De las sombras de la “Zapa” a guardianes del barrio
- Por: David González --
- 12/04/2026 @ 12:10 --
- Especiales
El legado de Los Wanders.
Saltillo, Coahuila.- Hubo un tiempo en que cruzar los límites de la colonia Zapalinamé era un desafío que pocos se atrevían a aceptar. En el corazón de la primera colonia de interés social de Saltillo, nació una de las pandillas más temidas de la ciudad: Los Wanders. Durante las décadas de los 70, 80 y principios de los 90, este grupo fue el epicentro de crónicas policiales. Hoy, 50 años después, los mismos rostros que alguna vez infundieron temor lideran una transformación social y espiritual que ha devuelto la plaza a las familias.
La historia de Los Wanders está ligada al auge industrial de la capital coahuilense según explicó el historiador Carlos Recio Dávila. Entre 1975 y 1980, el crecimiento explosivo de Saltillo —impulsado por el Grupo Industrial Saltillo (GIS)— creó una necesidad urgente de vivienda para miles de obreros y así nació la "Zapa", el primer complejo de Infonavit en la ciudad.
“Las casas de Infonavit se construyeron en lo que era la orilla de la ciudad de ese entonces, donde no había nada más, más allá había huertas, molinos de trigo y hasta riachuelos de los ojitos de agua… las autoridades locales crearon una colonia con plazuelas y tres lagos artificiales para los hijos de los trabajadores de la primera colonia del Infonavit en Saltillo”, relata.
El diseño urbano de la colonia, con sus callejones intrincados y pasadizos estrechos, fue el caldo de cultivo para la resistencia. En estos laberintos de concreto, los jóvenes lograban burlar las redadas de “la perrera” —como apodaban a las patrullas— que a menudo se retiraban ante las pedradas de los pandilleros.
En ese escenario, los jóvenes replicaban la estética de las pandillas estadounidenses: bermudas amplias, camisas holgadas o jerseys, los clásicos tenis Converse de bota, lentes negros y colguijes “Las calles eran nuestro territorio; la hermandad era la regla”, se escucha decir entre los veteranos del barrio.
La Iglesia como puente de paz
La redención de Los Wanders no fue obra del azar. En el proceso de "colgar los guantes", el papel de la Iglesia local fue determinante. A través de misiones y el acercamiento de sacerdotes y grupos parroquiales que se atrevieron a entrar al barrio cuando nadie más lo hacía, muchos integrantes iniciaron un camino de conversión.
El sacerdote Francisco Javier Rodríguez Trejo, llegó a esta colonia en 1988, pleno auge de esta pandilla, para hacerse cargo de la Iglesia que se encuentra a espaldas de las canchas Santa María, capilla en la que ha permanecido guiando y cuidando a la feligresía durante 38 años y donde, según sus palabras, encontró una comunidad muy trabajadora pero conflictiva por el pandillerismo que había en esos años.
“En un principio era una comunidad brava, había mucho pandillerismo y me dediqué a llamar a estos grupos que eran buenas personas pero desorientados y los muchachos que formaban estas pandillas con el tiempo fueron integrándose a la iglesia y aunque al inicio hubo resistencia, se acercaron y la colonia tomo otro color”, relató el sacerdote.
Este acompañamiento espiritual ayudó a transformar la identidad de la banda. Dejó de ser un grupo de choque para convertirse en una hermandad de apoyo.
Voces de la transformación
"La Mala", integrante histórico de la agrupación, es tajante sobre este nuevo capítulo: “Ya dejamos la loquera y el andar haciendo desmanes. Todos tenemos familia e hijos a los que hay que inculcarles cosas buenas. Tras 15 años de no vernos, nos volvimos a juntar, pero ahora para fomentar el deporte y velar por los niños y mujeres que viven en la Zapa”.
Lo que antes era percibido como una zona de conflicto, hoy es una plaza remodelada que los propios exintegrantes protegen. Paulita, vecina de la colonia desde hace décadas, reconoce este cambio con alivio: “Son señores ya bien hechos que cuidan la plaza. Si ven que alguien está drogándose o destruyendo algo, lo corren. Aquí ya no se permite el vicio en estas calles”.
Hoy, con más de medio siglo de vida, Los Wanders han cambiado los enfrentamientos por el voleibol. Los fines de semana, las canchas de la Zapalinamé se llenan de actividad deportiva. Además, el grupo organiza fiestas para el Día del Niño y el Día de la Madre, financiando regalos con sus propios recursos.
El objetivo es claro: borrar el estigma de la pandilla de miedo y consolidarse como una red de ayuda. En los mismos callejones donde antes se burlaba a la autoridad, hoy los integrantes de aquel grupo de rebeldes cultivan el respeto, demostrando que, en Saltillo, el compromiso social puede nacer incluso en los callejones más difíciles.