Opinión
Martes 17 de Mayo del 2022 09:48 hrs

Nueva Agenda Pública


En el ’22 es momento de retomar el protagonismo y dominar la agenda aprendiendo de las enseñanzas del pasado y fijando la vista en el futuro

Terminó la época navideña y comienza la cuesta de enero. Este año es casi tan empinada como el crecimiento de contagios de Covid, un reto para los mejores alpinistas, especialmente difícil para el sesenta por ciento de la población que vive en la pobreza y las empresas medianas y pequeñas que han logrado sobrevivir.

En la agenda radical… perdón… nacional, que se marca cada mañana, no parece haber intención de aplanar la cuesta de enero. Por el contrario, se busca enrarecer el ambiente empresarial, limitar a la iniciativa privada y entorpecer el desarrollo nacional, quitando cualquier esperanza de bienestar por el próximo lustro.

No hay dato que exponga el fracaso gubernamental que les haga recapacitar y enmendar el rumbo. Ni la realidad económica de un sexenio perdido, ni el nivel de muertes contra natura; por violencia, manejo irresponsable de la pandemia y destrucción del entramado institucional de salud, con el que vivimos. Mucho menos la ola de pobreza que se ha generado entre la población. Nada, nada les toca el corazón.

La agenda nacional que nos plantea para el 2022 tiene un solo objetivo y razón; el ganar y conservar el poder dentro del circulo de políticos cercanos a López Obrador. No importa sobre qué o quién pasen, no importa lo que destruyan. Ni siquiera a los propios respetan, el amigo es enemigo si no se cuadra sin respingar.

Ni las reformas del sector energético y electoral, ni la revocación de mandato, ni las elecciones en seis estados y todo lo que nos puedan decir en torno a ello, tienen otro objetivo que polarizarnos y dividirnos, ofreciendo realidades imposibles a los ingenuos y generando turbulencia para los que creemos en libertad de pensar y actuar para desarrollar.

La cuesta de enero, en un año en que todo será cuesta arriba, nos obliga a los ciudadanos a arrebatar la agenda nacional a quienes la manejan tendenciosamente. Reto que se mira casi imposible y que, si no fuera porque ya se ha logrado en el pasado, no tendría caso siquiera soñarla.

En México los ciudadanos ya hemos logrado arrebatar la agenda, cambiar al gobierno, ampliar las libertades y dar un vuelco de timón hacia un país de prosperidad. En el ´68 y en el ´71, en el ´82 y el ´88 en el ´94 y el 2000 los ciudadanos fuimos los protagonistas de los cambios modernizadores. En el 2018 también, pero nos confiamos, fuimos engañados y la esperanza se transformó en retroceso.

En el ’22 es momento de retomar el protagonismo y dominar la agenda aprendiendo de las enseñanzas del pasado y fijando la vista en el futuro.

Tenemos que comenzar por marcar los ideales en torno a los que vale la pena luchar. Deben ser sencillos de entender, prácticos de comunicar y donde una mayoría se pueda identificar. Con ellos se crea una agenda ciudadana que se imponga a la agenda nacional; la unidad mexicana, la libertad de pensar y actuar, el derecho de vivir, la seguridad en torno a uno y lo que cada uno estima, la igualdad de oportunidades, la recompensa equitativa al esfuerzo personal; así, nada más, sin tonalidades ni adjetivos, sin matices ni asegunes.

Si en la agenda nacional algo no abona de forma directa y sencilla a estos ideales, descartémoslo, no lo repliquemos, no le hagamos el trabajo a quien no los quiera tomar. No hagamos entuertos ni enredos, ni explicaciones complejas para tratar de justificar que lo que nos quieren vender, nada tiene que ver con lo que queremos lograr.

Pongámoslos en los ojos de los políticos, exijamos que toda acción, toda decisión, toda política, toda declaración, tenga línea directa hacia ellos, que no los puedan obviar. Denunciemos a los medios que nos los adopten, organicemos y difundámoslos en la vía pública, en el ejido y en la vecindad.

Que las dificultades y retos de este 2022 nos impulsen, en un país que ya está en crisis, en caída libre hacia el acantilado, a encontrar el sustento para retomar el vuelo sobre los ideales que ya, en el pasado, nos hicieron volar.