Opinión
Sábado 04 de Diciembre del 2021 06:58 hrs

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La Sociedad Civil al Carajo


El propósito es perverso: minar todo aquello que se mueve al margen del gobierno, socavar las redes de las ONG y profundizar el déficit de valores cívicos y de participación social

Durante la sesión del martes pasado en la Cámara de Diputados, la legisladora de Morena, María Clemente García, solicitó a su fracción parlamentaria someter a una votación electrónica la aprobación de la Ley de Ingresos y la Miscelánea Fiscal 2022.

Su propuesta iba contra la corriente de su partido, instruido para sacar sin miramientos la propuesta fiscal del presidente López Obrador. El interés de la legisladora estaba focalizado en las reformas al artículo 151 de la Ley del ISR, que limita la deducibilidad de los donativos a los organismos no gubernamentales.

García Clemente partía de una experiencia personal para demandar a sus compañeros claridad sobre las consecuencias de la reforma: portadora del VIH desde hace 13 años ha podido enfrentar el padecimiento gracias a las asociaciones civiles de apoyo a los enfermos de SIDA.

“Apelo a la pluralidad de mi partido”, dijo la legisladora como último recurso. Pero para el partido del gobierno no hay pluralidad que valga. El final de la historia es conocido: la reserva de la diputada fue rechazada por la aplanadora morenista, la oposición respondió con el argumento de tener —ante las dudas— derecho a otra votación. La sesión se convirtió en una olla exprés y terminó en un vergonzoso zafarrancho en el que los legisladores llegaron a las manos.

Salvo que sea frenada en el Senado, la reforma afectará la posibilidad de realizar deducciones por donativos. Ahora, empresas y particulares sólo podrán descontar la cantidad que resulte menor de cinco veces el valor anual de la Unidad de Medida y Actualización(163 mil 467 pesos) o el 15 por ciento del total de los ingresos del contribuyente, la mitad de lo que se permite actualmente. La ecuación incluye las deducciones personales, lo que hará todavía más difícil que los contribuyentes hagan donaciones. Es decir, el ciudadano se enfrentará ahora a la disyuntiva de deducir sus gastos o hacer donaciones.

La miscelánea es un golpe de autoritarismo por partida doble: por un lado busca apuntalar al Estado como monopolio único de la “magnanimidad” y por el otro debilitar el tejido de las organizaciones de la sociedad civil, esas que tanto incomodan al presidente López Obrador.

El objetivo es claro: apoyar lo menos posible a los organismos no gubernamentales. El mandatario no tiene empacho en decirlo con todas sus letras: quiere todo el dinero para el Estado. “¿Cómo se le va a devolver el impuesto a una gran empresa bajo el supuesto de que ellos van a invertir en beneficio de la gente, en obras sociales, en filantropía…?”, dijo el martes al rechazar la deducibilidad. “¿Y cuál es la función del gobierno? Pues atender al pueblo con esas contribuciones”.

Así de sencillo, al carajo la sociedad civil. ¡Viva el Estado y su Benefactor! ¡Viva el único filántropo de México! Por increíble que parezca, el presidente y la llamada Cuarta Transformación arremeten sin miramientos contra las asociaciones civiles en aras de fortalecer el monopolio oficial de los apoyos sociales. No se admite competencia. El problema es que el Estado no tiene ni la capacidad económica ni las estructuras para enfrentar todas los problemas sociales. Eso lo saben los diputados de todas las fracciones, sin embargo, aún así, Morena y sus aliados decidieron aprobar la reforma sin moverle una coma.

El propósito es perverso: minar todo aquello que se mueve al margen del gobierno, socavar las redes de las ONG y profundizar el déficit de valores cívicos y de participación social. En un país donde el 78 por ciento de los ciudadanos no tiene ningún tipo de participación social (Encuesta Nacional de Cultura Cívica 2020) y el 81 por ciento no realiza ningún trabajo comunitario de manera voluntaria, el gobierno busca a toda costa paralizar a la sociedad que se organiza por cuenta propia.

Del las 40 mil ONG registradas en México, la miscelánea fiscal golpeará al menos a 5 mil 100 dedicadas a atender problemas vinculados al cáncer, la salud mental, el autismo, las discapacidades, la violencia intrafamiliar y otros asuntos públicos. Son organismos que subsisten con muchas carencias a base de donativos y llenan huecos que el Estado no puede llenar. La reforma terminará por aniquilarlos.

Hace 20 años, un estudio comparativo de la Universidad Johns Hopkins sobre el desarrollo de las sociedades civiles de 35 países ponía a México en último lugar, por debajo de países como Tanzania, Colombia y Egipto. Hemos avanzado, claro, pero ahí, en el fondo del pozo es donde el presidente quiere a la sociedad civil: que no se mueva la hoja de un árbol sin su consentimiento. Con el Estado, todo. Al margen del gobierno, nada. ¡Qué todo mundo coma de mi mano!

Galerín de Plomos

Aún estamos lejos de lanzar las campanas al vuelo frente a la pandemia del coronavirus: apenas 4 de cada 10 mexicanos tienen un esquema completo de vacunación. La meta oficial de tener vacunados al 70 por ciento de los ciudadanos en octubre será imposible de cumplirse. Ni gobierno ni sociedad pueden darse el lujo de bajar la guardia. El invierno acecha.

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