Martes, 14 Mayo 2019 07:28 hrs
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Omnipresencia

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En su artículo 80 la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos dice a la letra: Se deposita el ejercicio del Supremo Poder Ejecutivo de la Unión en un solo individuo, que se denominará "Presidente de los Estados Unidos Mexicanos."

A Andrés Manuel López Obrador le encanta hacer gala de este Supremo Poder – cabe aclarar que no es lo mismo que Poder Supremo – que le otorga la Constitución y definir la agenda pública del país. Él es el que tiene la primera y última palabra en todos los temas.

A través de la conferencia mañanera el Presidente ejerce el poder que le otorga la Constitución, en ella el presidente se da el lujo de dar instrucciones, fijar temas en medios  y ajustarlos o cambiarlos de acuerdo con lo que su instinto político le dicta en el momento. En ese mismo espacio se  enmienda la plana a funcionarios con mayor conocimiento y sentido técnico que él enfocándolos a lo que serían sus prioridades políticas. Los fines de semana, que no hay conferencia, López Obrador recorre el país atendiendo actos  públicos donde, de la misma  forma, empuja su agenda ante el Pueblo que lo admira y vitorea.

El Presidente fija de misma forma los temas éticos y morales de la sociedad que los de alta complejidad técnica, en donde la única información válida es con la que él cuenta. Con ello nos vemos inundados de anuncios grandilocuentes y con alto contenido de demagogia ideológica, a través de los cuales se busca gobernar un país.

Apenas ayer se anunció un fondo conjunto de tres Grandes Bancos internacionales para refinanciar la deuda de Pemex. De esta forma el Presidente busca quitarse el cadillo que  el anuncio de hace cuatro días sobre la licitación de Dos Bocas, que se declara desierta, y la intención de hacer un simulación de refinería aun contra la recomendación de todos los expertos le dejo. ¿Qué concesiones y qué beneficios extraordinarios estarán recibiendo estos bancos para entrarle al tema?

En Nayarit hace dos días se anuncia la creación de la empresa de estado para empujar el internet en todo el territorio nacional. Sin hacer referencia a lo que fue Teléfonos de México entre 1972 y 1990, época en que el servicio de telefonía en México se rezagó y fue caro y malo, esta no es solamente una mala idea sino una que seguramente nos costará caro a los mexicanos.

Y así pasan los días y los meses de la Cuarta Transformación, siempre algo grandioso, siempre algo nuevo que presumir y anunciar.

La necesidad del Presidente de estar constantemente empujando temas y haciendo anuncios grandiosos es inagotable en su lógica política; esto es gobernar. Sin embargo, en este momento no puedo recordar una política pública o plan gubernamental que esté generando resultados positivos o que, ya por no dejar, genere un ambiente de certidumbre y una expectativa de crecimiento.

Por esta razón la gente, el Pueblo bueno, se empieza a desesperar. Poco a poco el gobierno actual comienza a sentir el desgaste que trae el gobernar sin un plan rector y desestimando datos duros, certezas técnicas y la opinión de expertos en la materia.

En los últimos días las noticias para AMLO no han sido buenas; por un lado Consulta Mitosfky ha publicado constantemente sus encuestas donde muestra un deslizamiento gradual de la aprobación del Presidente hacia la baja, que aunque el lunes repuntó, suma ya casi 8 puntos desde el comienzo de su administración. AMLO seguramente tiene otros datos, y hay que reconocer que no todos los encuestadores opinan igual, pero el desgaste no solamente se ve en esta consulta, sino en las manifestaciones públicas de desaprobación y desconfianza en las políticas implementadas incluyendo la marchas de protesta del pasado domingo, que aunque de un sector de la población limitado, ya muestran a una considerable cantidad de personas apolíticas que se sienten defraudadas.

Los anuncios de la caída en el producto interno bruto y la inversión productiva, el alza de inflación así como de un abandono de los temas de seguridad pública que desencadenan el repunte de los asesinatos seguramente han llegado a los oídos del presidente.

López Obrador difícilmente pude creer lo que escucha. En su lógica no le parece factible que la Cuarta Transformación, que llegó con todo el apoyo popular, tan rápidamente y a menos de medio año de empezar se evidencíe como un verdadero desastre. Él da pequeñas muestras de preocupación aunque no parece aceptar su responsabilidad en el fracaso de sus propias políticas. Su respuesta es como en Nayarit ante la aceptación de que su política de asistencialismo social no está llegando a la gente culpando a los gobiernos pasados.

A medida que AMLO sienta  que el país se le escapa de las manos, que sus políticas públicas y decisiones administrativas no generan el crecimiento y bienestar prometido,  que la retórica no elimina la corrupción y que el echar culpas no genera la reconciliación nacional y el estado de derecho que reduce la violencia y aumenta la seguridad para los mexicanos, reaccionará aferrándose más fuerte al poder omnipresente. El mecanismo que usará será dar cada vez anuncios más espectaculares en sus conferencias mañaneras. Se volverá más incisivo al coartar la toma de decisiones de sus subordinados, aquellos que todavía le son fieles y que tienen conocimiento y capacidad técnica, y culpando con más agresividad a sus contrincantes políticos.

Morena se autoproclamó como la Esperanza de México. Ahora la esperanza de México es que AMLO se de cuenta de que en México somos muchos millones de Mexicanos que nos interesa un mejor país, que retorne el gobierno a lo que debe de ser; no un Supremo Poder, sino el regulador y promotor de la iniciativa privada que a través de políticas públicas correctas genera los incentivos para que la sociedad actué de la misma forma. La esperanza de México es que el Presidente deje de ser omnipresente  en la actividad pública, que se apoye en los buenos funcionarios que todavía están con él y que los deje tomar decisiones basados en conocimiento, información y sentido común. La esperanza de México es que seamos la sociedad, con la suma de esfuerzos personales, quien tome en sus manos el futuro de la Nación y que AMLO no sea un estorbo.





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