Opinión
Martes 17 de Mayo del 2022 08:08 hrs

En Rio Revuelto


Las oportunidades que se abrirán serán tan impredecibles como los cambios y retos que se enfrentarán, hay que estar ligeros, libres de problemas para tomar posiciones, subirse a la ola y sacar provecho

El 2020 llegó en una época, ya de por sí, llena de cambios acelerados e inesperados. El Cisne Negro del Covid estiró al máximo los sistemas nacionales. La estructura política, social y económica de las naciones se estresó generando fisuras en los gobiernos e instituciones internacionales. Aun así, hace un año, hacia principios del 2021, teníamos la certeza del regreso a una normalidad predecible, moldeable, tolerable. Eso sí, de cambios acelerados como lo ha sido desde el siglo pasado, pero normalidad al fin y al cabo.

El 2021, contrario a lo esperado, se reveló como el año en que las fisuras creadas por la pandemia, acumuladas y acrecentadas por dos décadas de golpes al estatus quo[1], nos develan poco a poco, como el telón del escenario que se nos abre hacia el futuro, el comienzo de lo que será la historia del siglo XXI,

Hoy, hacia el fin del 2021 nadie se atreve a hacer predicciones de lo que nos espera el año que viene y los subsecuentes; el miedo, la cautela o la falta de imaginación no nos permiten predecir, con un nivel aceptable de certeza lo que será el próximo lustro.

Conocemos los problemas que se viven a nivel global tanto como en lo local. Sabemos los problemas que enfrentamos como humanidad; el cambio climático, las nuevas cepas del Covid y salud pública en general, la desigualdad social y económica, la polarización ideológica y el aislacionismo.

Conocemos los problemas que tenemos que resolver a nivel nacional, esos que, cuando creemos que se van superando a través de soluciones conjuntas, equitativas, y beneficio común, nos damos cuenta siguen enquistados, como lo ha sido por siglos, que nos mantienen anclados al pasado. Los problemas que son un lastre que nos evitan despegar; la corrupción del sistema social, político y económico, la insultante desigualdad de oportunidades por razones geográficas, étnicas y de género, la falta de una educación con enfoque de raciocinio y no, solamente, obediencia, el desprecio por el conocimiento, la ciencia y la técnica que favorece a la superchería y demagogia, y la falta de respeto al estado de derecho expresado como compromiso individual con el bienestar de la comunidad.

El 2022 será un año impredecible pero a rio revuelto ganancia de pescador; es momento de tirar el lastre de los problemas que nos aquejan. En lo personal y en lo nacional es importante, con pleno análisis de conciencia y en actitud de sinceridad intelectual, desanudar los sacos de arena. Las oportunidades que se abrirán serán tan impredecibles como los cambios y retos que se enfrentarán, hay que estar ligeros, libres de problemas para tomar posiciones, subirse a la ola y sacar provecho.

Para el 2022, en lo personal, le deseo que entre a cada puerta que se le abra, y que sean muchas las que se abran. Que las oportunidades y el provecho que pueda sacar superen con creces los cambios, retos y perdidas que le puedan llegar. Que sea agente de cambio para sus seres queridos, tomando la incertidumbre por los cuernos y, domando los miedos, transformarlos en fortalezas para galopar.

En lo nacional ya no es suficiente desear, hay que actuar decidida y contundentemente frente a quienes no quieren soltar el lastre, quieren mantener la corrupción y la desigualdad, desprecian el conocimiento y la razón mintiendo en cada oportunidad. Frente a los que se asumen el derecho y la justicia sin dejar espacio para vivir en un estado de derecho en donde todos podamos destacar.

Si el 2021 expuso las grietas, en el 2022 se abre la oportunidad de reconstruir a partir de la sociedad. Lo único certero es la incertidumbre en lo personal, global y nacional, aprovechemos la confusión de los que hoy gobiernan para que, a manera de pescador, la ganancia sea la sociedad.

¡Feliz y próspero 2022!

[1] Cuento el ataque al WTC en Nueva York como el primer impacto profundo al estatus quo y la crisis financiera del 2008 como el segundo.