La mitad de los estadounidenses están en desacuerdo con los ataques a Irán ordenados por Trump, quien esgrime, como en Venezuela, argumentos democráticos bajo los que esconde intereses económicos y políticos personales, entre ellos su alianza con Netanyahu para apoderarse de Gaza y a la vez distraer del caso Epstein.
La primera opción de rescatar Altos Hornos, China Steel, fue trabada por López Obrador; la segunda, Fintech, por Julio Villareal, de Villacero, que alargó la tortura para el personal, acreedores y el propio Gobierno Federal, urgido de resolver la negra herencia, pero en cuyas manos está forzar, incluso a contrapelo de la ley, la salida de la crisis.
Los escándalos políticos se suman y se enlazan para un gobierno que lucha por encubrir y otorgar impunidad ante una corrupción que desbordó todo marco moral. A las denuncias de Scherer se sumó el audio sobre el huachicol en la Marina y la semana cerró con la muerte de Nemesio Oceguera, involucrado en ambos hechos.
Es tal la cantidad de trapacerías que Julio Scherer Ibarra cometió como consejero jurídico de López Obrador, que el libro elaborado para “lavar su nombre” se convirtió en traición a sus cómplices y, en los hechos, es una denuncia de los delitos cometidos por la mafia agazapada en el poder, a la vez que revela sus envidias y rencores internos.
La tribuna matinal, que era bocina oficial y cadalso de ejecuciones, bajo el compromiso de protección e impunidad a los familiares y cómplices de López Obrador, se ha transformado en sala de tortura para la Presidenta, en diario y frustrado intento por minimizar y justificar la corrupción que corroe al régimen.