Abrigada bajo una popularidad con pies de barro, la Presidenta disimula la exasperación de vivir el día a día bajo múltiples presiones internas y externas, cada vez con menos recursos para disimular la adversa realidad, pero utilizando todo el poder disponible para asegurar la permanencia a cualquier precio.
Cuando la Encíclica pide una alianza educativa para la era digital, está diciendo algo decisivo: la protección de los niños no puede dejarse en manos del mercado tecnológico. Hace falta una responsabilidad compartida entre familias, escuelas, Estado, desarrolladores y plataformas. No basta con enseñar a usar dispositivos; hay que formar criterio, hábitos, atención, sentido del límite y conciencia de la dignidad humana.
Arrastrado por sus propias demasías y delitos, el grupo en el poder ha perdido el aura de invencible y de la imposición diaria de su “verdad” ha pasado a cotidianos intentos de defensa ante una realidad que le cobra cuentas y mantiene arrinconada a la Presidenta.
...Si estamos viendo las pantallas y lo que las pantallas muestran lo hacen las máquinas, entonces estamos viendo un mundo falso.
Inmersos en la crisis por protección descarada a Rubén Rocha, otra de mayor calado y con temible proyección al futuro no concita similar atención ciudadana: la calificación negativa emitida por S&P para la confianza financiera en el país refleja la trágica situación a la que nos han llevado.