Opinión
Sábado 04 de Diciembre del 2021 08:16 hrs

A Quemarropa

Dictadurísima


Catedráticos, comunicadores, políticos y cualquier ciudadano mexicano, estamos secuestrados en nuestra libertad de expresión, ante una postura ideológica

Las dictaduras se caracterizan por restringir la libre expresión de las ideas, hasta llegar a estrangularlas, estableciendo supuestas verdades únicas, que todos deben creer y proclamar.

Así tenemos casos representativos, como el de Corea del Norte, pero también algunos sesgos interesantes, como el que sucede en Austria, una democracia moderna, en donde está prohibido afirmar que el holocausto judío de la segunda guerra mundial no ocurrió, e incluso se condenó al historiador británico David Irving a 3 años de cárcel por tal motivo. El denominado “negacionismo” alcanza una pena de 10 años de prisión.

En México siempre se ha respetado el derecho a la libertad de pensamiento y de expresión, se ha caracterizado por ser un país de libertades y nos resultaría impensable que existiera una legislación como la de Austria, para cualquier tipo de pensamiento o idea.

El artículo 6 de nuestra Constitución consagra que: “La manifestación de las ideas no será objeto de ninguna inquisición judicial o administrativa, sino en el caso de que ataque a la moral, la vida privada o los derechos de terceros, provoque algún delito, o perturbe el orden público; el derecho de réplica será ejercido en los términos dispuestos por la ley”

También existe lo que se denomina libertad de cátedra, que establece la potestad del docente para realizar sus actividades de enseñanza e investigación, sobre cualquier tema de interés de su materia y con estricto cumplimiento ético, sin tener que sujetarse a determinada corriente ideológica, política o filosófica que le fuere impuesta, estipulado en el artículo 5 fracción VII de nuestra Constitución, en donde se busca de fondo, proteger a las universidades de la ambición del estado de controlar lo que ahí se enseña.

Sin embargo, ahora catedráticos, comunicadores, políticos y cualquier ciudadano mexicano, estamos secuestrados en nuestra libertad de expresión, ante una postura ideológica.

Así, hemos visto a profesores ser expulsados de universidades, a servidores públicos ser despedidos de sus empleos, a periodistas ser reconvenidos o relegados por las empresas en que laboran y a los ciudadanos ser linchados mediáticamente por tener ideas contrarias a la nueva dictadura, así estén fundamentadas o sean dichas con propiedad y respeto.

Me refiero a un fenómeno mundial, que abarca desde la ideología de género hasta los derechos humanos de última generación, que distan mucho de los originales.

Ese fenómeno mundial, al igual que la pandemia del Covid, llegó a México para establecer su dictadura, fijar condiciones, transformar el modo de vida, taparles la boca a las personas e incluso se encuentra en proceso de legislación la pena de cárcel para quienes tengan la osadía de pensar diferente.

La libertad más importante, la de expresión, debe ser defendida por legisladores, periodistas, políticos, educadores y por todos los ciudadanos, los cuales ahora callan atemorizados.

En la defensa de las libertades, la vanguardia deberían ser las universidades, la resistencia deberían ser los legisladores, la retaguardia deberían ser los medios masivos de comunicación y las municiones de ambos bandos deberían ser las ideas.

Pero en esta guerra solo hay avasallamiento, injuria, imposición ideológica y una ciudadanía prisionera en nuevos campos de concentración, de los que difícilmente podrá salir si no deja de lado su pasividad y ejerce su poder.

Podemos gritar hoy, o callar para siempre.