Opinión
Viernes 22 de Octubre del 2021 06:27 hrs

¡AL HUESO!

Irresponsabilidad Mortal


A partir del inicio de la emergencia ha sido flagrante la persistente manipulación, con suma de mentiras y medias verdades, así como manejo político de la información, de las medidas y los recursos, para encubrir esa irresponsabilidad y sus lamentables resultados

“Entre un gobierno que lo hace todo mal y un pueblo que lo permite, hay una cierta vergonzosa complicidad”. Víctor Hugo.

Desprecio por la ciencia y testarudez.

Dos ingredientes nefastos para cualquier decisión gubernamental, en el México de hoy explican el infamante fracaso oficial en el control de la pandemia de COVID-19 y, peor aún, la reiteración de los errores.

Así lo dejó claro una vez más el informe oficial del INEGI acerca del impacto de la pandemia en el pasado 2020.

Desde la alegoría a la magia, con la presentación desde la tribuna presidencial de los detentes, los tréboles de cuatro hojas y el billete de dos dólares, hasta rechazar la vacunación a los niños porque según él Presidente no contagian, ya que su hijo no lo hizo, hay una constante de irresponsabilidad en el manejo de la más grave crisis de salud que ha enfrentado el país.

A partir del inicio de la emergencia ha sido flagrante la persistente manipulación, con suma de mentiras y medias verdades, así como manejo político de la información, de las medidas y los recursos, para encubrir esa irresponsabilidad y sus lamentables resultados, o para sacar raja electorera de una tragedia que “vino como anillo al dedo”.

Esas conductas perversas y el incalificable daño ocasionado quedan al trasluz en las cifras:

La comparación de los datos históricos y su proyección en materia de mortalidad para 2020 con los aportados por la Secretaría de Salud, llevó al Instituto a establecer que mientras las autoridades fijaron en 148 mil la cifra de fallecimientos registrador por COVID-19 a diciembre, lo real es que fueron 201 mil.

Hay, por tanto, una diferencia de 35.3%, que aplicada a la cifra de 240 mil decesos que al cierre de junio reportó el Gobierno de México a la OMS, lleva a por lo menos 324 mil el número real de muertes causadas por el virus, lo que mantiene al país en el cuarto lugar de la oprobiosa lista a nivel mundial.

Cabe recordar, al iniciar la crisis López Gatell determinó que según su experiencia debíamos esperar alrededor de 6 mil muertes y 60 mil serían un escenario definitivamente catastrófico.

Las cifras oficiales del INEGI muestran que hubo 54 veces más fallecimientos que el mínimo presupuestado y 5 veces más que el nivel considerado un desastre.

Aún más, en el propio gremio médico se reconoce necesario sumar a los 324 mil un número importante de fallecimientos a los que en la primera etapa se les adjudicó como causal padecimientos distintos a los del COVID.

Y ese “científico”, verdadero clown de la corte cuatroteista, es mantenido al frente de una supuesta fórmula de control que a todas luces es la anti-estrategia del “sálvese quien pueda”, aunque López Obrador lo pregona como uno de los mejores epidemiólogos del mundo y pide para él un reconocimiento.

De allí que resulte plenamente justificada la adopción de medidas más severas de prevención y control, como las anunciadas por el Gobierno de Coahuila y de otras entidades, cuando desde la cúpula federal se repite el error de soslayar la gravedad de la nueva embestida del virus y se insiste en el “no es tan grave”, mientras los contagiados vuelven a saturar hospitales públicos y privados.

La prevención está basada, además, en que con seguridad de nueva cuenta las entidades estatales deberán cargar a sus castigadas finanzas el costo de la irresponsabilidad del centro en el manejo de la crítica situación.

Como siempre, las cifras duras que acorralan a “los otros datos” terminaron por atrapar a los López -Obrador y Gatell- en sus falsedades, sin que ello les impida insistir en los mismos errores.

Y con reiterada testarudez, como lo demuestra lo absurdo del reciente úcase:

“Llueva, truene o relampaguee, habrá clases presenciales en agosto”.