¡AL HUESO!
La trAHMSA
Una solución viable a la crisis generada en Coahuila por el obradorismo con la quiebra de Altos Hornos es negada por una suma de factores económicos adversos. No obstante, sigue la lluvia de promesas sin sustento a los trabajadores, mientras en las tinieblas del poder se mueven interesados en “salvar AHMSA” con la venta al kilo.
“Las potencias medias deben actuar juntas, porque si no están en la mesa, están en el menú”. Premier Carney en Davos.
Desde la fabricación de delitos en mayo de 2019 hasta nuestros días, la crisis originada en Altos Hornos de México, que tiene como sus principales víctimas tanto a empleados y obreros de siderúrgicas y minas, como a proveedores de bienes y servicios, ha sido un concierto de mentiras, manipulaciones, intereses en tinieblas y promesas sin sustento.
El origen, como lo señaló sin morderse la lengua Alonso Ancira entrevistado por Carlos Loret de Mola para Latinus, fue la venganza visceral de López Obrador porque se le negó apoyo financiero de AHMSA para su campaña, al considerarlo el peligro para México que se comprobó con los resultados patéticos de su sexenio.
Ese acto de represalia fue utilizado por el tabasqueño como advertencia para aquietar y alinear al sector empresarial, que salvo contados casos -Slim, el principal- mantenían distancia y justificada desconfianza, previendo el derrotero del gobierno.
A su vez, como quedó registrado en intercepciones telefónicas, lo han venido señalando diversos analistas y fue detalladamente pormenorizado por el morenista Hernán Gómez Bruera en su libro “Traición en Palacio”, el conflicto fue utilizado por su consejero presidencial, Julio Scherer Ibarra, para tratar de retribuir fondos ilegales que gestionó para “el movimiento” con Julio Villarreal Guajardo, cabeza de Grupo Villacero y Banca Afirme.
La intentona en AHMSA, arropada por López Obrador, no prosperó. La extorsión de Scherer y Villareal -con el apoyo adicional de Zaldívar en el PJ, Manuel Bartlett desde la CFE, Octavio Romero desde PEMEX y Napoleón Gómez Urrutia como agente encubierto- puso a Altos Hornos en una espiral financiera negativa que terminó en su quiebra. Julio Villarreal, en payasesco acto, se presentó como nuevo dueño con una oferta de saliva, rechazada por los principales accionistas, quienes prefirieron desligarse y traspasar el control total a Argentem Creek Partners, poseedora de una cuarta parte de las acciones.
Una operación similar realizó la misma dupla Scherer-Villarreal con la detención y prisión del abogado Juan Collado, principal accionista de Caja Libertad, financiera ansiada por el regiomontano para fortalecer Afirme, lo que finalmente tampoco logró.
En ese camino de penurias para todo el grupo laboral y para las empresas proveedoras, la única opción real de solución fue China Steel, consorcio atraído por Argentem y que apuntó ante el gobierno la intención de adquirir el conjunto de plantas y minas e invertir en ellas para su reactivación y crecimiento. Aseguran que por presión de Washington, el entonces Presidente bloqueó la solución con un crédito fiscal sacado de la manga.
Ante el bloqueo y la inviabilidad de una solución, los de Argentem vendieron todo lo posible, asumieron la pérdida de derechos y abandonaron con lo que lograron recaudar.
El resto ha sido un cuento interminable de manipuladoras palabra de apoyo, audiencias de engaño y búsqueda constante de culpables que aminoren el costo político de MORENA, con la música de fondo de una orquestada campaña permanente a través de las redes operadas desde Palacio, juego en el que incluso ha caído el gobierno de Coahuila.
Nadie se ha atrevido a informar claramente a los trabajadores, con cifras sobre la mesa, que si en términos muy optimistas se lograra vender la empresa en los montos que sueña el síndico de la quiebra, recibirían solo lo indicado en las leyes del Trabajo y de Concurso, apenas un monto cercano al 10% de lo que ellos esperan con base en el contrato colectivo. Tampoco les han dicho a los proveedores que mejor se olviden de cobrar.
Hoy aseguran que la subasta será exitosa y tratan de tapar el sol con un dedo. Realmente, el momento económico actual es el peor escenario: una economía al borde de la deflación, que con suerte en 2026 apenas crecerá 0.5%; la inversión contraída; barreras arancelarias que tienen trabajando al sector siderúrgico a un 50%; alta desconfianza empresarial en el gobierno; desprestigio internacional; y la inminente renegociación del tratado trilateral zozobrando en relaciones turbulentas con un Trump sin límites.
¿Algún empresario razonable apostaría en esas condiciones a comprar un conjunto industrial altamente dañado, a esta altura en gran parte obsoleto y en el cual, además de pagar mil cien millones de dólares en la subasta, debería invertir otra cantidad similar incluso para recuperar la operación de las unidades menos deterioradas?
Tras las promesas sin destino que les repiten a los obreros, en el propio gobierno existe una certeza: si la solución estuvo en chino, ahora está en sánscrito.
En ese contexto, con la tenebrosidad y poca decencia imperante, se han fortalecido viejas ambiciones y en el submundo se teje una trama siniestra para, a contrapelo de la ley -lo que no es novedad-, proceder a regalar el control del cadáver industrial a un grupo que se mueve en los albañales del poder, con un pago ínfimo e infladas promesas de inversión.
Habría muchos discursos allá y acá de “salvamos AHMSA”, pero en los hechos adiós definitivo a los acreedores y para los trabajadores el trago amargo de una indemnización irrisoria, más el dulce sin azúcar de que tendrían primera opción para ser recontratados, así sea en el desguace para vender partes salvables o solo muchos fierros oxidados al kilo.
Porque para museo siderúrgico ya están el parque Fundidora y su Alto Horno 3.