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Lunes, 06 Mayo 2019 07:33 hrs
» Opinión

¡AL HUESO!




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Sebastián Gómez

sebasgom@yahoo.com

Tras lo que aparentemente se ve, en política siempre hay gato encerrado. Y más con la presente administración federal, magistral en generar imágenes que ocultan la realidad.

El pasado martes, a la callada, María Luisa Calderón arribó a la Región Carbonífera con una misión encargada por su jefe: convencer a la agrupación de familiares de víctimas de Pasta de Conchos de sumarse a un acto oficial, en que se anunciaría la reanudación del rescate de los cuerpos.

Hasta la localidad de Barroterán, la secretaria del Trabajo llegó acompañada por un representante del Subsecretario de Gobernación Alejandro Encinas -luego se supo que es su hijo-, y un miembro del Centro de Derechos Humanos Agustín Pro, de Ciudad de México.

La iniciativa tenía doble jiribilla: que el anuncio se efectuara durante el recorrido del Presidente hacia Piedras Negras -en una fugaz parada en Pasta de Conchos o a su paso por Sabinas- y evitar en ese acto una manifestación de las familias recordando que como candidato se comprometió a realizar el rescate.

Llena de entusiasmo, la cándida secretaria planteó a la directiva de las familias que a la iniciativa se sumaría el Sindicato Minero propiedad del ahora senador Napoleón Gómez Urrutia.

Hasta ahí llegó la cordialidad.

Las representantes rechazaron de plano la invitación, precisaron que el rescate es una obligación que debe asumir el Estado Mexicano -acusado por ellas de negligencia y encubrimiento ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos- y que prácticamente era un insulto pedirles aceptar a Napoleón, corresponsable de la tragedia.

Le recordaron que Gómez Urrutia, a cambio de aportaciones económicas de Grupo México, encubrió el alto riesgo existente en el yacimiento y aceptó que una empresa contratista destinara personal externo a realizar labores de minado, lo que está vedado por razones de seguridad y responsabilidad.

Hubo más: le censuraron que a partir del 1 de diciembre pasado, la dependencia a su cargo suspendió las inspecciones y sanciones a los “pocitos” y minas de carbón irregulares, y le advirtieron que la responsabilizarían directamente de un eventual accidente.

No pudo juntar aceite y vinagre.

Sin la euforia inicial, la secretaria, regañada y con las manos vacías, se regresó por donde había llegado a dar cuenta a su jefe del fracaso.

La decisión en Palacio Nacional fue realizar el anuncio en la conferencia de prensa matinal del día siguiente.

Y a su paso por Sabinas, el Presidente contó solo con la presencia de seis viudas a las que Gómez Urrutia mantiene económicamente para debilitar a la gente del Obispo Vera.

¿Por qué tanta prisa?

El Presidente no lo dijo y lo presentó como el cumplimiento de un compromiso personal, pero lo cierto es que solo reaccionó ante el dictamen condenatorio de la CIDH, que analizó por años el caso y en su resolución obliga al Estado Mexicano a reanudar la búsqueda de los cuerpos.

Ese dictamen le fue entregado dos días antes.

En las prisas, de nueva cuenta las cifras presidenciales chocaron con la realidad.

Habló del rescate de los 65 mineros y en realidad son únicamente 63, porque al momento de la explosión dos se encontraban en la parte inicial de la mina y sus restos fueron recuperados meses después de la tragedia.

A menos, claro, que tras el fracaso ampliara el rescate a Luisa María y Encinas junior.