Miercoles, 19 Junio 2019 07:03 hrs
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La Burla

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            En 25 años de ser empresario nunca me he sentido representado por el Consejo Coordinador Empresarial. Hoy me siento menos representado que en ninguna otra época desde que tomé la decisión de caminar la ruta empresarial.

            Durante toda mi carrera profesional he participado activamente con diferentes organismos empresariales y me precio de conocerlos bien.

            Como empresario uno es todopoderoso en el pequeño feudo de su empresa. No importa si son cinco o cinco mil los subordinados, el jefe siempre tiene la razón, aunque esté equivocado.

            La participación en los organismos empresariales te da una probadita de la arena política donde te subordinas a la estructura, a la institución y, en algunos casos, a los grandes capitales. Un paso esencial para todo empresario en su proceso de desarrollo. En más de una ocasión tuve que ocultar mis opiniones en favor de algún acuerdo político en “beneficio” de la institución

            Como su nombre lo dice, el Consejo Coordinador Empresarial (CCE) tiene, de acuerdo con su propia publicación en internet, la función de coordinar las políticas y acciones de los organismos empresariales e identificar posiciones estratégicas con soluciones específicas que contribuyan a diseñar políticas púbicas para elevar el crecimiento y el nivel de competitividad.

            En la realidad el CCE representa y coordina a muy pocos de los empresarios mexicanos. Para todo fin práctico representa a menos del 0.02% de las entidades económicas. Me explico.

            De acuerdo con datos oficiales, en 2018 existieron 4.2 millones de empresas formales en México. Para simplificar el análisis y no caer en controversias obviaremos la existencia de la actividad informal que en muchos casos está organizada en empresas y, como ya sabemos cuenta por más de la mitad de la actividad económica en México. De los 4.2 millones de empresas, el 99.8 porciento son consideradas pequeñas y medianas empresas (Pymes). Las Pymes aportan, a su vez, el 42% del Producto Interno Bruto (PIB) y generan el 78% del empleo formal en el país.

            Con todo esto, cuando las cúpulas empresariales y de gobierno se juntan para anunciar un pacto o acuerdo, lo que menos ha pasado por su cabeza es la forma en que se puede fortalecer y acrecentar a este sector económico que tanto apuesta y sacrifica por éste país.

            Apenas la semana pasada se firmó el Acuerdo para Promover la Inversión y el Desarrollo Incluyente por parte del presidente López Obrador y el presidente del CCE, Carlos Salazar Lomelín.

            Carlos Salazar llego al frente del CCE después de una larga carrera donde llego a dirigir uno de los grupos empresariales mas representativos y fuertes de México, FEMSA. Durante su carrera tuvo acercamientos con el actual presidente mientras fue Jefe de Gobierno del Distrito Federal – ahora Ciudad de México.

            Al parecer la capacidad conciliadora y económica del directivo de FEMSA hizo click con López Obrador al grado que tanto éste como Carlos Salazar se desvivieron en elogios mutuos cuando tomo protesta como titular del CCE.

            Hay que reconocer que Carlos Salazar ha tenido la capacidad de convocar al Presidente en dos ocasiones en los últimos cuatro meses, una hazaña que muy pocos pueden presumir. También es importante mencionar que, aunque velado, su discurso es correcto, en el inserta conceptos clave para el desarrollo y prosperidad de una sociedad y un país; inversión, cohesión social, reglas, mensajes claros, cumplimiento, estado de derecho, estabilidad macroeconómica.

            Las decisiones tomadas por el Presidente, sin embargo, pareciera sordas a estos mensajes o, de plano, una burla. Donde Carlos dice inversión, Andrés entiende despilfarro, donde dice cohesión social y entiende confrontación, dice reglas y entiende ocurrencias, dice mensajes claros y entiende demagogia, dice cumplimiento y entiende me canso ganso – o mis chicharrones truenan que es lo mismo, dice estado de derecho y entiende el estado soy yo, dice estabilidad macroeconómica y simplemente no entiende.

            Hoy el CCE y, para el caso, Carlos Salazar no me representa como empresario y no representa a la empresa que dirijo. El mismo día que se tomaron la foto del Acuerdo AMLO estaba cancelando la próxima licitación en busca de inversión para Pemex. Tristemente, le tomó al presidente del CCE una semana darse cuenta de la burla, fue hasta hoy, y después de muchas risas que reaccionó. Ya es hora de que los empresarios empujemos representantes que, con respeto y asertividad, tomen posiciones firmes y técnicamente correctas. Ya es hora que nos demos cuenta que nosotros, los pequeños y medianos empresarios, somos lo que soportamos a este país.





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