Opinión
Viernes 16 de Abril del 2021 18:59 hrs

Pantalla

Adú y las películas tristes


Con tres historias diferentes ligadas a la migración, la película española Adú nos permite conocer la realidad que afrontan cada año millones de niños en el mundo

En estos tiempos no estoy para ver películas tristes. Por esa razón no he querido ver películas como La vida ante sí, Atlantique, A Fall from Grace, Fragmentos de una mujer, Defending Jacob, Palmer y muchas otras más que están disponibles en las diferentes plataformas de streaming como Apple+, Netflix y PrimeVideo. A pesar de mi resistencia, me aventuré a ver la película española Adú.

El tema principal de Adú es la migración. Aunque hay tres historias diferentes ligadas justo con la migración, la película está mayormente centrada en Adú, niño africano de seis o siete años de la República Camerún, quien se ve forzado a huir del país junto con su hermana ligeramente mayor. Caen en manos de un traficante (pollero en México) que primero les promete que los llevará a España, luego cambia el destino y decide mandarlos a Francia.

Adú jamás ha salido de su pueblo y de pronto por circunstancias ajenas a él, se ve envuelto en una vorágine de acontecimientos que lo llevan a viajar ilegalmente en avión, en carro y a pie pasando múltiples peripecias que lo tienen en peligro y en muchas ocasiones al borde de la muerte.

Las otras dos historias están entrelazadas solo por estar ubicadas en África y sus personajes también ligados a temas migratorios. La primera tiene como protagónico a Mateo, integrante de la Guardia Civil española, asignado a la ciudad de Melilla para cuidar la valla que sirve como frontera entre el territorio español en el norte de África y Marruecos. La valla es un muro fronterizo que “pretende evitar” el cruce ilegal de decenas de miles de africanos que tienen la intención de llegar a España como puerta de entrada de otros destinos en Europa.

Al inicio de la cinta, Mateo y dos de sus compañeros, al tratar de detener a una turba encendida que está tratando de brincar violentamente la Valla, sucede un accidente que tiene como desenlace la muerte de un hombre africano. Este percance lleva a Mateo a reflexionar sobre su trabajo y la migración, al tiempo que enfrenta junto a sus colegas un juicio para esclarecer los hechos.

Y la tercera historia es la de Gonzalo, ciudadano español que ha dejado su patria y emigró a África para encabezar una ONG protectora de los elefantes. Su historia empieza en Camerún, donde casi se cruza con Adú, al tratar de defender, sin éxito, a los elefantes de los cazadores furtivos que trafican el codiciado marfil. Por su carácter y por estar sólo interesado en los elefantes más que en los africanos, es expulsado de la reserva donde trabaja al enfrentar a los guardias locales. Le interesan más los animales que las condiciones sociales, políticas y económicas de los africanos.

Gonzalo, ya un migrante en sí mismo, debe abandonar Camerún y se refugia en su mansión de Marruecos, al tiempo que recibe la visita de su hija Sandra, de un matrimonio roto. La recibe enviada por su exmujer con el propósito de mejorar la relación entre padre e hija que no logra cuajar. Sandra intenta sin éxito convencerlo de regresar a España.

Mateo y Gonzalo son realmente espectadores de los problemas de África como la pobreza, la migración y el desplazamiento forzado. Mateo es un policía español haciendo lo que le ordena el gobierno de España, mientras que Gonzalo es un desadaptado, -huyendo por razones que desconocemos- de su país y de sus compromisos familiares.

Así es que el protagonista real de la película es Adú, quien a su corta edad enfrenta las calamidades de la situación política y económica de su país, y se ve forzado a emigrar con un destino incierto y un futuro aún más desconocido. El protagonista de Adú es un niño que fue descubierto en la la aldea africana de Parakou en la República de Benín, cuando el director de la película Salvador Calvo exploraba posibles locaciones y hacía casting en busca del niño perfecto para el papel principal.

Finalmente, por azar, dieron con el pequeño Moustapha Oumarou, sin antecedentes en la actuación, quien nos brinda una interpretación magnífica, de un espíritu muy fresco que proyecta una amplia gama de emociones dependiendo de cada situación que enfrenta en su largo peregrinar migratorio. Ese niño en definitiva se lleva la película con una personalidad carismática, muy por encima del resto de actores españoles profesionales que interpretan los diferentes roles.

Adú es una película que atrapa solo por la historia del pequeño Adú, el resto es para darle contexto a la historia. Debo confesar que al ver la cinta, tuve que repasar un poco la geografía e historia de África, así como indagar sobre el fenómeno migratorio. La verdad es que no recordaba que existía un pequeño territorio español en el continente africano, ya que parte de la historia se desarrolla en la ciudad de Melilla donde está la famosa Valla de 12 kilómetros de longitud y 6 metros de altura para impedir el flujo migratorio de África a España. Leí algo sobre Camerún donde empieza la historia de Adú y encontré que cerca de 400 mil cameruneses emigraron tan solo en 2019.

Al final de la película aparece una leyenda que dice: “En 2018 más de 70 millones de personas abandonaron su hogar en busca de un mundo mejor. La mitad de ellos eran niños”. Justo al día siguiente de ver Adú, en un crucero de Monclova, me tocó ver a un migrante de Centroamérica pidiendo dinero con su hijo pequeño sobre sus hombros, niño que bien podría ser Adú en suelo americano.

Adú ha logrado un éxito singular después de su estreno en enero de 2020. Está nominada en 13 categorías de los premios Goya de España, incluyendo las categorías de mejor película, mejor guión original, mejor director, mejor dirección de fotografía y mejor montaje, entre otras. Los premios se entregarán el próximo 6 de marzo. Mientras tanto, pueden disfrutar la película en Netflix y ya conoceremos cuántos premios se lleva.