Opinión
Sábado 22 de Enero del 2022 21:45 hrs

Pantalla

Noche de fuego, la violencia latente en la montaña


Una película mexicana diferente y compleja por la historia que plantea, que ya obtuvo una mención especial en el Festival de Cannes y es la seleccionada por México para participar en la nominación de mejor película internacional en la próxima entrega de los premios Oscar

La película mexicana Noche de fuego, ya disponible en Netflix, nos presenta la violencia cotidiana que enfrenta una comunidad rural enclavada en una lejana montaña de México donde la siembra de amapola, junto con las remesas de los paisanos, es la fuente de ingresos y de protección para sus habitantes, actividad realizada con la complicidad de las fuerzas de seguridad.

Planteada así, se podría pensar que se trata de otra película más de narcos; sin embargo, alejada de la violencia gráfica, la directora y guionista Tatiana Huezo nos lleva por un camino más sutil pero no menos inquietante, preocupante y violento, como espectadores vemos a través de los ojos de niñas, jóvenes y madres que viven entre el miedo y la violencia latente.

En palabras de Taniana Huezo, “Noche de fuego es la historia de tres amigas que están en el paso de la infancia a la adolescencia y que crecen juntas en un pueblo en medio de la nada. Es una historia sobre lealtad, sobre amistad y lo que significa ser niña o ser mujer en su entorno, pero también es una historia que nos sumerge en la magia, en la ternura que hay en esa etapa de la vida que es la infancia (…) es intentar mirar desde esos ojos limpios, transparentes ese mundo violento, es una película que muestra una mirada honesta, una mirada combativa y rebelde frente a este contexto”.

La película inicia cuando las tres niñas - Ana, María y Paula- tienen alrededor de ocho años, y comienzan a tener conciencia del peligro que corren en su comunidad tan solo por ser niñas. Uno de esos peligros, el más delicado, peligroso y latente, es la posibilidad de ser raptadas por las bandas de trata de personas. Como medida preventiva, las madres masculinizan a las niñas y les cortan el cabello para que parezcan niños y así, dentro de lo posible, pasen desapercibidas.

Lo que la realizadora logra a través de una cámara muy presente en los rostros de las protagonistas, es que ese miedo e inseguridad permanezcan a lo largo de la película. Esa sensación de temor no es solo de las niñas sino de las madres que son las responsables de velar por la seguridad de sus hijas, pues los padres están ausentes, ya que la mayoría de los hombres del pueblo trabajan en Estados Unidos.

La historia transcurre en dos tiempos diferentes, primero cuando las niñas son pequeñas y luego cinco años después cuando ya son adolescentes. Son años eternos que viven en la cotidianidad pero siempre con el temor de ser raptadas.

Noche de fuego es una película compleja por la historia que plantea, pero también lo fue en su realización, puesto que fue filmada durante nueve semanas en un alejado lugar en la Sierra Gorda de Querétaro donde estuvieron aisladas todo el tiempo. La historia de la película es una adaptación libre de la novela Ladydi de Jennifer Clement que ubica los hechos en la montaña de Guerrero donde hay grandes plantíos de amapola.

Noche de fuego es una película mexicana diferente y difícil de clasificar dentro del cine nacional que ha logrado grandes éxitos en el extranjero, pues se estrenó en julio de este año en el Festival de Cannes donde obtuvo una mención especial en la sección Una cierta mirada. Se estrenó también en 100 salas de cine de México y ahora a través de Netflix está teniendo éxito no solo en nuestro país sino en todo el mundo; además, es la seleccionada por México para participar en la nominación de mejor película internacional en la próxima entrega de los premios Oscar.