Martes, 21 Mayo 2019 06:58 hrs
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El Camino al Infierno...

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“El camino al infierno esta lleno de buenas intenciones” era el dicho preferido de mi abuela.

La semana pasada tuve oportunidad de platicar con un amigo de Tabasco. Yo lo conocí en Monterrey donde ambos asistimos a un programa de Alta Dirección en una de las escuelas de negocios más reconocidas de México. Desde entonces hicimos una buena amistad.

Él me marcó por teléfono desde Villahermosa por un tema de negocios. La conversación principal se agotó rápidamente por lo que pasamos a los… y ¿cómo has estado?

Hinchándose de orgullo me contó,  mi amigo, sobre su retorno a Tabasco. Me describió los plantíos de cacao y las fábricas de chocolate. Me presumió las fuertes raíces Tabasqueñas basadas en la cultura Olmeca. Me comentó que, aunque Palenque esta en Chiapas, la ruta para llegar necesariamente es por Villahermosa.

Me precio de conocer bastante bien México. He tenido la oportunidad de recorrer la mayor parte de México. De una u otra forma he puesto el pie en 29 de las 32 entidades federativas de México. En la mayor parte de ellas he tenido la oportunidad de recorrer y conocer sus principales ciudades y zonas rurales, siempre he procurado platicar con la gente y escuchar la opinión sobre los temas políticos, económicos y empresariales locales. Tengo que reconocer que son, justamente los tres estados más pobres del sureste los que no he pisado durante mi vida; Campeche, Chiapas y Tabasco.

Aunque corta, la plática con mi amigo me abrió los ojos a una realidad diferente a la que conozco. Lo primero que me llamó la atención es el sentimiento de amargura de alguien que, aunque la vida le ha dado todo lo que un ser humano podría desear, no puede contener la frustración de saber que, en esa tierra de donde es originario, las riquezas naturales no riegan las vidas de sus habitantes y no se reflejan en un bienestar general.

Durante el fin de semana se me dieron vuelta en la cabeza las palabras y sentimientos de mi amigo. Esto me impulsó a investigar un poco más de Tabasco lo que me llevó, según así lo creo,  a entender un poco mejor al presidente López Obrador. No sorprendería a nadie que Andrés Manuel López Obrador haya formado su visión del mundo, esa que ahora está imponiendo en todo México, a partir de lo que aprendió y vivió en su natal Tabasco.

Seguramente fue en Tabasco que AMLO formó sus ideas sobre corrupción. Desde los años de gloria petrolera Tabasco ha sido reconocido como el estado de la República Mexicana donde mayor es la percepción de corrupción. También ha sido el estado donde las instituciones gubernamentales tienen las peores calificaciones en cuanto a transparencia. Aún cuando en todo México tenemos problemas de corrupción yo no creo que absolutamente todo lo pasado esté permeado por ella. Me parece que ha habido entidades y gobiernos en donde existe un verdadero combate frontal a la corrupción.  Sin embargo, para López Obrador no es concebible que existan personas e instituciones que no se presten a la corrupción y menos si estas tienen que ver con los gobiernos que hemos tenido desde 1982, cuando comenzó la transición al modelo económico al que está tratando de darle carpetazo y que lo llevó a separarse del PRI y formar las filas del PFCRN.

Otro de los principales formadores del criterio del presidente fue la industria petrolera en relación con la tierra de Tabasco. Por más de cuatro décadas el yacimiento petrolero de Cantarell en la Sonda de Campeche fue una importante fuente de ingresos para Pemex y México. Sin embargo en 2004 comenzó a agotarse y para 2017 la producción petrolera había disminuido a  menos de una décima parte de lo que fue. Por su ubicación geográfica Tabasco se fue convirtiendo en el centro de la actividad petrolera de México. Ante el agotamiento de Cantarell se consolidó.

Para Tabasco el petróleo fue un arma de doble filo. Durante el periodo de crecimiento y gloria trajo prosperidad y bienestar. Ya en el siglo XX, el alto precio del petróleo que hubo a principios de 2008 y, de nuevo entre 2011 a 2013  generó excedentes petroleros con los que se realizó obra en todos los estados de la República. Estos mismos excedentes, y la percepción de riqueza que generaban, permitieron una industria poco regulada con un gran costo ambiental en especial para las zonas de extracción como Tabasco. En conjunto, la corrupción, el daño al medio ambiente y el que los recursos generados se repartieran en estados que poco tuvieran que ver con ello creo entre los Tabasqueños el sentimiento de haber sido saqueados.

En 2014 una industria petrolera en decaída, con procesos y tecnologías obsoletas, la fuerte caída de los precios del petróleo y la reforma energética, que reconfiguró la industria, buscando mayor participación privada que financiara el desarrollo tecnológico y la exploración de nuevos mantos petroleros y el rápido crecimiento de tecnologías energéticas alternativas terminaron de dar la estocada a Tabasco y a otras zonas de gloria Petrolera. Las épocas de gloria pasada habían desaparecido dejando contaminación, corrupción y violencia.

Al tomar la presidencia, López Obrador, se propuso saldar lo que muchos en Tabasco ven como una deuda histórica, aunque esta deuda, a la que él hace referencia, es una que, en todo caso, no tiene más de un par de décadas. Bien lo dijo AMLO el sábado en el municipio de Arroyo del Triunfo en Tabasco, “Ya le llegó su tiempo al sur-sureste para el crecimiento”.

Con este anuncio aprovechó para empujar sus programas asistencialistas, marcar de ladrones a las administraciones anteriores y hacer una serie de comentarios que, como ya es su costumbre, generan encono y enfrentamiento entre los mexicanos.

Seguimos mal. Si lo que quiere Andrés Manuel realmente es ayudar a saldar la deuda histórica debe de traer más en mente el proverbio chino que dicta “Regala un pescado a un hombre y le darás alimento para un día, enséñale a pescar y lo alimentarás para el resto de su vida”.

Creo que en este momento entiendo mejor a nuestro Presidente. Me aventaría decir que hasta pienso que tal vez tenga buenas intenciones. Aunque no puedo dejar de pensar en el dicho preferido de mi abuela “El camino al infierno está lleno de buenas intenciones”






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