En un mundo con la feble estabilidad trastocada, principalmente en el campo económico, la crisis generada por Trump -y las manos que mueven la cuna tras su figura-, ponen en duda la confianza que proclaman el gobierno federal y la cúpula de la IP sobre la compleja renegociación del tratado trilateral.
Transcurrido los primeros 18 meses de mandato, período en que normalmente se marca, para bien o para mal, el derrotero de un gobierno, no es posible visualizar decisiones de Claudia Sheinbaum que avizoren mejor futuro para México. Por el contrario, ha gastado el inicio en defender al pasado sexenio, encubrir a sus actores y continuar el retroceso democrático, mientras suman las crisis que la acosan.
La extrema flexibilidad social en México, pasividad ciudadana que ha permitido y permite determinaciones autoritarias desde el poder que vulneran derechos fundamentales, en las actuales circunstancias del país se sitúa como uno de los factores principales que atentan contra la necesidad de una reforma racional del Estado de cara al futuro.
Una reducción importante en el número diario de asesinatos se pregona desde el gobierno federal como éxito de un cambio en la política de seguridad que no se quiere reconocer. Sin embargo, el drama de la inseguridad no disminuye tanto como se festina y obedece, en parte, a manipulación de datos y ocultamiento bajo otra tragedia, las desapariciones.
“Porque lo pidió el pueblo” es la socorrida y mentirosa cobertura para plantear reformas sin otro fin que maximizar la acumulación de poder político y asegurar la permanencia a futuro sin límite de los actuales detentadores, en traición a lo que por años demandaron.