Opinión
Martes 17 de Mayo del 2022 08:48 hrs

Terminó la Calma Chicha


En el calendario de la 4T y las aspiraciones presidenciales de instalar una hegemonía política que perdure todo el siglo, Coahuila es una aduana hacia el 2024 que le permite fortalecerse en sus bases y atraer popularidad

Durante los seis meses anteriores, entre junio y diciembre, se vivió una calma chicha en Coahuila. Con la última campanada que anuncia el año nuevo la tierra comenzó a crujir y las estructuras se empezaron a mover. El reacomodo se me figura como un Transformer que siendo el mismo ente, se trasfigura para ser diferente, pasando del modo operativo al modo de combate, toma forma de luchador y esta listo para la acción.

Con el primer segundo del 2022 comenzó el movimiento de las fichas para el 2023. En el dominó político la preparación parte de reconstruir los equilibrios que evitan locuras disidentes y ambiciones separatistas. El primer paso es cimentar la unidad que se requiere para hacer frente al partido oficial que vendrá con todo el músculo presupuestal.

López Obrador, después de haberse ejercitado en doce estados en el 21 y en seis en el 22, ante la elección de Coahuila, solamente acompañada por la del Estado de México, ve un platillo que no podrá dejar pasar, un triunfo heroico, una odisea contra los conservadores neoliberales para contar en sus mañaneras; ganar el EDOMEX es, ciertamente un triunfo memorable, pero ganar ambos estados, sacando al PRI de lo que será, seguramente, los últimos estados que gobierna sin mestizaje, es una muestra de músculo que el Presidente no estará dispuesto a dejar pasar.

En el calendario de la 4T y las aspiraciones presidenciales de instalar una hegemonía política que perdure todo el siglo, Coahuila es una aduana hacia el 2024 que le permite fortalecerse en sus bases y atraer popularidad. Para Coahuila y la nomenclatura priista que en el estado ha perdurado, perder Coahuila es tanto como quedarse huérfanos y perder su territorio, convertirse en un pueblo sin tierra ni propiedad.

Al día de hoy, el PRI, solo gobierna en 4 estados, dos de los cuales se disputan este año y no parece poderlos conservar. La carrera en Hidalgo comienza con una fuerte división del PRI entre su liderazgo nacional y el gobernador local. Al parecer la repartición de plazas con la alianza opositora, mestizaje sin el cual les sería imposible siquiera aspirar a ganar, los pone en trayectoria de ruptura. Mientras que Oaxaca ya ha sido entregada, si no en lo formal, sí en la realidad, al oficialismo que abiertamente anuncia estar tranquilo con ceder el paso al candidato ungido.

En Coahuila la historia que se va escribiendo pareciera ser diferente, el PAN, tradicional partido opositor, y sus votantes son atraídos por un PRI que se ha opuesto abiertamente al Morenismo, aunque, en la práctica, no es menos cuestionable en cuanto a sus métodos y tradiciones.

Quien ha construido la historia en las hojas de Coahuila, lo ha hecho con una habilidad inesperada, se ha visto tejiendo hebras de todos colores con fina aguja y agilidad magistral. El gobernador, heredero de doce años oscuros, tras una elección perdida, recuperada en tribunales, llegó a un estado quebrado por la deuda y la corrupción.

Inmediatamente se acercó a todos los sectores, concedió espacios, concilió intereses y se abrió a la sociedad. Construyo la legitimidad que le permitió armar el contrapeso de la Cuarta Transformación en la Alianza Federalista, sobreviviendo, con el tiempo, a los embates que la desmembraron.

Logró desmarcarse para unir a su partido, evitar disidencias y fragmentaciones, y atraer a todos aquellos que no ven con buenos ojos los intentos centralistas del Gobierno Federal Dio una muestra de fuerza en las elecciones locales de medio término ganando, incuestionablemente, carro completo.

En 2021 también se apuntó un triunfo en las elecciones federales. Sin la contundencia que tuvo el año anterior pero ante un retoque, por su naturaleza, es mucho mayor; logró mantener la unidad, atraer a votantes de otros partidos y ceder lo menos posible.

La calma chicha terminó, las estructuras de poder se reacomodan y transforman, no solo las partidistas, el movimiento también se ve en la sociedad. Aun cuanto el 2023 es solo una aduana para López Obrador, es todo o nada para quien gobierna Coahuila.