Miercoles, 10 Julio 2019 06:51 hrs
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Desde el Corazón

del mismo autor

Estimados Lectores:

El día de hoy me esta costando trabajo escribir mi contribución de esta semana.

No es que me falten ideas, es que me sobran preocupaciones y preguntas.

Por eso he decidido escribir desde el corazón.

Quiero contarles que yo soy hijo de gente trabajadora, nieto de inmigrantes que pusieron su esperanza en este país.

Viniendo de una zona en guerra, mis Abuelos, educaron a mis Papás para amar esta tierra. Ese amor me lo transmitieron a mí.

Hoy con tristeza veo como la complacencia, la desinformación y la simulación, ponen en riesgo el futuro de mis hijos.

Por un par de décadas, durante mi infancia y mi juventud, mis papás trabajaron duro para darme lo mejor; la mejor educación, los mejores ideales, la mejor concepción moral y ética.

Para ellos el trabajo nunca fue un castigo, fue una bendición; fue la oportunidad de acercase a Dios: con la misma fuerza creadora que él nos creo, ellos creaban un mejor país, una mejor sociedad, una mejor oportunidad para sus hijos.

Con esperanza y expectativa me toco ver como ellos cambiaron un sistema que ya era viejo y estaba agotado. Ellos lograron la transición democrática y la apertura económica.

De pronto teníamos un mejor país y una mejor sociedad, una sociedad más incluyente y mejores expectativas. Un México del cual nos sentíamos orgullosos y podíamos ir a presumir por todo el mundo.

Yo tomé la estafeta hace algo más que un par de décadas, ahora era mi turno de mejorar aún más para mis hijos; era mi turno de eliminar la pobreza extrema y crear mayor igualdad, erar mi turno de fortalecer las instituciones y dejar una patria robusta, independiente y soberana.

Tomé la decisión de ser y crecer como empresario. Tomé la decisión de hacer una empresa que fuera orgullo y ejemplo en México y en el extranjero. Acepté el reto de comenzar de la nada y tener un proyecto de vida que generara bienestar para la sociedad.

Desde esta trinchera busqué ampliar mi ámbito de influencia. Con la conciencia de que soy una persona, en principio, buena, con una fuerte capacidad al trabajo y con fuerte conciencia social, siempre participé con los organismos empresariales, siempre en busca de promover y difundir aquello en que creo; el trabajo arduo y honesto, utilizando lo mejor de nuestras habilidades, es el presagio del bienestar.

Hace algunos meses se abrió la posibilidad de la participación política dentro de la trinchera pública. Me invitaron a formar parte del Ayuntamiento de la ciudad que generosamente me adoptó, Saltillo.

Con emoción y expectativa acepte el reto. A sabiendas que mis jornadas se duplicarían y sin la expectativa de ganar más que la satisfacción de contribuir con la sociedad, acepté. 

No niego que parte de la razón que me hizo aceptar fue la preocupación creciente de lo que se veía venir.

Hoy, seis meses después veo, con tristeza, que mi preocupación no fue en vano.

Este maravilloso país, esta tierra que adoptó a mis antepasados, este México bendito y lleno de riquezas naturales y sociales está corriendo un grave riesgo.

La mezquindad política y la simulación ha llegado a tomar posesión. Si lo dejamos, el retroceso democrático será de medio siglo, el retroceso económico y social puede ser mucho mayor.

¿En qué ha fallado mi generación? ¿En qué he fallado yo? ¿Es solo una fase que pronto terminará? o, ¿Es la historia que se repite condenándonos a la mediocridad?

No lo sé.

Hoy, algo es claro, es día de trabajar y denunciar.


EPIGRAMA.

En reconocimiento al Caído,

mis respetos al Señor.

No comulgó con la demagogia,

primero mantuvo su honor. 






OPINIÓN