¡AL HUESO!
En paños menores
El bajo nivel moral con que se conducen los principales funcionarios del gobierno federal quedó nuevamente evidenciado en la mentira, la manipulación y el cinismo que rodearon hechos graves como la contaminación del Golfo de México y el abuso de Marcelo Ebrard.
“De humanos es errar y de necios permanecer en el error”. Marco Tulio Cicerón.
En la pasada semana, tres de las principales y nocivas conductas del grupo en el poder, mentira, corrupción y cinismo, quedaron evidenciadas y reafirmadas de cara a esa población que se deja engatusar por la diaria manipulación publicitaria.
A fines de febrero pasado se detectó en las aguas el Golfo de México la presencia de manchas de hidrocarburos, en zonas cercanas a las operaciones de Petróleos Mexicanos. La situación, de inmediato denunciada por ambientalistas y pescadores, fue minimizada tanto por PEMEX, PROFEPA, SEMARNAT, las autoridades federales y estatales.
Lejos de desaparecer, el problema creció y se hizo inocultable en marzo, cuando la contaminación afectó a buena parte de la costa de Veracruz y Tamaulipas, a la vez que se detectó presencia de residuos en Texas cómo en aguas cercanas a Cuba.
Y, en el estilo Ramírez Cuevas, comenzaron las mentiras desde la petrolera como por parte de la propia Presidenta, que aparentemente engañada por subalternos adujo emanaciones naturales de chapopoteras. El colmo, nuevamente, lo marcó la impresentable gobernadora Veracruzana Rocío Nahle, quien atribuyó la derrama a un navío fantasma.
Con el paso de los días la situación continuó agravándose y puso al país bajo riesgo de sanciones internacionales y pagos de reparación. Finalmente, el gobierno no pudo prolongar las evasivas y admitió que el origen de la contaminación estaba en ductos de PEMEX, paraestatal en debacle que genera más corrupción y problemas que crudos.
Incluso el almirante Raymundo Morales, cabeza de la Marina, que tiene como principal función precisamente la vigilancia de las aguas territoriales, tuvo que tragar saliva en el mea culpa mañanero, mientras desde PEMEX crucificaron funcionarios menores.
Tan grave como el siniestro ambiental, la tragicomedia reiteró la conducta acendrada en el grupo en el poder, de eludir responsabilidades, manipular descaradamente los hechos y, si es necesario, mentir en todos los niveles, como ya había quedado evidenciado con el tema de la “mujer en la ventana”, asunto trivial elevado por la falsedad a problema de Estado.
No pasaba la Presidenta el trago amargo cuando desde el interior le generaron otra crisis aún más grave, al develar el abuso de poder del actual secretario de Economía, Marcelo Ebrard, quien como cabeza de Relaciones Exteriores en el pasado sexenio utilizó la embajada de México en Londres como vivienda de lujo para su hijo.
Desnudaron y dejaron patinando en aceite al que era el más reputado y respetado funcionario por la forma republicana de desempeñar sus tareas y tender puentes con diversos grupos de interés ligados a su encomienda. Experimentado, moderado y cuidadoso en su accionar público, se vio sorprendido por la incendiaria revelación y tras confirmar el hecho lanzó explicaciones que por sí mismas son caricatura.
Argumentó “no hay nada irregular”, “no hubo abuso de poder”, para continuar aduciendo que fue invitado por la entonces y cuestionada embajadora Josefa González Blanco -carga sus propios escándalos en el uso y abuso de la sede diplomática- para “tratar como un hijo” al vástago de su superior jerárquico.
“No hubo costo para el erario”, agregó, como si Marcelo Patrick hubiera pagado de su bolsa o de la del papá el privilegio y los servicios premier que disfrutó durante meses de estadía, mientras centenas de becarios viven las de Caín para sobrevivir mientras estudian.
El asunto pudo quedar en un escándalo temporal con apenas una sanción moral como en los casos de lujos y gastos excesivos, contrarios a los votos de pobreza morenista, evidenciados con Andy y sus hermanitos López Beltrán, Ricardo Monreal, Gerardo Fernández “Carroña”, “Raterón” Gómez Urrutia y varios más.
Pero no, el torpedo con evidente origen en las pugnas internas por el futuro, pegó en un flanco altamente sensible del gobierno y del país, por ser el excanciller cabeza en la decisiva renegociación del tratado con Estados Unidos y Canadá, a la que ahora llega disminuido por la mancha de corrupcion que avaporó su aura.
En el cierre de semana, uno más: el enriquecimiento estilo cuatroteista de Ricardo Gutiérrez, hermano de la ex “no-primera dama”, que como los hijos de su cuñado presidente pasó de ser nadie a la abundancia generada por el poder.
A estas alturas ninguno de los tres hechos debe causar sorpresa sino sumar indignación, porque refirman el precario nivel moral reinante en el grupo en el poder y evidencian en esencia las razones y los daños que han hecho retroceder al país para situarlo en uno de los peores momentos de su historia.
De allí que -sin menospreciar el gesto de distancia con su mentor- en su presencia en España para la cumbre progesista, la Presidenta no pudo presentar una imagen de un México en avance, con propuestas y ejemplos de un modelo de desarrollo, por lo que se vio obligada a repetir insípidas y ya muy sobajeadas propuestas.