probó que nunca había sido minero y que ni siquiera pertenecía al sindicato.

A partir de denuncias de trabajadores de Minera Cananea, Gómez Vives investigó el paradero de 55 millones de dólares, los que Grupo México entregó al sindicato para repartir antre obreros activos y jubilados.

Descubrió que solo un mínimo se repartió, y documentó las ilegalidades que Napoleón utilizó para desviar el grueso a distintas cuentas bancarias, varias de su familia.

Consignó el caso ante la PGR y en febrero de 2006 se emitió órden de aprehensión, que coincidió con la explosión de Pasta de Conchos, tragedia en la cual se comprobó responsabilidad directa de Gómez Urrutia, quien a cambio de beneficios económicos soslayó las condiciones de inseguridad en el yacimiento.

Se abrió la caja de Pandora y aparecieron más delitos, como la apropiación ilegal de 18 millones que AHMSA entregó al sindicato para repartir entre sus obreros, segunda denuncia que llevó a la cárcel a Carlos Pavón, su otrora aliado y hoy acérrimo enemigo.

Desde Pasta de Conchos Napoleón huyó primero a Estados Unidos y posteriormente a Canadá. Bon vivant, tuvo 12 años de exilio dorado soportado por las cuotas de los trabajadores afiliados a un sindicato que, por sus abusos, se fue desmoronando hasta contar actualmente con una quinta parte del número de afiliados que dejó su padre.

Con base en la denuncia de Gómez Vives, la PGR solicitó a Interpol su captura,  impedida por la protección del gobierno de Canadá, presionado por el poderoso sindicato de la industria automotriz y metalmecánica, ante el cual Napoléon ha posado como víctima de una venganza patronal.

Sin embargo, el caso judicial se debilitó a partir del asesinato nunca resuelto del persecutor y principal testigo.

El 3 de abril de 2014, Emilio Gómez Vives fue apuñalado por tres sujetos que ingresaron a su casa de la Ciudad de México y dejaron malherida a su esposa.

Hoy, por gracia divina, Napoleón Gómez Urrutia es senador de la República, creó su propia confederación, y hasta el deslinde presidencial pretendía erigirse en referente sindical de la “Cuarta Transformación”.

(*) Por error, en la entrega de la pasada semana a Luisa María Alcalde se le apellidó Calderón.





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