Opinión
Sábado 04 de Diciembre del 2021 08:12 hrs

Devolver ¿A Quién?, lo que nunca le fue


Para el Presidente es irrelevante ya, si pasan o no cualquiera de sus reformas constitucionales. Él las usa para generar unidad en torno a si mismo y división en torno a los que están en su contra

El Presidente piensa en términos políticos y de poder, es paciente y tenaz, necio. No mide consecuencias o, más bien, antepone el fin a los medios sin importarle el daño colateral, los muertos que dejan en el camino.

Puedo apostar que la reforma constitucional en materia energética, con la que se busca lograr lo que no logró por medios mas modestos, no pasará. Aun cuando no tengo forma de comprobarlo, apostaría que el Presidente mismo no cree que pasará.

Los obstáculos que tendría que superar esta reforma son inmensos. En la Cámara de Diputados el que pase sería porque el PRI se resquebrajó y llegó a su final. En la Cámara revisora, los Senadores, han dado muestras de contención que no tendrían razón para dejar.

Para el Presidente es irrelevante ya, si pasan o no cualquiera de las tres reformas constitucionales que anunció mandar, una por año, en lo que resta de su encargo; energía eléctrica, reforma electoral y Guardia Nacional. Él las usa para generar unidad en torno a si mismo y división en torno a los que están en su contra. Poner contra la pared a todo aquél que tenga expediente en la UIF o la FGR. Todo se reduce a mantener la mayoría, aun cuando sea simple, en el 2024. Lograr la unidad de su Pueblo frente a una oposición fraccionada y desconfiada, que le permita llevar a un delfín incondicional a ser quien reciba, de sus propias manos, la banda presidencial para continuar con su proyecto.

Es verdad que el cambio de política energética bajo la 4T ha ido ganando terreno; limitando la participación y generando incertidumbre hacia la inversión en el sector y otros, como la manufactura, que tienen una alta dependencia de la disponibilidad y costo energético. También es verdad que el cambio ha sido más lento y difícil de lo que esperaban cuando la Secretaria de Energía publicó, el 15 de mayo del 2020, el Acuerdo para la Política de Confiabilidad, Seguridad, Continuidad y Calidad en el Sistema Eléctrico Nacional, que fue fuertemente contestado, logrando amparos que llevaron a su revocación once meses después, cuando se intentó impulsar la reforma a la Ley.

Es difícil saber si la forma gradual en que se ha actuado, por parte de López Obrador, es deliberada o si es un mal cálculo y desconocimiento de la realidad. Lo que se puede constatar es que su posición se ha ido endureciendo gradualmente, ante una reacción clara del sector que ha evitado que la CFE llegue a la posición predominante deseada por el Presidente.

En lo personal creo que el punto al que se ha llegado es resultado de un mal plan de re estatización energética que no buscaba la eliminación de la participación privada, como en la realidad se tornó, sino en el control centralizado del Presidente y el poder que esto conlleva. El camino trazado por Nahle y Bartlett no dio el resultado esperado y ha entrampado a la administración en un punto en que los costos no previstos se multiplican y los resultados son imposibles. Aun así deja posibilidades que, López Obrador en su pensamiento peculiar, no puede desaprovechar.

El desastre es tal que hasta miembros prominentes del partido oficialista están buscando salida digna cuando ya no tienen mucho que ganar en el estatus quo actual. Es de destacar la posición de Ricardo Monreal, líder de la bancada oficialista de los Senadores que, mientras en marzo, al ser presentada la iniciativa de Reforma a la Ley de la Industria Eléctrica, segundo intento del Presidente de empoderar a la CFE, la defendía vigorosamente, hoy se muestra moderado, deslindándose veladamente y mostrando que no la avalará, por lo menos no como fue presentada.

Para el Presidente no hay nada que perder. En el camino de la discusión y deliberaciones tiene la oportunidad de continuar en campaña; sembrando duda, desconfianza y división entre la oposición, limpiando el camino de aquellos que no le son cien por ciento fieles y generando polarización entre la población, ofreciendo aquello que no le es posible ofrecer: “La electricidad era tuya, te la vamos a devolver”.