Opinión
Lunes 16 de Marzo del 2026 07:27 hrs

¡AL HUESO!

Para siempre


“Porque lo pidió el pueblo” es la socorrida y mentirosa cobertura para plantear reformas sin otro fin que maximizar la acumulación de poder político y asegurar la permanencia a futuro sin límite  de los actuales detentadores, en traición a lo que por años demandaron.

“Huid del país donde uno solo ejerce todos los poderes: es un país de esclavos”. Bolívar.

Entre nuestros políticos, especialmente los que han logrado ostentar niveles superiores de mandato, pocos escapan al síndrome de la continuidad personal o grupal y por tanto actúan en función de ello, llegando hasta la traición a sí mismos al navegar a contracorriente de lo que pregonaron como sus postulados.

Basta tener en mente lo que sucedió en el pasado sexenio y se mantiene en el presente. 

Cabe recordar cómo, a contrapelo de sus movilizaciones y discursos de décadas, incluso como agitador en las filas del PRI, López Obrador hizo un intento indirecto para sondear la reelección, a través de Jaime Bonilla, felizmente fugaz gobernador de Baja California.

Por rechazo estatal y nacional la tentativa no prosperó, al olerse la maniobra subyacente, así como por la mayoría de la Suprema Corte, que rechazó sumarse a la encomienda que el indecoroso Arturo Zaldívar operó a solicitud de Palacio vía Julio Scherer.

Ante el camino cerrado, el bien caracterizado “mesías tropical” optó por construir una sucesión a modo, que le garantizara encubrimiento, protección tanto para él como para los suyos y garantizara su “legado” de caprichos y sinsentidos que han sumido al país en una de las etapas más complejas de su historia.

Ante los riesgos que visualizaba en Marcelo Ebrard, al que “se la debía”, lo mantuvo en el engaño y eligió a una sumisa seguidora, la actual Presidenta. Con innegable astucia política, pacientemente, le pavimentó el camino al triunfo electoral, para lo cual utilizó todos los recursos del Estado, principalmente el presupuesto gubernamental.

Mayor seguridad, dejó a Claudia Sheinbaum en una camisa de fuerza bajo la revocación de mandato. Además, impuso sus cuadros en áreas medulares de la nueva administración, así como aseguró el control parlamentario y hasta incrustó al orgullo de su nepotismo en la dirigencia de MORENA, con pretensión de 2030.

No obstante, dos factores, doña realidad que desenmascara cada día la corrupción, los fracasos y las mentiras de su mentor, así como la presión constante de Trump, han obligado a la ex jefa de gobierno a marcar algunas distancias con el pasado inmediato. La cumbre derechista de Florida fue un severo apretón más.

El mayor cambio, no reconocido pero indesmentible, se registra en materia de seguridad, con el regreso al combate a las bandas delictivas que dejó crecer y dominar el macuspano. Se vio obligada a abrir puerta -de mala gana seguramente- al accionar cada día más evidente de agentes encubiertos y equipos espías estadounidenses en el país.

Se resiste a llevar la sanción hasta encumbrados políticos cómplices o encubridores, en su mayoría ligados al grupo en el poder, pero la presión de Washington y la nacional siguen aumentando, con creciente apoyo local. Hacerlo aceleraría esa desviación de caminos atávica de nuestra política que, lo quieran o no los principales actores, así hayan caminado juntos, termina en distanciamiento. Hay múltiples ejemplos históricos.

Hay otros signos de querer espacio. Uno, la campaña de desprestigio para Andrés López Beltrán, “Andy”. Con innegable participación de la inteligencia de gobierno y abonada por los excesos del junior, como luego el apagado de su presencia en los actos morenistas, muestra que la Presidenta quiere operar su propio tablero político y de sucesión.

No significa, sin embargo, cambio sustancial ni abandono de la pretensión de prolongar a MORENA en el poder, en lo que la confluencia de intereses con López se mantendrá.

Lo demuestra al continuar la operación para imponer el control electoral con los mismos métodos de manipulación, en lo cual la mandataria ha mostrado su real esencia política, que choca con las luchas por democratización en que participó por años.

A diferencia de la reforma constitucional que llevó a crear el Instituto Federal Electoral como ente autónomo -en que tuvo destacada participación Porfirio Muñoz Ledo como articulador de un consenso- con la parafernalia oral de cada día la Presidenta presentó su rechazada reforma y luego delineó su Plan B, ambos como falsa “demanda ciudadana”.

El “yo cumplí” dejó claro que el encargo fue del titiritero y no pudo concretar tras múltiples intentos por llevar a sus socios alquilados a cambios que para ellos son suicidio. Hubo también un golpe de conciencia democrática en las propias filas morenistas. 

Arguye que el aparato electoral, los procesos y los partidos son demasiado caros, afirmación desmoronada por un estudio comparativo que demostró como nuestras elecciones están entre las menos costosas de América latina.

El ahorro es justificación de piel de oveja con el lobo dentro, dado que, si bien se requiere efectivamente generar un nuevo marco político-electoral que elimine vicios y abusos como los partidos de propiedad privada, lo encubierto es asegurar a futuro el control del poder.

Peor con el denominado “Plan B”, en que aparentemente dejarán fuera los aspectos más rechazados por sus rémoras, pero en el ansia de acaparamiento se adentran en la destrucción del federalismo, al plantear cambios dictados a nivel federal que solamente corresponde adoptar, en su respectivo ámbito, a estados y municipios.

Y no es el tan aludido pueblo el que aboga con una democracia tutelada y con el poder concentrado que parece copia de regímenes fracasados y en extinción en nuestra AL.






OPINION

Fuenteovejuna

¡Perversos! Como la Presidenta está tan acostumbrada a los piquetes de ojos de los súbditos de Palenque, el del Sábado fue apenas uno más. Sólo que éste físico…

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