Opinión
Viernes 16 de Abril del 2021 17:19 hrs

Pantalla

El presidente paseando por el Palacio Nacional


Así como el paseo a caballo de Porfirio Díaz por Chapultepec filmado en 1896 es un documento histórico, el paseo del actual presidente este mes de enero pasado por corredores y salones del Palacio Nacional quedará como testimonio de una contradicción

El presidente de la República paseando a caballo en el bosque de Chapultepec fue la primera película filmada en México. Eso sucedió en 1896 y el presidente protagonista fue Porfirio Díaz. El corto de 30 segundos fue un éxito para aquellos tiempos cuando se exhibió en las incipientes salas de cine de nuestro país. 125 años después, el presidente cabalga de nuevo, pero ahora en los zapatos de López Obrador, quien no en caballo sino a pie pasea por los salones y pasillos del Palacio Nacional en un teledrama de 13 minutos y 17 segundos.

Porfirio Díaz presumió ante los mexicanos al dejarse filmar en Chapultepec con aquellas novedosas cámaras de cine, y con ello dejó en claro que México se modernizaba y progresaba al adoptar tecnologías de vanguardia como el cinematógrafo. Ahora, el actual presidente de la República se pavonea en Palacio Nacional. Apenas el 29 enero pasado, el mandatario montó su propia escena para filmarse/grabarse en los lujosos corredores y salones del Palacio Nacional para mostrar al pueblo de México que gozaba de cabal salud a pesar de estar enfermo de Covid-19. Su imagen con todo y discurso, se difundió no en pequeñas salas de cine como lo hizo Porfirio Díaz hace 125 años, sino que se transmitió en Internet a través de todas las redes sociales, medios de comunicación y canales oficiales.

Díaz se dejó filmar por los camarógrafos enviados por los hermanos Lumiere a México, y ahora en 2021 el presidente monta toda una secuencia -realmente un larguísimo plano secuencia con intercortes mal grabados lateralmente con una segunda cámara- recorriendo su “modesta casa” de Palacio Nacional. Hace alarde de su buena salud mientras recorre salones de pisos relumbrantes y adornados con candiles de cristal, muebles, pinturas y esculturas que forman parte del patrimonio nacional. Muchos de estos espacios son muestra de los excesos del conservadurismo de antaño que tanto critica el actor principal del video, es decir, el presidente.

En el video, el presidente, camina lento con las manos en los bolsillos y habla pausado como acostumbra. Viste un abrigo corto que le queda grande, particularmente las mangas, tanto, que seguro sería la envidia de Clavillazo o Borolas.

“Ahora me presento con ustedes para que no haya rumores, malos entendidos, estoy bien, aunque todavía tengo que guardar reposo, ahora me acicalé”, dijo en el video el presidente refiriéndose a su enfermedad. Ahora sí, todos los mexicanos estamos tranquilos, lo vimos bien y lo escuchamos repetir su discurso mañanero: los adversarios, la pandemia, las vacunas, la corrupción, y un largo etcétera de monótonas frases y palabras repetitivas de lo mismo que cuenta como cuentacuentos cada mañana.

Díaz montó una escena de escasos 30 segundos en blanco y negro donde se acerca a la cámara a trote ligero en compañía de otros jinetes, se detiene, da un saludo militar a un soldado que se acerca a su caballo y se retorna, al tiempo que empieza a aparecer más gente en una escena -seguramente montada- con hombres, mujeres y niños a pie, en bicicleta y a caballo. La cámara está estática como se acostumbraba en esa época.

Hoy, a todo color con una cálida iluminación, el presidente -en un flamante monólogo teatral- sale a escena por una puerta desde la parte trasera de un pasillo del Palacio Nacional, luego se acerca viendo a la cámara al mismo tiempo que inicia su soliloquio. Avanza mientras la cámara va hacia atrás seguramente montada en un equipo estabilizador Steadicam.

Díaz envidiaría lo que hay detrás de ese montaje audiovisual. De seguro estuvo un equipo completo del Centro de Producción de Programas Informativos y Especiales (CEPROPIE), “encargado de documentar las actividades públicas del titular del Ejecutivo Federal con material de video y audio, para su discusión en los medios electrónicos de comunicación”. Todo un gran equipo, cientos de personas al servicio del presidente para salvaguardar la imagen del primer mandatario en sus mensajes a la nación.

Así como el paseo a caballo de Porfirio Díaz por Chapultepec filmado en 1896 es un documento histórico, el paseo del actual presidente este mes de enero pasado por corredores y salones del Palacio Nacional quedará como testimonio de una contradicción, pues como lo señaló el escritor y divulgador de historia Alejandro Rosas cuando el presidente anunció en 2019 que se iría a vivir con su familia al Palacio Nacional: “Para mi es un contrasentido que un presidente que pregona la austeridad como bandera vaya a vivir en lo que fuese el antiguo palacio virreinal (...) Para mi no es el símbolo de la república democrática y austera, es el símbolo de los excesos, del autoritarismo, de la simulación de la democracia, es el símbolo del poder, pero de un poder que él mismo critica”.

¿Acaso el presidente se parece cada vez más a Porfirio Díaz? La historia lo dirá.