Opinión
Sábado 04 de Diciembre del 2021 07:47 hrs

Ítaca

La Autocelebración


El Ejecutivo prefirió autocelebrarse antes que hacer una autocrítica de un país sofocado por la violencia, la falta de crecimiento, la austeridad irracional, el manejo de la pandemia y la ausencia de políticas publicas sólidas

A lo largo de la historia, los informes de gobierno han sido el marco perfecto para la suntuosidad, la grandilocuencia y la exaltación exacerbada de los logros —reales o ficticios— de los presidentes de la república. No hay cabida para el análisis reflexivo, el juicio desapasionado o la autocrítica. El Tercer Informe de Andrés Manuel López Obrador no fue la excepción.

Por supuesto que hay logros. No se le puede regatear al sexenio el buen manejo de las principales variables macroeconómicas (manejo de la deuda, control del déficit, finanzas sanas y paridad cambiaria).

Habría que reconocer otros buenos resultados como la cancelación de las condonaciones de impuestos, la instauración de la pensión universal a los ancianos, el aumento al salario mínimo y la estabilidad económica en el marco de la pandemia, así como las políticas desplegadas para apoyar a los sectores más desprotegidos. Pero de ahí a lanzar las campanas al vuelo hay mucha distancia.

El mandatario habló ayer de haber alcanzado récords históricos en inversión extranjera, en el incremento al salario mínimo, en la fortaleza del peso, en la vigilancia de la deuda, en el aumento del índice de la Bolsa de Valores y en las reservas del Banco de México.

Hasta se adjudicó como logro propio el envío histórico de las remesas de julio pasado, que alcanzaron los 4 mil 540 millones de dólares. Además de que suelen crecer año con año, las remesas, en todo caso, son un esfuerzo de los mexicanos en el extranjero, no de su gobierno. Por si fuera poco, son un indicador deshonroso: cada vez más paisanos salen del país por la falta de oportunidades.

López Obrador calificó como una “medida decisiva” de su administración el freno a la tendencia privatizadora de la economía, en especial del sector energético. Sin embargo, no ofreció mayores datos duros de las bondades de esa política pública.

El Ejecutivo prefirió autocelebrarse antes que hacer una autocrítica de un país sofocado por la violencia, la falta de crecimiento, la austeridad irracional, el pésimo manejo de la pandemia y la ausencia de políticas publicas sólidas.

Fue tan triunfalista el tono del Informe, que López Obrador celebró la gestión de sus tres primeros años de esta manera: “Está como para decir a los cuatro vientos, presumir, porque lo que acabo de describir es como para decirle a los tecnócratas neoliberales: ‘Tengan para que aprendan’”.

Y hasta sacó las castañuelas para anunciar, exultante, el advenimiento de una nueva era: “Lo más importante es que ya están sentadas las bases de la transformación. A sólo dos años y nueve meses de ocupar la Presidencia, puedo afirmar que ya logramos ese objetivo”.

Y añadió: “Es tan importante lo logrado hasta ahora, en este periodo, que hasta podría dejar ahora mismo la Presidencia sin sentirme mal con mi conciencia”.

En su realidad alterna, informó que de los 100 compromisos que realizó al tomar posesión ya cumplió 98 y sólo tiene pendientes dos: descentralizar el gobierno federal y conocer la verdad acerca de la desaparición de los jóvenes de Ayotzinapa.

¿Se puede estar satisfecho en un país donde el crimen organizado controla territorios, gobiernos y corporaciones policiacas? ¿Puede estar complacido un gobernante en un país donde en los últimos tres años la violencia ha cobrado, como si viviéramos una guerra, más de 91 mil vidas?

Crecen los feminicidios 13 por ciento; la extorsión 28 por ciento y el robo al transporte 12 por ciento, pero ya podemos cerrar las puertas e irnos. Ya cumplimos. Nada de hablar de la deuda de Pemex ni de los fracasos de la política energética. Tampoco de la caída de la economía, que el año pasado decreció 8.3 por ciento, ni de la falta de empleos, ni de los 3 millones 800 mil mexicanos que en los últimos tres años pasaron a ser pobres.

¿Las deficiencias criminales que han provocado el desabasto de medicamentos, subrayadamente la falta de medicinas para los niños con cáncer, son imaginarias? Al parecer nunca han existido y son, como dijo el subsecretario Hugo López-Gatell, una invención de la derecha.

Justo el día en que fallecen mil 747 mexicanos por Covid, la cifra más alta de fallecimientos en lo que va de la tercera ola de la pandemia, López Obrador asegura que se ha reducido considerablemente el número de hospitalizaciones y de fallecimientos. Nada qué decir de los 260 mil 503 muertos (cifras oficiales) ni de los 3 millones 369 mil contagios.

No se combate la negra corrupción del pasado, menos la corrupción actual. No hay nadie sentenciado por los grandes casos corrupción que día a día destapan, desde hace años, los medios de información. No caen ni peces gordos, ni truchas, ni charales.

A los logros reales, al maquillaje y a las omisiones, habrá que agregar también las buenas intenciones: se buscará, se ampliará, se terminará, se hará…

Para ser el informe de gobierno de un presidente diferente, el de ayer —grandilocuente, color de rosa— se parece mucho a los informes de antes.

Galerín de Letras

López Obrador ha decidido reconstruir su gabinete. Trabaja ya en lo que se llama “gabinete de cierre” o “gabinete de salida”. Habrá que ver perfiles y encomiendas de los nuevos integrantes. Más que gubernamental, la lógica del presidente será electoral. Para un mandatario que dice haber concluido ya el 98 por ciento de sus compromisos de gobierno, su prioridad a partir de hoy será básicamente una: la sucesión del 2024.

Twitter: DBrondo