Opinión
Lunes 12 de Enero del 2026 09:12 hrs

¡AL HUESO!

La era del gran patán


El ataque militar en Venezuela, con el secuestro del indefendible Maduro como punta del iceberg geopolítico de los halcones de la casa Blanca, acrecentó el ego de Donald Trump y la ONU, como la mayoría de las instituciones políticas mundiales, entraron a una zona gris y el mundo enfrenta el peor episodio de riesgo desde la crisis de los misiles.

“Condenar la dictadura no obliga a aplaudir la intervención. Se debe rechazar ambas”. Denise Dresser.

Tras el golpe político-militar de Donald Trump en Venezuela, que tuvo el secuestro del impresentable Nicolás Maduro como imagen visible, el mundo gira en torno a lo que para nuestro continente en Washington asimilan con el “América para los Americanos” de James Monroe, en tanto a nivel global se ajusta más al “Big Stick” de Theodore Roosevelt.

Lo sucedido en Caracas es solo un punto en una ofensiva geopolítica amplia, que se puede sintetizar en algunos apuntes centrales.

1.- En Venezuela, cualquier novato en inteligencia cae en cuenta que no solo hubo información precisa desde el interior, sino una franca cooperación para no activar la mayoría de los sistemas de defensa, con lo que los atacantes solo tuvieron que neutralizar los focos donde podría surgir resistencia. No hubo aviones o navíos afectados por el ataque, por ejemplo. La cúpula del “chavismo” se tragó sus rebeldías, entregó a Maduro y negoció impunidades a cambio de acceder a las ansiedades petroleras de Trump. Para el déspota son más maleables ellos que el movimiento opositor, con rostro principal en María Corina Machado. Lo dijo sin tapujos, el singular protectorado durará largo tiempo. 

Como sucedió con el inventado ataque a destructores estadounidenses en Tonkín, que uso Lyndon Johnson para atacar Vietnam, o las armas químicas que Sadam Hussein nunca tuvo en Irak, la propia justicia americana determinó que el denominado “Cartel de Los Soles” no existe y declararlo “terrorista” fue el subterfugio inventado por Trump para eludir la autorización del Congreso, requerida para un acto de guerra. 

2.- En Washington, dos personajes y sus particulares intereses son centrales en la estrategia que golpea el muy frágil orden internacional surgido tras la Segunda Guerra, que se había venido consolidando de manera lenta e insuficiente: Donald Trump y el ultraderechista Stephen Miller, su asesor de Seguridad Nacional.

Para Miller, el interés es político y doble. De una parte, recuperar con golpes de fuerza la preminencia que Estados Unidos había venido perdiendo a nivel internacional tanto por sus fracasos militares como por la expansiva influencia de la hoy poderosa China y la recuperación de Rusia, así como por el debilitamiento económico y social interno. De otra, hacia los procesos electorales próximos, cohesionar al Partido Republicano, en el cual aumentan las voces disidentes frente a los excesos del Presidente.

Para Trump, más rupestre, el golpe geopolítico diseñado por Miller alimenta su ego de emperador y un interés básicamente económico, obtener ganancias -para sí y sus amigos empresarios- con el control de la mayor reserva petrolera mundial. No lo ha ocultado, pero los mayores petroleros resisten sumarse a la aventura imperial.

Un tercer personaje, también con doble propósito, es Marco Rubio, el cubano-americano que ocupa la Secretaría de Estado y quien encabeza el equipo que toma el control de Venezuela. Lo principal, pavimentar su paso a la candidatura presidencial republicana en 2028, en lo está dejando fuera de camino al vicepresidente James Vance. Luego, interés por poner fin al régimen político de su isla natal, que quedó prácticamente a la deriva.

3.- En el orbe, de inicio frenar la creciente influencia que China ha logrado en nuestro continente, con un estilo menos cleptómano y más amable que el tradicional de Washington. Asentar, a la vez, que quienes se acerquen al bloque adversario, integrado principalmente por Pekín, Moscú y Nueva Delhi, enfrentarán el garrote con que Trump busca restituir la preminencia absoluta de Estados Unidos en el orden mundial.

El estilo brutal, que reemplaza con golpes de fuerza a la astucia diplomática, anula los débiles contrapesos que se habían erigido en torno a la Organización de Naciones Unidas, con influencia prácticamente nulificada y siempre despreciada por el estadounidense, que ha retirado a su país de la mayoría de los acuerdos e instituciones de ella dependientes.

Resultado, el organismo se ha abstenido de referirse a las acciones delictivas que se han cometido en aguas internacionales, como el secuestro de navíos, mientras la Corte Penal Internacional ha fingido ceguera ante los flagrantes asesinatos de civiles con bombardeo a más de un centenar de lanchas, que solo supuestamente transportaban droga.

Sin embargo, hay respuestas y muy peligrosas consecuencias. La acción para apoderarse del petróleo venezolano legitima las aspiraciones de control de zonas de influencia. Por ejemplo, la campaña geopolítica de Putin para apoderarse de ricas zonas de Ucrania. En ese contexto, dio una muestra de capacidad de respuesta bélica a las presiones occidentales, con el uso militar del primer misil hipersónico, aunque no cargado con explosivo nuclear. En el mismo tenor, Pekín ve fortalecida su intensión de retomar finalmente el control de la disidente Taiwán.

Peor aún, la declarada intención de comprar Groenlandia a Dinamarca -o tomarla por la fuerza- ha puesto en jaque la relación con Europa, que se ha alineado con el país escandinavo. El costo, la supervivencia de la conformación actual de la OTAN, al nivel que sectores políticos de los principales integrantes del pacto consideran incluso más serio y estable buscar un entendimiento con Vladimir Putin, a partir de la oferta de bajar presión y quitar sanciones que afectan a Rusia desde la invasión de Ucrania.

4.- En México no es necesario abundar. Allí están las agresivas declaraciones casi diarias del estadounidense y sus funcionarios, como también es fácil medir el impacto en la acentuada negación y el alimonado rostro matinal de la Presidenta Claudia Sheinbaum.

Las desmedidas acciones de Donald Trump, definitivamente, han puesto al mundo en uno de los momentos más críticos desde la posguerra, solo comparable con el riesgo de un enfrentamiento nuclear como el que se vivió con la “crisis de los misiles”, en 1962. Lejos de la gloria que busca, Donald Trump pasará a la historia como un megalómano y patán que puso al mundo al borde del abismo.






OPINION

Fuenteovejuna

¡Malosos! Que según van las detenciones de cómplices en el asesinato del alcalde Carlos Manzo, el edil y su esposa eran los únicos uruapenses no involucrados…

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