Lunes, 08 Julio 2019 07:17 hrs
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¡AL HUESO!

del mismo autor

“Si no fuera para llorar, sería para reir”.  Groucho Marx

Homogeneizar el aceite con el vinagre es tarea difícil y más cuando los aceites tienen diferente viscosidad.

Hay que dedicar tiempo y paciencia o la tarea terminará en fracaso.

Es lo que sucede en estos días con esa ocurrencia sexenal denominada Guardia Nacional, apenas nacida y ya ultra emproblemada.

La consolidación de la propia Policía Federal requirió más de tres sexenios, desde que Ernesto Zedillo reunió en un solo cuerpo las policías de Caminos, Migración, Fiscal y otras menores.

De conocimiento general es la persistente rivalidad entre Ejército y Armada, como la distancia altiva de ambas instituciones militares con los civiles de la Policía Federal.

En el primer caso, en el sexenio pasado solo la estrecha amistad entre los secretarios de Defensa y Marina permitió generar un accionar coordinado, incluso con la PF.

Como en el caso del nuevo aeropuerto, la ausencia de sentido común que caracteriza al actual régimen llevó al absurdo de eliminar lo que existía y crear a matacaballos su propio organismo, forzar la agrupación en él de elementos provenientes de tres cuerpos disímbolos, y lanzarlos a la calle con mínima preparación, para cumplir una multiplicidad de tareas.

Deben disfrazarse de oficiales del INM para frenar y perseguir migrantes en el muro virtual que en el Sur le construimos a Trump, combatir a una delincuencia organizada que campea en la mayor parte del país y/o reforzar a los policías de barrio en Ciudad de México, por ejemplo.

Y el alud de problemas no ha tardado.

Militares y marinos prefieren la baja antes que su cambio al nuevo cuerpo. Agentes de la vilipendiada Policía Federal protestan en las calles por la pérdida de derechos. Los GN de origen militar se quejan de la distinta disciplina de los federales y estos de la prepotencia de marinos y soldados.

Juntos todos se quejan de la mala calidad de los uniformes, de la precariedad de los alojamientos, de alimentos deficientes, de las agotadoras jornadas, de remuneración insuficiente, de abusos de sus mandos.

Suma que militares y marinos trasladados a la Guardia Nacional se niegan a portar el brazalete y logo oficial, porque en el diseño incluyeron el águila estilizada que se uso como símbolo de Morena.

Voluntarismo reiterado en la prédica matinal en Palacio, ese organismo, sumido en una vorágine de problemas internos, será la poción mágica para una inseguridad que no deja de crecer.





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