Viernes, 03 Noviembre 2017 13:59 hrs
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Bachilleres afamados, ese equipo sin igual...

Desde hace décadas generaciones completas del Ateneo Fuente han vibrado, unidos por el mayor símbolo de identidad, el de su equipo de fútbol americano

Por: Raquel Peña

Saltillo, Coah.- Ese equipo de doctores, ingenieros, abogados, bachilleres afamados, ese equipo sin igual… ¡Vamos daneses a ganar!

Así es el grito que por décadas ha hecho vibrar a generaciones completas de daneses que han visto en su equipo de fútbol americano, el mayor símbolo de pertenencia e identidad con la institución que los forjó en una etapa trascendental de su vida, el Ateneo Fuente.

Fue en 1949 cuando se conocía en el diario “Porvenir” de Monterrey que el equipo de fútbol americano del Ateneo Fuente sostendría un encuentro contra la Escuela Superior  de Agricultura “Antonio Narro”, equipo de categoría intermedia que contaba con suficiente experiencia y lanzaba el reto para enfrentarse a los aprendices del Ateneo. 

El reto provocó que la adrenalina corriera y la respuesta fue unánime, se aceptó el desafío.

Alejo Rodríguez, Antonio González, Atanasio González,  Bernardo Mellado, Juan Salas González, Jesús Tarín, Oscar Pimentel, Lorenzo Chiriglione, Herminio Montelongo, José Rodríguez del Río, Felipe Vela, Enrique González, Ernesto Ruiz, Omar Sarabia, Sergio Flores, Felipe Vela, Carlos Martínez, Baltasar Mata, y otros tantos estaban dispuestos al enfrentamiento, según recuerda Víctor Manuel Pérez Ocampo, egresado del Ateneo y actual docente del plantel, en su libro Orgullo por el Ateneo Fuente.

José Cárdenas Valdez, entonces director del Ateneo, recibió a los jóvenes inquietos por cumplir el compromiso, sin embargo, argumentando que se trataba de un deporte caro por el costo de los equipos y el poco tiempo que quedaba para la preparación física, rechazó el encuentro, decisión que había informado ya al coordinador del equipo de la Escuela de Agricultura, Rodríguez de la Fuente.

“En esos momentos, providencialmente, la secretaria le informa a nuestro director la presencia del ingeniero Rodríguez de la Fuente, que deseaba pasar, entró, se saludaron con afecto y dándose cuenta de nuestra presencia se dirigió a nosotros diciéndonos que tenía la certeza que podíamos formar un buen equipo de fútbol americano de categoría intermedia; también nos expresó que la Escuela de Agricultura nos prestaría unos equipos y nos proporcionaría un entrenador, El “Cunano” Valdez, y un prospecto de entrenador: Carlos Roldán”.

Así lo relató Juan Salas González, jugador fundador y capitán del equipo de fútbol americano “Daneses” en sus remembranzas.

El tiempo de preparación para el encuentro estaba en marcha, al día siguiente en el campo deportivo del Ateneo, alrededor de 30 jóvenes ataviados en los mejores atuendos que les permitían practicar escuchaban términos desconocidos por completo y que se referían a las posiciones y jugadas que habrían de practicar.

Los equipos que la Escuela de Agricultura otorgó en préstamo, “hacía años, pero muchos años que habían sido nuevos, pero reconocíamos el gesto generoso… estaban incompletos, sólo casco y hombreras eran imprescindibles. Las fundas las parchamos con tela adhesiva o con cinta de aislar, cada quien improvisó un jersey con lo que pudo… los jerseys lo solucionamos cosiéndole los números hechos de fieltro rojo a unas sudaderas blancas común y corrientes, más faltaba algo imprescindible, impostergable, qué nombre de batalla habríamos de adoptar, cuál sería nuestro nombre de batalla o mascota representativa”.

El problema era analizado por todos los grupos del Ateneo, fue una faena que involucró a todos los estudiantes porque la intención era que desde ese que sería el primer juego del equipo, estuvieran acompañados por su mascota.

“Una mañana displicentemente Rubén Ortiz, alumno del bachillerato dice: ‘en la casa tenemos un mastín gran danés…no sé’… tomándolo de los brazos le dijimos: llévanos ahorita a ver ese perro, en vilo lo subimos al autobús Obregón Ateneo. Sí, ahí en el traspatio de su casa estaba un gran danés negro de buena estampa; la decisión fue rápida, muy bien Rubén, lo bañas y lo tienes listo para el sábado”.

Fue el profesor de Dibujo del Ateneo, de apellido Santana, quien plasmó la figura del danés arlequín, moteado blanco con negro, en un estandarte.

Luego de aquel juego que terminó empatado, se consolidó el equipo de fútbol americano y más importante aún, la identidad que a lo largo de los años es símbolo de orgullo para las cientos de generaciones que han formado parte de la familia de los Daneses.


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