Opinión
Sábado 04 de Diciembre del 2021 07:02 hrs

Pantalla

No se aceptan cancelaciones


Con una estrategia de estrenos escalonados las plataformas de streaming logran que la mayoría de los suscriptores mantengan sus pagos sin cancelar

El objetivo central de cualquier plataforma de streaming como Netflix, AmazonPrime, Apple TV+, Disney+, HBOMax NO es cumplir las expectativas de sus clientes con la mejor programación, su verdadero objetivo de negocio es que el cliente no cancele su suscripción. Para lograrlo deben tener una buena variedad de películas, series y documentales, pero más que eso, requieren una muy buena estrategia de programación para que nadie, ni por asomo, piense en abandonar la plataforma y deje de pagar su suscripción. Su lema pareciera ser: “No se aceptan cancelaciones”.

Una de esas estrategias es lo que acaba de aplicar Netflix con la Parte 5 de La Casa de Papel o lo que hizo hace unos meses con la serie corta Lupin.

Hace año y medio Netflix puso a disposición la Temporada 4 de La Casa de Papel con 8 capítulos y dejaron en suspenso el último episodio con un atraco en proceso al Banco de España. La pandemia se entrometió como lo hizo todas las actividades a nivel mundial y apenas hace algunas semanas liberaron la continuación de esa Temporada 4 y la llamaron Parte 5 con solo 5 capítulos, y saben qué, prácticamente no pasó nada en esos cinco episodios, pero al final ya anunciaron la Parte 6 que se estrenará a inicios de diciembre próximo.

Esa estrategia de estrenos escalonados hace que la mayoría de los suscriptores mantengan sus pagos sin cancelar, pero para cuando llegue esa Parte 6, Netflix tendrá otra serie en suspenso con la misma estrategia y jamás darán un respiro al suscriptor con el único objetivo de que jamás consideren dejar la plataforma.

La Parte 5 de La Casa de Papel es una tomadura de pelo para los seguidores de la exitosa serie, pues en esos cinco capítulos prácticamente no pasa nada. La historia dejó de ser inteligente para pasar a ser una serie con interminables secuencias de balazos y explosiones con un poco de trama y un sinfín de anodinos flashbacks para intentar entretenernos con historias irrelevantes e insulsas.

Cuando La Casa de Papel se convirtió en tendencia mundial, escribí en abril de 2020: “Cuando Netflix lanzó las primeras dos temporadas de La Casa de Papel en 2017, lo hizo sin una gran campaña publicitaria, simplemente la incorporó a su catálogo como lo hace regularmente con gran parte de su contenido. Esas dos temporadas habían ya pasado por la televisión abierta española Antena 3, y después de haberla transmitido, la adquirió Netflix y le hizo algunas adecuaciones. Reeditó la serie completa y la dejó en 13 capítulos para la Temporada 1, y 9 capítulos para la Temporada 2, todos más cortos que los originales”.

“Después de ese gran éxito de las dos primeras temporadas, pues había que sacarle provecho y hacer más temporadas. Y en realidad pensé que con dos temporadas más y 16 capítulos iba a ser suficiente para contar un nuevo atraco: el regreso de la banda encabezada por El Profesor con la historia contada en voz en off por Tokio (¿estará viva o muerta?) para robar el Banco de España; pero no fue así, concluyó la Temporada 4 y el atraco aún está en proceso después de 8 capítulos, poca acción y mucho relleno. Fácilmente pudieron haber contado lo mismo en tres capítulos, y por eso afirmo que nos quedaron a deber como público”.

En esta Parte 5 recién estrenada, de nuevo nos quedan a deber como público y apenas si hay unas cuantas sorpresas y algunas sugestivas escenas que hacen pensar que podrían incorporar nuevos personajes o tramas. Al final quedamos de nuevo con la duda de si podrán salir del Banco de España o si Tokio muere. En caso de que Tokio haya muerto, entonces me queda la duda de quién seguirá contando la historia, pues es justo Tokio quien es la narradora que en voz en off nos va contando su historia y la de la banda de atracadores a la que se incorpora.

Un acierto de la Parte 5 es que mantienen y acrecientan la empatía entre el espectador y los ladrones donde los villanos son las “instituciones defensoras del pueblo” como son el gobierno, la policía y el ejército. Seguramente esa empatía con los malos y el repudio hacia los buenos produce un efecto catártico en el público que se identifica más con los que violan la ley que con los que se supone protegen a la ciudadanía pero que en la serie tampoco juegan limpio. Ya veremos en diciembre próximo como termina la Parte 6 y sabremos entonces si La Casa de Papel llegó a su fin o si habrá una nueva temporada. Esperemos hasta entonces.

En el caso de la serie francesa Lupin, Netflix siguió una estrategia de mercadotecnia diferente a La Casa de Papel. Creo que es una de las series más publicitadas en la historia de la plataforma después de que saliera al aire la parte 1 de cinco capítulos a principios de 2021. Netflix estuvo bombardeando los medios de comunicación y las redes sociales con una gran cantidad de artículos y entrevistas sobre cuándo saldría la segunda parte y cómo terminaría. Estuvo jugando con los lectores y el público potencial de la serie como si se tratara de una superproducción original elevada a la categoría de obra de arte.

La verdad es que se estrenó finalmente después de varios meses (junio, creo) y pasó sin pena ni gloria, pues si a la primera parte le faltó desarrollar una buena historia. La segunda parte estuvo aún peor. Debo decir que sólo soporté tres de los cinco capítulos y no supe en que concluyó la serie. Creo que alargaron la historia más de lo que podían soportar los personajes. Debo decir que, como lo escribí antes, el primer capítulo de la Parte 1 El collar de la Reina es bastante bueno por lo que parecía prometedora la serie que no logró cuajar a pesar de la gran campaña publicitaria para apoyar a Lupin. De cualquier forma Netflix ya anunció una Parte 3 de Lupin posiblemente para algún momento de 2022.

Tanto La Casa de Papel como Lupin son dos buenos ejemplos de series que utilizó Netflix para evitar que los suscriptores cancelaran su membresía. Además, deja de manifiesto lo difícil de distinguir cuando se escribe y analiza una película o serie desde un punto de vista formal y crítico o cuando se trata de publicidad pagada por las plataformas para fabricar éxitos.