Lunes, 17 Junio 2019 07:06 hrs
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¡Al Hueso!

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            De acuerdo con el último recuento oficial, en la segunda semana de junio -6 al 12- se registraron oficialmente en el país sobre 650 muertes criminales, el número más alto en la historia de la violencia en México.

            Y no son todas. La propia autoridad reconoce que, conforme con la experiencia, se dejan de contabilizar alrededor de 20% de los casos.

            O sea, fueron más de 800 muertes violentas, 14 diarias.

            Enfriamiento de la economía, crecimiento del desempleo, debilitamiento de las estructuras de gobierno, desmantelamiento de los organismos de inteligencia, difuso plan de seguridad y cuadros improvisados en la materia, entre otras falencias, conforman un cóctel sociopolítico con un negro resultado que las palabras alegres no logran ocultar: aumento geométrico de los delitos de alto impacto y de la violencia asociada.

            El optimismo de “no lo hemos resuelto pero se avanza” de las matutinas homilías presidenciales es derrotado a diario por la cruel realidad: estábamos mal, pero hoy estamos mucho peor.

            En general, las capitales representan siempre una síntesis del momento por el que atraviesan las naciones y en ellas se anticipan los buenos y malos aires.

            En nuestro caso, la Ciudad de México no es excepción.

            En la magna urbe se denotan hoy con mayor visibilidad de conjunto los problemas torales del país, y el principal un aumento geométrico del delito. En orden ascendente, extorsión con múltiples modalidades, asaltos callejeros, secuestros exprés, robos a mano armada, ajusticiamientos y secuestro con asesinato de la víctima.

            El caso del joven Norberto Ronquillo se transformó en emblemático dentro del todo.

            Sacó a los capitalinos del pánico pasivo y ahora alzan la voz para denunciar el fiasco con Claudia Sheinbaum, la protegida presidencial que en solo siete meses de gestión demostró no tener la mínima capacidad para ser buen prospecto hacia la sucesión.

            Reflejo de una dramática crisis nacional, la CDMX sintetiza el cada vez más visible fracaso de una no-estrategia en materia de seguridad, encargada a un Alfonso Durazo sin conocimiento en el tema, al que ahora se le suma otro igual o peor, Mejía Berdeja.

            La respuesta es siempre la misma: paciencia, ya viene la Guardia Nacional.

            Un cuerpo “curita” que teóricamente servirá para todo, hasta ahora conformado por efectivos militares y navales disfrazados, de los cuales muchos mandos forzados han solicitado el retorno a filas o el retiro.

            Y sí, en Coahuila no notamos tanto el deterioro nacional, porque si bien existen excesos y abusos, las autoridades locales no se han embarcado en las utopías de la gente buena.





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