Provoca natural rechazo la agresividad de Trump hacia México, pero se debe reconocer que para vergüenza tiene soporte en la colusión de políticos y policías con la delincuencia organizada, que no es nueva, pero ha alcanzado una dimensión terrorífica. Tratar de encubrir acusados con la soberanía, es demeritar un principio fundamental del Estado.
Demoledora, la solicitud de captura y extradición del gobernador Rocha y un grupo de políticos sinaloenses es solo punta de iceberg en una compleja defensa geopolítica del gobierno estadounidense que -lo sepa o no- involucra a Andrés López y todo su movimiento.
Una tras otra, crisis y problemas van en seguidilla en el día a día del gobierno federal. La más reciente apaga la atención sobre la anterior, encubriendo falta de soluciones de fondo y de prevenciones hacia el futuro, porque las autoridades parecen avanzar a salto de mata.
El bajo nivel moral con que se conducen los principales funcionarios del gobierno federal quedó nuevamente evidenciado en la mentira, la manipulación y el cinismo que rodearon hechos graves como la contaminación del Golfo de México y el abuso de Marcelo Ebrard.
En un mundo con la feble estabilidad trastocada, principalmente en el campo económico, la crisis generada por Trump -y las manos que mueven la cuna tras su figura-, ponen en duda la confianza que proclaman el gobierno federal y la cúpula de la IP sobre la compleja renegociación del tratado trilateral.