Opinión
Viernes 22 de Octubre del 2021 05:31 hrs

¡AL HUESO!

Fábrica de pobres


Un indicador central para visualizar el costo social de las “puntadas” que han dominado la pauta de acción de la actual administración federal es el número de mexicanos que carece de acceso a servicios regulares de salud

“Se debe considerar pobre a un hombre no cuando carece de todo, sino cuando no tiene trabajo”. Charles Secondat, barón de Montesquieu.

No hay otros datos y tampoco funcionan las justificaciones.

El reciente informe del CONEVAL sobre niveles de pobreza en México, sustentado en la última encuesta nacional del INEGI, sentó una verdad indiscutible: en estos últimos dos y medio años, México ha retrocedido en lo más sensible: calidad de vida para su población.

La información central, crecimiento de 8.7 a 10.8 millones de personas en nivel de pobreza extrema entre 2018 y 2020, como de 51.9 a 55.7 millones de personas.

en pobreza a secas, ha sido ampliamente divulgada, pero vale rescatar otros renglones.

Uno en especial vergonzoso, la carencia de acceso a servicios regulares de salud creció un 12% entre ambos años y mientras en 2018 era un problema que afectaba a 16.2% de la población total del país, hoy en día carecen de ese derecho básico 28.2% de los mexicanos.

Y ese es un indicador central para visualizar el costo social de las “puntadas” que han dominado la pauta de acción de la actual administración federal, sujeta al ánimo cambiante, los rencores, la falta de rigor científico, el voluntarismo y el desprecio por la realidad que caracterizan al Presidente López Obrador.

Existía un seguro popular que con muchas imperfecciones tuvo el logro de incorporar paulatinamente a población marginada a servicios de salud con una atención oportuna y digna, hasta que el habitante de Palacio Nacional decidió cambiarlo por la promesa de un sistema mejor, el INSABI, y hoy, como protestan las madres de los niños con cáncer y lo reconocen médico y pacientes, hay falta generalizada de implementos y medicinas fundamentales.

Precisamente, el acceso a la salud, derecho básico de la población, es uno de los parámetros cuya medición incide directamente en la determinación de los niveles de pobreza.

Hay otros dos indicadores patéticos que es necesario leer con atención: el porcentaje de población con ingresos inferiores a la línea de pobreza extrema creció de 14% a 17.2%, a la vez que en el caso de pobreza a secas el crecimiento fue de 49.9% de los mexicanos en 2018 a 52.8% en 2020.

Relevante, porque muestra que el crecido gasto del gobierno en dádivas, justificadas pero improductivas, entregadas a diversos grupos poblacionales, no ha sacado a nadie de la pobreza y únicamente han funcionado como una contención en el desgaste electoral.

Es más, un estudio en proceso realizado por un grupo de sociólogos universitarios en la Ciudad de México, ha detectado que en la debacle electoral del Presidente y MORENA en los pasados comicios pesó un factor no visualizado: la dignidad personal.

En resumidos términos, las dádivas que inicialmente multiplicaban apoyo han perdido encanto y hoy buena parte de quienes las reciben -mujeres, hombres, jóvenes, incluso gentes de la tercera edad- lo que demandan es trabajo, porque quieren sentirse útiles.

Los datos sobre pobreza reportados por INEGI e INDEVAL son el tipo de verdades que más incomodan a López Obrador, pero cuando en la semana el mismo INEGI informó que la industria en México pasó del estancamiento a acumular retrocesos, no podemos esperar un cambio en el corto o mediano plazo.

La justificación no válida del Presidente es cobijarse bajo la pandemia, ante la cual también ha tomado muy malas y costosas decisiones. La crisis mundial de salud incidió, ciertamente, pero el retroceso ya se reflejaba en el crecimiento cero en 2019, cuando se denotaron los efectos económicos negativos de la falta de políticas congruentes y de las decisiones absurdas.

La lista es larga a partir de aquella despilfarradora y biliosa cancelación del aeropuerto a medio construir y sigue ampliándose, acrecentando el drama de pensar que nivel de país recibirá quien le suceda.

Solo hay un responsable de lanzar al despeñadero lo que fue una útil consigna de campaña y hoy es el más doloroso compromiso incumplido: “Primero los pobres”.