Paz y Reconciliación
El Mundial no debe eclipsar 133 mil desapariciones
Los obispos del país, en un mensaje leído ayer domingo en muchas iglesias del país dicen que miles de voces se han sumado, miles de rostros, miles de miradas, todos con una sola convicción: poner las víctimas al centro, formar capacidades, formar voluntades y construir la paz desde lo local. No vamos a descansar, vamos a continuar siendo la voz de quienes no la tienen; articulando esfuerzos, abriendo nuevos espacios de colaboración y corresponsabilidad.
El Ángel de la Independencia, los estadios de fútbol y miles de aficionados fueron testigos de los gritos de madres buscadoras: “¡La pelota vuelve a casa, nuestros hijos no! ¡México no sólo es Mundial; también es búsqueda! ¡No queremos minutos de silencio, queremos respuestas!".
Los familiares de 135 mil desaparecidos en México gritaron consignas, exhibieron fotos en plazas públicas, prendieron veladoras, rezaron y pusieron cruces en las plazas públicas para que los asistentes internacionales a los partidos de fútbol conocieran esta tragedia nacional.
La Conferencia del Episcopado Mexicano ha insistido en que el Mundial "no debe eclipsar la realidad de las familias afectadas por la inseguridad y las desapariciones, por lo que mantendrán campañas y pronunciamientos sobre estos temas".
Y en el cuarto aniversario del Diálogo Nacional por la Paz y el asesinato de los sacerdotes jesuitas Javier Campos y Joaquín César Mora, los obispos mexicanos y los religiosos del país buscan que el tema no quede relegado u olvidado en lo días del mundial de fútbol y recuerda el tamaño de la crisis humanitaria de los desaparecidos y no localizados en México.
Los obispos del país, en un mensaje leído ayer domingo en muchas iglesias del país dicen que miles de voces se han sumado, miles de rostros, miles de miradas, todos con una sola convicción: poner las víctimas al centro, formar capacidades, formar voluntades y construir la paz desde lo local. No vamos a descansar, vamos a continuar siendo la voz de quienes no la tienen; articulando esfuerzos, abriendo nuevos espacios de colaboración y corresponsabilidad.
Agregan: "Construir hoy la paz implica sanar la herida de los desaparecidos, pensar en la juventud abandonada e imaginar la institucionalidad que México necesita. Esa herida se sana con verdad, con voluntad política y reparación del daño, y que los jóvenes se incluyen con atención a sus necesidades y la creación de redes de apoyo", señala la CEM.
El mensaje identifica tres prioridades: atender la herida de los desaparecidos, mirar a la juventud abandonada e imaginar la institucionalidad que México necesita. La formulación apunta a un problema concreto: sin verdad, voluntad política y reparación del daño, la paz seguirá siendo una consigna más que una política pública.
El presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano, Don Ramón Castro, llama a trabajar en equipo, con disciplina y confianza mutua. La referencia al Mundial de Futbol es una forma clara de recordar que las crisis nacionales no se resuelven desde la indiferencia ni la división.
El mensaje de Castro Castro interpela no sólo a los creyentes, sino también a autoridades, comunidades, familias e instituciones al afirmar que “la Iglesia juega el gran partido de la historia, con Jesucristo como capitán”, habla desde la fe; pero el fondo de su llamado trasciende el templo: nadie puede declararse espectador cuando la violencia se instala en la vida cotidiana y cuando el miedo condiciona decisiones tan básicas como trabajar o transitar.
La preocupación pastoral por un pueblo “cansado y abatido” describe con crudeza el ánimo de muchas comunidades. “Cristo ve el dolor escondido de las personas, él ve las heridas de nuestra vida personal y de nuestras familias; la soledad de los ancianos, la incertidumbre de mucha gente joven; la angustia de quienes no encuentran sentido a su vida y el sufrimiento de los más pobres; las víctimas de la violencia y a quienes han perdido la esperanza con esa compasión”, dijo Castro.
Es el rostro de una emergencia social que no puede normalizarse, plantea el obispo de Cuernavaca.