Opinión
Lunes 19 de Enero del 2026 09:04 hrs

¡AL HUESO!

Para siempre


Con un proyecto diseñado para obtener el dominio de los procesos electorales, y con ello el futuro control de todos los órganos de mando, se busca garantizar la permanencia en el poder del grupo que actualmente lo detenta. En los hechos representa la mayor traición a la democratización por la que los actuales líderes dijeron luchar.

“Huid del país donde uno solo ejerce todos los poderes: es un país de esclavos”. Bolívar.

El caso Venezuela y su devenir vuelve a reafirmar una característica desde antaño siempre presente en el accionar de los gobiernos estadounidenses, que por sobre cualquier otra consideración buscan a cualquier precio el interés propio y de sus mandos.

Cabe recordar, por ejemplo, como ante los costos humanos y económicos de su incursión en la Primera Guerra Mundial, Estados Unidos permaneció inmutable ante la barbarie de los nazis y sus aliados en Europa y Asia, hasta que el ataque japonés en Pearl Harbor les sorprendió y obligó a entrar en la Segunda Guerra. 

Lo de Venezuela es una lección más para quienes, sin hacer lo que les toca, resiliencia y acción política interna, esperan que Washington frenen los abusos iniciados por López Obrador y proseguidos por su alumna. En Caracas, la democracia quedó en el discurso, porque lo central es control del petróleo y de paso un golpe geopolítico global. Trump lo había dicho y lo reiteró después de la rastrera visita de María Corina Machado a la Casa Blanca: muy simpática, la respeto, pero es preferible la chavista Delcy.

En otra arista, pocos políticos, especialmente entre quienes han logrado ostentar niveles superiores de mandato, escapan al síndrome de la continuidad personal o grupal y por tanto actúan en función de ello, llegando hasta la traición a sí mismos al navegar a contracorriente de lo que pregonaron como sus postulados.

Es obvio que tras leer los párrafos anteriores vienen a mente pasado y presente sexenio.

Cabe recordar cómo, a contrapelo de sus movilizaciones y discursos de décadas, incluso cuando era un agitador-extorsionador en las filas del PRI, Andrés Manuel López Obrador hizo un intento indirecto para sondear la posibilidad de reelección, a través de Jaime Bonilla, malhechor que felizmente fue fugaz gobernador de Baja California.

Por rechazo estatal y nacional la tentativa no prosperó, al olerse la maniobra subyacente. La canceló en definitiva la mayoría de la anterior Suprema Corte, con su rechazo a acoger la encomienda que el indecoroso Arturo Zaldívar operó a solicitud de Palacio.

Finalmente, el bien caracterizado “mesías tropical” optó por construir una sucesión a modo, que le garantizara encubrimiento, protección para él, sus hijos y adeptos, además de garantizar la continuidad de su “pensamiento”, reflejado en atropellos, caprichos y complicidades que han sumido al país en una de las etapas más complejas de su historia.

Ese “espíritu”, que llamó transformación, caballo de Troya para la construcción de un régimen antidemocrático de largo aliento, ha sido asumido como propio por Claudia Sheinbaum y es el centro del modelo político que se busca imponer. 

Queda claro, cuando la Presidenta dice “no” hay que leer “sí”, y cuando garantiza que no habrá menoscabo de derechos ciudadanos, la realidad muestra inexistencia de un cambio sustancial o abandono de la pretensión de forzar una mayoría parlamentaria y lograr la permanencia indefinida de MORENA en el poder. Sin duda, su mayor confluencia de intereses con López Obrador. 

Ese es, en forma y fondo, el objetivo de una reforma electoral unilateral, reversiva, envuelta para engaño en los diarios métodos de manipulación, dulces con relleno envenenado: supuesto ahorro de centavos mientras usaron apoyo de la delincuencia, como usan y seguirán usando en función electoral millones de las arcas públicas. 

Vistas las actuales cámaras, más que discutir número de legisladores, necesario es buscar que lleguen ciudadanos con valor, capaces de aportar y no calienta sillas y levanta dedo.

Diferente de la reforma constitucional que llevó a la creación del primer ente autónomo, el Instituto Federal Electoral, en que tuvo decisiva participación Porfirio Muñoz Ledo como articulador de un consenso de partidos políticos, la Presidenta conformó un grupo ad hoc con miembros de su entorno para revertir esa apertura y asegurar control de poderes. Con ello la mandataria y su mentor desertan de lo que exigieron por años.

Encabezado por Pablo Gómez (“destruye la escalera por la que el subió”, dixit Aguilar Camín), el grupo diseñó lo instruido, un bloqueo de espacios para oposición partidaria o simplemente ciudadana, a fin de fortalecer a extremo el poder actual y futuro. Por ello, desestimaron cualquier opinión externa, al límite de desechar -sin siquiera leer- la tímida propuesta que durante meses de trabajo confeccionó el cooptado INE. 

Tan papistas resultaron, que la propia Sheinbaum mostró un tímido desacuerdo y en estos días ha anunciado un reestudio de la iniciativa que, cabe anticipar, no resultará en cambios sustanciales en el objetivo central, retroceder la vida política del país a las monarquías sexenales, añoranza del macuspano heredada a su pupila. 

Es entendible el triste papel de algunos de dicho grupo, como los impresentables Arturo Zaldívar y Jesús Ramírez Cuevas, pero por lo menos extraña que entre los sepultureros de la joven e imperfecta democracia permanezca sumiso Lázaro Cárdenas Batel, hijo de Cuauhtémoc, actor señero en la lucha por el cambio, o que evite toda crítica Laura Itzel Castillo, presidenta del Senado e hija de otro respetado luchador histórico por la apertura. 






OPINION

Fuenteovejuna

Malos tiempos con Trump sin límites, repartiendo prepotencia y caos. En el fondo, solo paga el karma de un imperio debilitado y en agonía. Lo dirá la historia…

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