Opinión
Viernes 19 de Agosto del 2022 06:59 hrs

Ítaca

El Déficit Ciudadano


Uno de los grandes contrapesos del futuro deberán ser los ciudadanos. No es por casualidad que la demagogia actual combata y desprecie tanto a aquellos grupos civiles que están dando la batalla por mayores espacios democráticos, la apertura y la rendición de cuentas de quienes están en el poder

Hace 15 años, la académica del ITAM y la Universidad de Yale, Ireri Ablanedo Terrazas, se dio a la tarea de indagar cuáles podrían ser las causas de la profunda indiferencia social ante los problemas políticos del país y el escaso desarrollo de la sociedad civil, evocada ésta como los grupos de ciudadanos que forman parte de una comunidad.

En palabras de Carlos Monsiváis, diríamos que la sociedad civil son aquellos grupos “que protestan y se abocan a la solución y no a la espera melancólica de la solución de problemas… trazan nuevas formas de relación con el gobierno y redefinen en la práctica sus deberes ciudadanos”.

Entonces, podemos decir, la sociedad civil es la gente organizándose, resistiendo, participando y haciendo escuchar su voz en la conversación pública. No se trata del ambiguo y arcaico concepto de “pueblo”, sino de sociedades o ciudadanos construyendo espacios para la democracia, la apertura y la transparencia y vigilando al poder.

Ablanedo Terrazas se preguntaba por qué México tenía una sociedad civil menos desarrollada y fuerte que países de su misma “zona cultural” con historias, tradiciones, valores y economías con rasgos similares, como Argentina, Chile, Colombia o Perú.

Por su progreso económico, sus niveles de educación y desarrollo político, el país debería tener una sociedad civil igual o más activa que otros países de características similares, sin embargo, “Uganda, Tanzania o Pakistán, con mucho menos desarrollo económico, tienen sociedades civiles bastante más robustas”. ¿Por qué?

En su ensayo De Sociedad a Sociedad Civil. Análisis de las Causas del Déficit de Participación Ciudadana en México, Ablanedo señala que toda explicación simplista o monocausal del fenómeno está condenada al fracaso. Explicar por qué la sociedad se muestra reticente a participar de manera organizada en la vida pública no es una tarea fácil. Las hipótesis son múltiples y complejas, dice. Sin embargo, la analista concluye lo que todo mundo sospechamos: una de las causas principales del déficit de valores cívicos y participación es el modelo político fundado, tras la revolución, en el corporativismo, el clientelismo y el Estado benefactor.

El régimen nacido con la fundación del PNR (el abuelo del PRI) en 1929, explica Ablanedo, “surge probablemente de sus contradicciones: autoritario pero civil, no competitivo pero con elecciones periódicas, hiperpresidencialista pero con una larga continuidad constitucional; con un partido hegemónico de origen revolucionario pero sin una ideología cerrada; corporativo pero inclusivo”.

Por una lado, un régimen autoritario inhibiendo cualquier movimiento al margen de las esferas del Estado y, por otro, amplios grupos sociales acomodándose al nuevo modelo político y dejándose llevar. La académica lo explica así:

“Esta estructura, sostenida por una combinación de cooptación de los líderes, control de los espacios públicos, y dominio de los sectores y organizaciones sociales, se manejaba alternando la repartición de beneficios de manera selectiva con la represión cuando era necesaria. Dicha mezcla de autoritarismo con clientelismo formaba, por un lado, grupos disidentes —por llamarlos de una manera— que se movían en los márgenes de la legalidad, y por el otro, amplios grupos que se dejaban cooptar y que aprendieron a ajustarse al modelo corporativo”.

Y concluye:

Las instituciones implantadas con el régimen de la Revolución y consolidadas durante los años del priísmo pudieron echar raíz en la sociedad y ayudaron a sustentar dicho régimen exitosamente durante varias décadas sencillamente porque no fueron una invención netamente priísta, sino que se cimentaban sobre valores y concepciones del mundo ya arraigados en la sociedad y política mexicana. De esta forma, el clientelismo, la idea del Estado paternalista, la centralización del poder, la organización corporativa de la sociedad, etc. eran en realidad prácticas e ideas que tenían raíces mucho más profundas en instituciones tan antiguas como la Corona y la Iglesia en tiempos de la Colonia, e incluso algunas de ellas pueden rastrearse hasta sus orígenes en instituciones prehispánicas.

Ese modelo político tan peculiar sobre el que gravitó toda la sociedad durante décadas explica el tremendo déficit que genera la indiferencia, la abulia y la falta de participación de los ciudadanos en la cosa pública.

El escepticismo y la falta de confianza en instituciones, autoridades y políticos van de la mano con la falta de participación. Por ejemplo, dice la académica del ITAM, en México “hay una creencia generalizada —más que en cualquier otro país de América Latina— de que los sectores vulnerables no pueden hacer valer sus derechos, de que el país está gobernado en beneficio de unos cuantos, de que las leyes están hechas para favorecer a los poderosos o cometer arbitrariedades y que los funcionarios quedan impunes de sus actos ilegales. Difícilmente esta percepción de impotencia ante el sistema político es el tipo de idea que motiva a un grupo de personas a actuar”.

Frente a un Estado autoritario con firme vocación al clientelismo, al corporativismo y la cooptación política, el fortalecimiento de la sociedad civil y la ruptura de la cultura de la pasividad son hoy tareas de emergencia.

En los tiempos de la Cuarta Transformación, el PRI de los setentas sigue vivo y coleando. Se encarna en el “nuevo régimen” el espíritu de Echeverría y López Portillo. Una resucitación macabra.

Ante un Estado empeñado en revivir el populismo al más puro estilo priista, el futuro del país dependerá de las acciones cívicas y de la energía de la movilidad social. No podemos darnos el lujo de perder el terreno ganado en la construcción de una sociedad sólida en las últimas décadas. Más aún cuando la oposición se ha revelado como un ente frágil, imperceptible, ahogado en los ríos de la indecisión o de la corrupción.

Uno de los grandes contrapesos del futuro deberán ser los ciudadanos. No es por casualidad que la demagogia actual combata y desprecie tanto a aquellos grupos civiles que están dando la batalla por mayores espacios democráticos, la apertura y la rendición de cuentas de quienes están en el poder.

Galerín de Plomos

Un estudio del Departamento de Energía de Estados Unidos filtrado a la prensa señala que de aprobarse en México la reforma eléctrica que da mayor control al Estado sobre el mercado energético las emisiones de carbono podrían dispararse entre un 22 y un 65 por ciento. Además, dice el estudio, podría distorsionar el principio de despacho económico al aumentar los costos de producción y amenazar los compromisos de cambio climático. Primera llamada, primera llamada…

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