Opinión
Lunes 23 de Febrero del 2026 07:55 hrs

¡AL HUESO!

Encubrimiento e impunidad


Los escándalos políticos se suman y se enlazan para un gobierno que lucha por encubrir y otorgar impunidad ante una corrupción que desbordó todo marco moral. A las denuncias de Scherer se sumó el audio sobre el huachicol en la Marina y la semana cerró con la muerte de Nemesio Oceguera, involucrado en ambos hechos.

“La única forma de librarse de una tentación es ceder a ella”. Oscar Wilde.

En la reciente visita de pisa y corre de la Presidenta Claudia Sheinbaum a las regiones Carbonífera y Centro de Coahuila hubo muchas forzadas sonrisas políticas, lluvia de palabrería y muy poco concreto. En suma, más de lo diario, rollo encubridor de una realidad de caos que está ante los ojos de todos y muchos no quieren ver.

Cuando ante ex obreros de Altos Hornos de México afirmó que la quiebra de la siderúrgica se originó por corrupción, pareció que por fin se refería a la extorsión ejecutada -confesión propia- por Julio Scherer desde la Consejería Jurídica. De hecho, tenía a su lado a otro partícipe, Octavio Romero, ex director de PEMEX.

Pero no, siguió en el encubrimiento con desvío de responsabilidad, ahora extendido a mostrar desconocimiento legal o arrogarse atribuciones indebidas, al ordenar que la jueza Ruth Huerta y el síndico Víctor Aguilera den prioridad de pago a los trabajadores por sobre los acreedores.

¿La razón? Aparentemente colgarse en forma anticipada una medalla por algo que está claramente establecido tanto en la Ley de Concursos Mercantiles como en la Federal del Trabajo: sea cual sea la forma de venta, lo que se logre recaudar -que seguramente será muy poco, porque los acreedores “machucones” se están arreglando bajo la mesa- debe aplicarse en primer término al pago prorrateado de extrabajadores, con montos infinitamente menores a los que corresponderían y esperan según los contratos de trabajo. 

De quedar un milagroso remanente, recién entrarían los acreedores financieros y en la cola los proveedores locales, que en muchos casos ya dejaron las deudas en el olvido. ¿Qué caso tenía restregárselos?

Eso en cuanto a AHMSA, porque en el contenido del libro hay denuncias más relevantes y carga jurídica para el propio Scherer y otros funcionarios del pasado sexenio, que por moral pública y responsabilidad judicial debería dar paso a la apertura inmediata de investigaciones de oficio, para castigar al exfuncionario si no prueba sus dichos o judicializar a los señalados de grave corrupción, como es el caso de Jesús Ramírez Cuevas, exvocero y hoy coordinador de asesores de Sheinbaum.

De hecho, la difusión del libelo generó para la Presidenta una semana de tortura matinal, buscando como minimizar las denuncias y eludir su responsabilidad y la de sus compañeros de ruta inculpados.

Para la historia del sexenio, su galimatías cuando le plantearon las primeras preguntas: “La crítica y la autocrítica siempre son importantes, siempre, pero nosotros somos parte de un movimiento de transformación y siempre hay que ser consecuentes, porque uno no está aquí por el poder, ni nos impuso nadie, más que el pueblo. No veo, de lo que he leído en los medios, cuál es la fuente que usa para ciertas denuncias que hace y luego, no por nada, pero con quién se escribe también y la consecuencia de ello, en términos de un movimiento de transformación”.

O sea, lo normal, verbo hueco para extender el manto de impunidad. Práctica ritual en el pasado y el actual gobierno, esperar que tiempo y desinterés se conjuguen para que todo termine en nada. Sin embargo, a doña realidad le gustan las sorpresas. 

En el “huachicol fiscal”, mayor escándalo de corrupción protagonizado por quienes aseguraron no ser iguales y resultaron peores, había corrido el reloj, el ruido bajado y la investigación se había contenido en peces menores como los hermanos Manuel Roberto y Fernando Farías Laguna, sobrinos del ex secretario de Marina, José Rafael Ojeda Durán. 

Pero sucedió lo inesperado, Carmen Aristegui dio a conocer un audio de la reunión en que, ingenuamente, el contralmirante Fernando Guerrero Alcántara denunció ante Ojeda Durán la existencia del delito en gran escala y dio los nombres de los principales marinos involucrados, partiendo por los propios sobrinos de su jefe directo.

La grabación prueba que el otrora titular de la marina propuso al contralmirante Guerrero Alcántara la conveniencia de acallar el asunto y cambiar de adscripción a los involucrados, o denunciar los hechos “caiga quien caiga”. Este último fue el camino por el que optó el denunciante, que antes de ser asesinado días después en Colima, realizó un relato escrito de los hechos, que reveló también al actual secretario de Marina.

Si bien ante el agobio por ambos escándalos la caída de “El Mencho” es un distractor ansiado, curiosamente enlaza las denuncias del libro de Scherer y el caso de la grabación con la red de corrupción que operó al amparo de los “abrazos no balazos”.

Denuncias en México y Estados Unidos han señalado que Nemesio Oceguera, a través de su organización y las bandas asociadas al CJNG, no solo han aportado recursos financieros a las campañas de Morena, sino que participaron y brindaron protección al trasiego de combustibles ilegales.

La ubicación y muerte del capo, posible por acción directa de efectivos americanos, tiene por tanto doble valor. Uno, descabeza temporalmente a la más sólida y amplia organización delictual; dos, convenientemente se llevó consigo información que ponía en riesgo la mayor operación del gobierno: encubrimiento e impunidad.






OPINION

Fuenteovejuna

Para “El Mencho” no hubo abrazos. Lo prueba la experiencia, viene disputa interna por el mando, con proliferación de pequeñas bandas, más delitos y más sangre…

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