Jueves, 09 Mayo 2019 06:48 hrs
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El Crimen de la Maternidad

del mismo autor

El neo feminismo actual considera, dentro de su proceso de radicalización, que la maternidad es, al igual que el matrimonio, un instrumento de los varones para sojuzgar a la mujer.

El primer paso lo es el matrimonio y el definitivo y de mayor agravio a la mujer lo es la maternidad.

La contaminación generada por éstas ideas antinaturales asi como por el proceso de involución social que vivimos sin percatarnos, afecta notoriamente a nuestras jóvenes mujeres y con ello a toda la nación.

Tal parece que ser madre en nuestros días es una tarea denigrante, en donde los hijos representan una pesada e indeseable carga y dedicarse a ellos un desperdicio de tiempo y de vida.

Si bien el cuidado y formación de los hijos es una responsabilidad de mamá y papá, es la mujer quien se embaraza durante 9 meses, proceso en el cual no solamente se transforma positivamente su vida, sino también la sociedad en la que vive. Veamos por qué:

El principio definitorio de una madre es el otorgamiento de una vida nueva.

No puede haber maternidad sin procreación.

Más aun, no puede haber sociedad sin la procreación de las madres.

Toda mujer que ha tenido un hijo, sabe del papel profundamente transformador de la maternidad.

Nunca encontrarán a una madre arrepentida.

Con arrugas prematuras de angustia y sacrificio por sacar adelante a sus hijos, sí, pero jamás arrepentida de tenerlos.

Con historias difíciles, en ocasiones desgarradoras, pero siempre luchando sin descanso por sus hijos.

La maternidad, de hecho, las perfecciona como mujeres. Estudios científicos recientes demuestran el desarrollo cerebral que se produce en la mujer durante el embarazo y que permanece después del parto así como el proceso de conexión con la nueva vida a partir de la fecundación, situación que asombra a los científicos más brillantes.

Pero también hoy toda mujer se enfrenta a una tormenta informativa anticientífica sobre la des personificación del embrión en desarrollo y el supuesto derecho a decidir sobre una vida y un cuerpo diferente albergado en el vientre de la mujer.

El papel reproductor de las madres es fundamental en cualquier sociedad, porque es la única posibilidad real de perpetuar la especie, la cultura y la civilización y atentar en contra de ello es el camino a la extinción.

Por ello el papel del estado mexicano debe abarcar el garantizar la protección de la madre y con ello de la maternidad, situación que resulta obvia pero que actualmente es contradictoria.

Una sociedad sana es la que está conformada por ciudadanos responsables, honestos, disciplinados, respetuosos del estado de derecho y esos ciudadanos son formados en valores por sus madres.

Me atrevo a afirmar que nuestra sociedad está fincada sobre un andamiaje espiritual sostenido por las madres de México.

Las madres son intrínsecamente formadoras, educadoras, perfeccionadoras y por ello el papel que desarrollan en la sociedad es imprescindible.

El estado las necesita más de lo que se plasma en las políticas públicas.

Por ello se debe proteger y fomentar la maternidad, como un proceso natural de enriquecimiento social y poblacional.

Esta labor de protección debe abarcar el antes, durante y después de esta función social insustituible.

Desde la orientación temprana de la mujer como fuente de vida, el tutelar el derecho a la vida como el primer derecho humano reconocible, hasta el establecimiento de condiciones para el desarrollo del papel de madre durante las etapas tempranas del bebé.

No es correcto desnaturalizar el papel de la maternidad buscando desalentar el embarazo adolescente.

No es correcto aducir que la maternidad es una forma de sometimiento a los varones.

No es correcto distribuir preservativos a nuestros hijos e hijas adolescentes y erotizarlos tempranamente, ni presentar un embarazo como una tragedia o el derrumbe de una vida, porque con ello solamente hemos logrado ser el estado con mayor número de embarazos adolescentes, a más de promover entre los jóvenes la idea del aborto como solución.

Lo que requerimos es un trabajo arduo de concientización sobre el noble y trascendente papel de la maternidad y de la importancia de contar con madurez en todos los aspectos para afrontar esta etapa de la vida de la mujer, sin dejar de lado la concientización de los varones y su corresponsabilidad social y civil.

Requerimos de programas que permitan a madres jóvenes o en situación económica difícil, el poder llevar el embarazo a feliz término salvando las dos vidas y brindando a ambas la posibilidad de un futuro promisorio.

Fortalecer a las instituciones que facilitan la adopción y que permiten a los bebés encontrar padres sustitutos amorosos y que ofrecen un ambiente de desarrollo integral de la persona, anteponiéndose siempre el derecho superior de la niñez.

Es necesario legislar para fortalecer el desarrollo integral de las familias coahuilenses y brindar con ello un entorno de seguridad y equilibrio para el desarrollo de buenos ciudadanos.

Realizar las modificaciones pertinentes para que las madres puedan pasar el mayor tiempo posible al lado de sus bebés, amamantarlos, estrechar lazos afectivos y dedicarles tiempo para la formación temprana de valores sólidos que moldearán su futuro desarrollo.

Para que puedan ejercer el insustituible papel de madre.

Celebrar a la madre, pues, no es algo ligado al sentimentalismo o la melancolía.

Celebrar a la madre es reconocerla en su completa dimensión social y analizar la legislación existente para brindar un nuevo marco jurídico que les facilite su labor en bien de nuestras familias, de nuestro estado y de todo México.





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