Hoy, las propias encuestas reales encargadas desde Palacio Nacional -no las que difunde Ramírez Cuevas con sus ejércitos de internautas- muestran una continua caída de la imagen de la mandataria, particularmente tras los escándalos del huachicol como por la protección a Rocha Moya y los sinaloenses acusados formalmente por Estados Unidos.
En el estilo instaurado por López Obrador, de no reconocer ningún resultado adverso, MORENA esgrime pueriles argumentos para justificar su demoledora derrota en Coahuila. Usó los mismos trucos de su rival, pero carga con el repudio creciente a la corrupción de sus dirigentes y la mala gestión de gobierno.
Con menos habilidad retórica que su antecesor y padrino, en sus primeros 20 meses de administración, la Presidenta Claudia Sheinbaum ha mantenido la tónica del ilusionismo, para minimizar, desviar o esconder los graves problemas del país, lejos de la obligación y compromiso de aplicar soluciones.
Abrigada bajo una popularidad con pies de barro, la Presidenta disimula la exasperación de vivir el día a día bajo múltiples presiones internas y externas, cada vez con menos recursos para disimular la adversa realidad, pero utilizando todo el poder disponible para asegurar la permanencia a cualquier precio.
Arrastrado por sus propias demasías y delitos, el grupo en el poder ha perdido el aura de invencible y de la imposición diaria de su “verdad” ha pasado a cotidianos intentos de defensa ante una realidad que le cobra cuentas y mantiene arrinconada a la Presidenta.