Opinión
Sábado 15 de Mayo del 2021 16:22 hrs

Pantalla

Quiero saber quién mató a Sara


En vez de entregar una serie de verdad, con ¿Quién mató a Sara? nos dan una telenovela envuelta en piel de serie. El lado positivo de producciones como esta es que dan vida a la industria audiovisual en México y ofrecen trabajo a un buen número de personas

¿Quién mató a Sara? es de acuerdo a los portales de noticias, la serie mexicana más exitosa en la historia de Netflix con más de 55 millones de views, superando a La casa de las flores, Control Z y Oscuro deseo. No solo ha tenido éxito en México y otros países de Latinoamérica como Colombia, Paraguay, Chile y Brasil, sino que también se ha posicionado en el top ten de Marruecos, España, Portugal, Suiza, Arabia Saudita y hasta ha logrado destacar en Estados Unidos.

Aunque la serie está hecha en México, creo que debe considerarse un producto latinoamericano e incluso hispanoamericano puesto que la idea original salió de la mente del creador de la serie José Ignacio “Chascas” Valenzuela, originario de Chile, mientras que el reparto está encabezado por el colombiano Manolo Cardona, el español Ginés García Millán, el argentino Andrés Baida y también hay mexicanos en los papeles principales como Carolina Miranda, Alejandro Nones, Claudia Ramírez, Eugenio Siller y Ximena Lamadrid. La realización de varios de los capítulos estuvo a cargo de David “Leche” Ruiz, cineasta de Monterrey muy conocido por sus videoclips de artistas como Control Machete, Intocable, Ricardo Arjona y Alejandro Fernández, entre otros. Además, la serie fue rodada en la Ciudad de México, Acapulco y Valle de Bravo.

No sé si es intencional buscar una neutralidad hispana, pero yo no veo a México ni a los mexicanos por ningún lado en toda la serie, ni en el físico de los actores y actrices (todos estereotipados al estilo de las telenovelas) y ni siquiera en los extras o roles pequeños, solo noto que todos hablan el español con un acento neutro pero más cercano al mexicano, más estandarizado, de forma tal que por ejemplo, los protagonistas de Alex, Cardona interpretando al personaje adulto o Baida en el papel de joven, no muestran ni por asomo su acento colombiano o argentino.

Cuenta “Chascas” en entrevista para la televisión chilena que a principios de 2019 recibió una llamada donde le preguntaron que si le interesaba hacer una serie de suspenso para Netflix. De inmediato su respuesta fue afirmativa porque se considera un amante del género policial y de suspense. Así se dio a la tarea de escribir una historia policíaca clásica donde un asesinato/accidente desencadena toda una trama y el eje del desarrollo de la historia es la venganza; además, prácticamete todos los personajes son sospechosos o culpables de haber cometido algún pecado que los atormenta y los conduce a la traición, al crimen o a la locura.

Hasta allí la historia va bien, solo que en vez de entregar una serie de verdad, con ¿Quién mató a Sara? nos dan una telenovela envuelta en piel de serie. La temporada 1 estrenada apenas el 24 de marzo tiene 10 capítulos, y resulta que en esa primera entrega no desentrañan el misterio de Sara, pues ya está lista una segunda temporada que se estrenará el 19 de mayo. Incluso, está disponible desde hace unos días un sugestivo trailer de esta segunda entrega que promete acción y giros argumentales inesperados, aunque tal vez tampoco nos conduzcan a un final concluyente. Eso aún no lo sabemos.

La historia inicia con el “asesinato/accidente” de Sara, hermana de Alex, quien forzado por César, el intrigoso y poderoso jefe de la familia Lazcano, se ve moralmente obligado a entregarse a las autoridades sin tener nada que ver con lo sucedido. Después de un amañado juicio lo sentencian a 30 años de prisión. Al cumplir 18 años de la condena es dejado en libertad porque su abogado promovió un amparo que el guionista se sacó de la manga. Sale de la cárcel con una enorme sed de venganza que sembró durante su largo confinamiento. Rodolfo Lazcano, hijo de César y Mariana, era el novio de Sara, y tiene dos hermanos, José María y Elisa. Obviamente sin esa decisión equivocada de Alex no habría historia que contar, de allí la habilidad de “Chascas” para llevarnos a navegar en las aguas turbulentas de la vida de la familia Lazcano y sus relaciones con aliados y enemigos.

“Chascas” ha escrito telenovelas de más de 200 capítulos para cadenas como Telemundo, por lo que considero no le resultó complicado armar una narrativa clásica y escribir una veintena de capítulos para contar una historia muy revuelta que no ofrece mucho contenido. Solo nos presenta destellos de la historia a cuentagotas en cada episodio. Por ejemplo, el primer capítulo de más de 40 minutos está dedicado en su totalidad a mostrarnos el “asesinato/accidente” de Sara al inicio, y luego a presentarnos en cascada a cada uno de los personajes donde todos parecen tener algo que esconder.

El capítulo concluye con un climax de acción y suspenso para continuar luego en el segundo episidio con más de los mismo, es decir, repasar el “asesinato/accidente” y darle vueltas a las situaciones de los personajes. Además en varias ocasiones hay flashbacks a la escena del “asesinato/accidente” de manera muy repetitiva. El primer capítulo está realizado y editado de manera interesante, solo que a partir del capítulo 2 es más de los mismo. Este método narrativo se repite una y otra vez en cada episodio para lograr completar de manera muy forzada la serie de 10 capítulos.

Creo que con ¿Quién mató a Sara?, así como lo hizo con Oscuro Deseo, Netflix ha encontrado otro filón de oro para atraer al streaming tanto al público de telenovelas de televisión abierta como a un público más joven que no gusta de las telenovelas de Televisa, TV Azteca, Univision o Telemundo, pero que sí pueden ver telenovelas más cortas disfrazadas de series. Los jóvenes devoran series que ven en maratones de un solo día, son los grandes consumidores del Streaming. Sin duda una buena estrategia de producción y marketing, sistema que sigue Netflix también en otros países, no es casualidad que en México tengamos disponibles series turcas, surcoreanas, holandesas, suecas o indias.

El lado positivo de producciones como ¿Quién mató a Sara? es que dan vida a la industria audiovisual en México y ofrecen trabajo a un buen número de personas, tanto a los que ofrecen servicios como al talento artístico en todas las especialidades.