Opinión
Sábado 27 de Febrero del 2021 21:40 hrs

Haciendo Patria


Un pensamiento mágico, de generación espontánea de soluciones innovadoras, ha dominado tanto en el sector público como en el sector privado mexicano y, tristemente, en las universidades, centros de investigación y el mismo Conacyt por muchos años

Es chistoso. Los mexicanos nos sentimos una raza aparte, cosidos a mano y creados por dioses prehispánicos. En la realidad no somos tan especiales ni únicos. Son pocos los rubros en los que, frente a frente contra otras sociedades, destacamos. Estos rubros son, generalmente, producto de la iniciativa personal, privada, de mexicanos que hacen patria en cualquier lugar del mundo.

Una cosa es el creerse único, especial y otra cosa, muy diferente, es trabajar por ello, invertirle tiempo, dinero y esfuerzo, y competir, medirse, frente a todo el mundo.

El gobierno actual nos recuerda, constantemente, lo que es vivir de puro jarabe de pico, taco de lengua o, para darnos a entender, de palabras sin sustento en los hechos.

Baste escuchar la conferencia de prensa que el presidente dio desde Oaxaca el domingo pasado donde, con el pecho hinchado y la boca llena de orgullo, adelantó que ya tiene el nombre apartado para la vacuna mexicana contra el Covid. Esta sería una iniciativa del Conacyt, en conjunto con empresas, que demuestra que en México también hay investigación, aclaró.

“Patria”, un nombre cargado de simbolismo. La patria que nos vio nacer y que merece el amor que uno le da a la madre. “Patriotismo” valor institucional del H. Colegio Militar y las fuerzas armadas, por el que perder la vida es un honor.

La sola mención del nombre de la vacuna mexicana genera suspiros. En los hechos, de suspiros, no va a pasar; en México parecemos empeñados en demostrar nuestra incapacidad de crear un ecosistema propicio para la innovación, la ciencia y tecnología, la economía del conocimiento.

Para ser justos, hay que reconocer que el problema no comenzó con la cuarta transformación ni es exclusivo del sector público.

Históricamente hemos creído que con solo imaginar una gran solución a cualquier problema, es suficiente para dar la solución.

Recuerdo, hace más de veinte años, que un ejecutivo de una empresa grande en Monterrey insistía, cuando discutíamos la necesidad de realizar un proyecto de desarrollo tecnológico para dar solución a su problema de producción, que bastaba con tener buenos ingenieros, haciendo buena ingeniería y, voila, una solución innovadora que no existe en ningún lugar del mundo… aparece, así, como por arte de magia.

Este mismo pensamiento mágico, de generación espontánea, ha dominado tanto en el sector público como en el sector privado mexicano y, tristemente, en las universidades, centros de investigación y el mismo Conacyt por muchos años. De acuerdo con el, un ecosistema de la innovación que otorgue presupuesto suficiente y oportuno a la investigación científica y tecnológica, tolerando los procesos de prueba y error naturales del desarrollo tecnológico, en vinculación con la empresa privada que permite llevar la innovación a los mercados que estarían dispuestos a pagar el valor agregado de la innovación, permitiendo la recuperación de la inversión, compensando pérdidas por esfuerzos infructuosos y terminando el ciclo económico que genera bienestar, no es necesario.

Esta administración, sin embargo, ha llevado esta concepción errónea de la innovación al extremo. El presidente no solo ha tenido el descaro de desacreditar a profesionales, instruidos en todas las áreas del conocimiento humano, desde su tribuna matutina. Sino que ha promovido abiertamente la eliminación de los pocos fondos para la innovación, ciencia y tecnología, y las reglas de operación transparentes e ideológicamente neutrales que habíamos logrado construir.

El índice Bloomberg de innovación empresarial declara la muerte del impulso sistemático de la ciencia y tecnología en México que, siendo la décimo quinta economía del mundo, no alcanza los primeros sesenta lugares en indicadores de innovación. El epitafio es la iniciativa de Ley de Ciencia, Tecnología e Innovación que, en discusión por los legisladores de ambas Cámaras, viene con gran carga ideológica y total discrecionalidad en la asignación de recursos de acuerdo con los intereses del presidente.

Un contrastante rayo de esperanza son dos organismos empresariales: Coparmex y Canacintra, que entendiendo del tema, hacen un esfuerzo en elevar la discusión sobre el tema con ejemplos a nivel mundial, el primero, e iniciativas de vinculación y creación del ecosistema a nivel local y nacional, el segundo, independientemente de lo que haga el gobierno en turno.

Esto es hacer patria, ¡enhorabuena!