Opinión
Viernes 16 de Abril del 2021 17:23 hrs

Ítaca

Multiplicar los Bienes


Nuestros políticos no sólo son capaces de multiplicar los bienes, sino también tienen el talento para seguir operando a sus anchas en la cima de un sistema político donde la irregularidad, la opacidad y la corrupción son parte de la “normalidad”

Alguna capacidad sobrehumana deben tener no pocos políticos mexicanos. Si bien hasta ahora no han tenido los poderes para multiplicar panes y peces, si han sido capaces de aumentar con creces su peculio y sus ingresos personales.

El caso del presidente del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, José Luis Vargas, es paradigmático.

De acuerdo con una investigación de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) de la Secretaría de Hacienda, del 2013 al 2018 el magistrado declaró ante el SAT 16 millones 744 mil pesos. Nada mal para un servidor público, cuya vida, decía Benito Juárez, debe regirse en la “justa medianía”.

El problema de Vargas no es el monto de sus ingresos, sino sus exorbitantes erogaciones. Según la denuncia de la UIF en seis años, los gastos del magistrado Vargas fueron superiores a los 36 millones 487 mil pesos. La diferencia de sus gastos con su ingresos es significativa: 19 millones 743 mil pesos.

¿Cómo pueden tener los políticos y los servidores públicos un gasto tan exorbitante? ¿De dónde sacan tanto dinero? ¿Reciben herencias de padres enriquecidos y tías millonarias? ¿Son capaces, como Jesús, de multiplicar los bienes? ¿Quién puede gastar más de 218 por ciento de sus ingresos declarados?

No se habla de cientos ni de miles de pesos. Se habla de gastos estratosféricos de millones y, en algunos otros casos de decenas o cientos de millones de pesos. Políticos y funcionarios como magos inverosímiles sacando elefantes de la chistera. ¿Cómo le hacen?

El 8 de julio del 2019, por ejemplo, unas semanas antes de ser elegido dirigente nacional del PRI, Reforma y El Norte publicaron que Alejandro “Alito” Moreno era dueño de una residencia de más de 46 millones de pesos construida en sólo dos años.

La construyó, decía la nota, “pese a que mientras fue Gobernador de Campeche, de septiembre del 2015 a junio del 2019, declaró ingresos anuales por 5 millones de pesos”.

Los votos de pobreza son para monjes y anacoretas. En el caso de Alejandro Moreno la nota hablaba de la riqueza de un político:

“La casa, de mil 900 metros cuadrados de construcción, está ubicada en una zona escénica de la playa de Campeche, en el exclusivo fraccionamiento Lomas del Castillo, sobre terrenos que Moreno, más conocido como “Alito, adquirió entre el 2012 y el 2015, cuando fue Diputado federal por el PRI. En ese periodo, antes de asumir la Gubernatura, Moreno se hizo de 13 predios que suman 7 mil metros cuadrados en Lomas del Castillo, una zona de alta plusvalía”.

¿Cómo le hizo Alito para llegar a eso?

El caso de Vargas no es muy distinto. Se trata de ingresos, cuyo origen, puede se calificado, cuando menos, de dudosos o oscuros. El propio expediente de la UIF señala que en los últimos años no declaró depósitos en efectivo ni cuando era titular de la Fiscalía Especializada en Delitos Electorales, ni cuando era abogado litigante ni ahora que es magistrado.

Entre 2013 y 2018, dice la denuncia, tuvo 56 depósitos en efectivo de SAIPEM, una empresa del ramo energético, filial del consorcio de hidrocarburos ENI, una firma italiana investigada en Milán por actos de corrupción cometidos en Argelia.

La tarjeta American Express de Vargas “hasta 2017 registraba gastos por 14 millones de pesos” y “la UIF encontró que entre noviembre de 2013 y septiembre de 2019, con esa tarjeta José Luis Vargas gastó 29 millones 727 mil 572 pesos con 76 centavos”.

¡Qué bendición! Gastar casi 30 millones de pesos en una tarjeta de crédito y… ¡vivir para contarlo! ¿Es posible? ¿Cómo? ¿Evasión? ¿Lavado de dinero?

Si el magistrado no declara esos recursos, apunta la UIF en su querella, seguramente es porque provienen de actividades ilícitas. “Dicha estrategia se ejecuta a efecto de no enterar a la autoridad fiscal sobre las mismas”, y trata de evitar que la autoridad “ejecute sus funciones de fiscalización y pueda ser visible el verdadero y desconocido origen de los recursos”.

Lo increíble, después de todo, no son todas esas sospechas existentes sobre Vargas, a quien en los medios se le llama con el poco glamuroso mote de “Magistrado Billetes”. Tampoco su enriquecimiento insultante. Lo extraordinario es que, a pesar de que esa denuncia existe desde hace 10 meses, Vargas haya sido elegido presidente del Tribunal Electoral el pasado 3 de noviembre.

Lo inconcebible hasta el absurdo es que no pase nada. Eso es lo extraordinario: nuestros políticos no sólo son capaces de multiplicar los bienes —a diferencia de Jesús, éstos lo hacen en provecho propio—, sino también tienen el talento para seguir operando a sus anchas en la cima de un sistema político donde la irregularidad, la opacidad y la corrupción son parte de la “normalidad” de siempre, una forma existencial de seguir medrando en la más vergonzosa de las impunidades.

Galerín de Plomos

Para el régimen de la Cuarta Transformación debe ser bastante cómodo y conveniente tener a José Luis Vargas como presidente del Trife. Tenerlo con la soga al cuello es la mejor manera de avanzar en los proyectos electorales del gobierno. El voto de Vargas, por ejemplo, fue decisivo para negarle el registro al partido México Libre, de Felipe Calderón, y para aprobar a Fuerza Social por México, aliado de Morena y del presidente López Obrador. La integridad y el futuro del Trife, uno de los pilares de la democracia mexicana, está en juego. El árbitro electoral se encuentra más frágil y vulnerable que nunca

(*) Con motivo de las festividades decembrinas, este columnista tomará algunos días de asueto, con la que Ítaca será nuevamente publicada a partir del martes 5 de enero de 2021.