Es tal la cantidad de trapacerías que Julio Scherer Ibarra cometió como consejero jurídico de López Obrador, que el libro elaborado para “lavar su nombre” se convirtió en traición a sus cómplices y, en los hechos, es una denuncia de los delitos cometidos por la mafia agazapada en el poder, a la vez que revela sus envidias y rencores internos.
Ese día, en la Francisco Villa, se demostró que la reconciliación nacional no es un discurso: es una práctica que nace en los barrios, en las colonias, en los espacios donde la gente se organiza para vivir con dignidad.
La tribuna matinal, que era bocina oficial y cadalso de ejecuciones, bajo el compromiso de protección e impunidad a los familiares y cómplices de López Obrador, se ha transformado en sala de tortura para la Presidenta, en diario y frustrado intento por minimizar y justificar la corrupción que corroe al régimen.
...No nació para ser héroe. Nació para ser justo. Y eso, en este país, es más raro y más peligroso.
Los sondeos de opinión muestran hoy a los canadienses aglutinados y orgullosos de un mando con altura y visión de estadista, dolorosa comparación para nosotros, con una población que compadece a la primera Presidenta como víctima y no la ve como líder.