Colofón
Hace 38 años, en 1988, nuestros padres nos entregaron a una sociedad vibrante, exigente e interesada: dispuesta a dar parte de su vida por una mejor nación. Hoy, nuestra generación, le entregamos a nuestros hijos una nación resignada y polarizada. Una sociedad con desconfianza, con ciudadanos que solo ven por el interés propio y son ciegos hacia los problemas y oportunidades de la comunidad.
El 1 de enero de 1994 se vivió un hito en México: la entrada en vigor de Tratado de Libre Comercio de Norteamérica.
Ese año, la generación X, quienes hoy tienen entre 45 y 60 años y son el grueso de la población en la cúspide de productividad, contaban con una edad media de 21.5 años.
El primero de enero de 1994 yo era un poquito mayor que el promedio; tenía 22.3 años y comenzaba mi vida laboral con gran optimismo por el rumbo que tomaba México.
Desde una década antes, durante mi adolescencia y temprana juventud: secundaria, preparatoria y licenciatura, la modernización económica de México y el tránsito hacia una apertura política forjaba a una generación global, optimista y orgullosa de la nación en la que México se estaba transformando.
O, por lo menos eso creímos quienes tuvimos el privilegio de estudiar en escuelas y universidades privadas, quienes crecimos con la oportunidad de conocer otros países, hablar varios idiomas y tener acceso a la tecnología que llegaría a formar la economía de la información, omnipresente en la vida actual.
El 1 de enero de 1994 se vivió un hito en México: el levantamiento en armas del Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Tres meses después se le dio un balazo en la cabeza al candidato del partido hegemónico, Luis Donaldo Colosio. Seis meses más tarde José Francisco Ruiz Massieu, secretario general del PRI fue asesinado. 1994 cerró con el error de diciembre que dio pie al “efecto tequila” el rescate de México por EE. UU., el Fobaproa e incontables tragedias personales, familiares y sociales.
Por treinta años nos aferramos al México que pudimos ser, que nos prometieron y que creímos dábamos forma y sentido. El México de Primer Mundo que nos prometió Salinas, la apertura Democrática de Zedillo, la ciudadanización política y alternancia de Fox, las reformas energéticas y final del corporativismo político de Calderón. Por último, el “Mexico Moment” de principios del sexenio de Peña Nieto nos aseguró sentar las bases para que, ahora sí, ya no hubiera vuelta atrás.
La hubo.
La generación X en México es representada por personas de increíble talento. Mexicanos que vivimos oportunidades como no hubo anteriormente. Una nación abierta al mundo con acuerdos comerciales, presencia y lazos con todas las regiones del mundo. Con un sistema político diverso y dinámico. Con instituciones de estado y contrapesos al gobierno. Con acceso a tecnología e información como nunca se tuvo en México.
Y, aun así, con todo eso, no lo logramos.
Hace 38 años, en 1988, nuestros padres nos entregaron a una sociedad vibrante, exigente e interesada: dispuesta a dar parte de su vida por una mejor nación.
Hoy, nuestra generación, le entregamos a nuestros hijos una nación resignada y polarizada. Una sociedad con desconfianza, con ciudadanos que solo ven por el interés propio y son ciegos hacia los problemas y oportunidades de la comunidad.
La, mentada, Cuarta Transformación no ha sido tal. El Movimiento de Regeneración Nacional ha representado la degeneración de la vida pública de México.
La irresponsabilidad, falsedad y cinismo de los gobiernos que, desde 2018 han dominado la vida pública del país, representan un retroceso económico y social sin precedente en un mundo que no perdona, que se ha vuelto incrementalmente complejo y que es difícil de entender.
Desde que tengo uso de la razón he dedicado energía, tiempo y dinero a la participación ciudadana. Como adolescente impulsando el Movimiento Ciudadano Cívico Mexicano (MCCM), como dirigente joven y miembro de consejos directivos de Coparmex y Canacintra, y como regidor del municipio de Saltillo y militante partidista. Por más de 15 años he participado en medios de comunicación expresando mis puntos de vista como ciudadano y empresario; consejos editoriales, programas de radio, programas de TV de opinión y discusión, y como articulista. Siempre para transformar el entorno de forma favorable para todos los mexicanos.
Con infinita gratitud hacia quienes me han apoyado y acompañado, a quienes han abierto sus medios y a las oportunidades que la vida me ha otorgado, comenzando 2026 tomo la decisión de dejar buena parte de las actividades de participación ciudadana y dedicar el tiempo a algo que no solo me emociona, sino que veo como la siguiente etapa en el esfuerzo de explicar el pasado y modular el futuro. No como analista, académico ni opinólogo. Solo escribiendo, buscando exponer sentimientos y sensaciones, explicarme y explicar, alinear el rumbo y marcar el camino.
Gracias.