¡AL HUESO!
Malestar del bienestar
En el estilo instaurado por López Obrador, de no reconocer ningún resultado adverso, MORENA esgrime pueriles argumentos para justificar su demoledora derrota en Coahuila. Usó los mismos trucos de su rival, pero carga con el repudio creciente a la corrupción de sus dirigentes y la mala gestión de gobierno.
“El fútbol es la única religión que no tiene ateos”. Eduardo Galeano.
Si bien cabe reconocer especialmente la tranquilidad y el orden con que se llevó a cabo los comicios del 7 de junio, como siempre y como en toda elección, la local en Coahuila ni fue tan trasparente como defienden los triunfadores ni tan sucia como alegan los derrotados.
Tanto la alianza PRI-UDC como la de MORENA-PT, para asegurar votos echaron mano de todos los recursos posibles, principalmente en zonas populares, donde de uno y otro lado corrió dinero, hubo ofertas, presiones y se cobraron compromisos.
Al margen de analizar los resultados y sus efectos partidarios, es en ese contexto de un juego generalmente invisible pero conocido, en que es posible aventurar una deducción.
Desde el inicio del pasado y hoy ampliamente cuestionada administración federal, el uso abierto de recursos públicos para fines electorales partidarios ha sido descarado, principalmente a través del ejército de activistas de MORENA contratados y pagados por el erario bajo la cobertura de la Secretaría de Bienestar y con las dádivas de sus programas como instrumentos de captura de voluntades.
Si bien ningún grupo legislativo se tentó al suicidio de oponerse a la incorporación de los apoyos sociales como derecho constitucional, las huestes guinda no dudaron en sembrar la idea de que era un recurso otorgado personalmente por Andrés López, que conllevaba el riesgo de perderlo de no otorgar en reciprocidad apoyo a MORENA. El gobierno sucesor no varió la tónica y hoy incluso la encargada de Bienestar es cabeza del partido.
Las reiteradas denuncias de opositores y organizaciones, como tampoco las aclaraciones de la vigencia legal indefinida de esos beneficios, tuvieron mayor eco. Para millones de grupos familiares la suma de pensiones a adultos, apoyos a jóvenes y para algunas actividades económicas, ha generado un mejoramiento de vida relevante.
Es ciertamente una política de justicia social incuestionable en su fin. Sin embargo, por su mala planeación -característica de la autodenominada transformación-, la base de sustento se ha transformado en un problema financiero que acrecentó las limitantes para la necesaria inversión pública, ante lo cual el actual gobierno sufre las primeras consecuencias. Sin espacio para una solución, está pateando la crisis hacia el futuro.
Ese, el chantaje de Bienestar, fue el principal instrumento electoral con que MORENA, bajo la batuta de Andrés López junior, operó en Coahuila la intentona de lograr el control del congreso local y encaminar a su favor el todavía lejano recambio de poder estatal.
No funcionó y lo presintieron semanas antes de la votación. Lo demostró la huida de Andy -aborrece le llamen así-, en un intento por marcar distancia de una derrota que, de todas maneras, se sumó a sus negativos como aspirante a político que se prueba inútil. No así, en los negocios a la sombra del poder de papá, que lo han hecho millonario.
Es perceptible, en alguna medida, el impacto a nivel estatal del costo político que MORENA y el gobierno de Claudia Sheinbaum están pagando al quedar a vista pública la suma de delitos y abusos en que están involucrados sus cuadros más relevantes y hasta la propia familia del hoy ruidoso y asustado habitante de “La Chingada”.
Valdría un sondeo para medir que tanto ese fenómeno estuvo presente aquí en la decisión de voto, aun cuando ya hay antecedentes en muestreos a nivel nacional. Por ejemplo, en el fracasado uso presidencial de la soberanía como muro de defensa de Rocha Moya y su grupo delictual, ante lo cual más de tres cuartos de los consultados no dudan en considerarlos culpables y al gobierno encubridor.
Por lo mismo, se les revirtió como búmeran el intento de llevar al cadalso a la gobernadora chihuahuense, que salió del lío de los agentes de la CIA con imagen fortalecida.
El factor central, no obstante, se debe visualizar en el apoyo ciudadano a un gobierno estatal que, sin merecer laureles, ha sido al menos capaz de continuar el cumplimiento de una aspiración fundamental, la seguridad pública, que a diferencia de lo que nos sucedió y sucede en buena parte del país, nos permite hoy una tranquila libertad de vida.
Ese elemento contrastante, sumado a una eficiente operación política para desligar los apoyos sociales federales del riesgo de pérdida y asegurar su continuidad legal, facilitaron a la coalición encabezada por el PRI el trabajo de campo que llevó al triunfo arrollador.
Explica también porque, con votación superior al 51%, no se dio lo que los antecedentes y la experiencia hacían esperable, baja participación ciudadana en la elección de legisladores que la mayoría de la población no sabe bien a bien para que sirven.
La lección es que el arma del Bienestar no es invencible, la ha vulnerado la corrupción de los que aseguraron ser distintos, y un buen trabajo de campo posibilita el cambio.
Desgraciadamente, a nivel nacional cúpulas desgastadas y aferradas a las míseras cuotas de poder que aún les quedan, son un real obstáculo para el deseo ciudadano, espíritu que reflejó el público en el partido inaugural con el grito “¡Fuera MORENA!”.
Algo que presintió y ante lo que decidió anticipada huida la Presidenta Claudia Sheinbaum.