Opinión
Viernes 22 de Octubre del 2021 05:48 hrs

Las Fichas en el Tablero


La pelea ya comenzó y es de todos los días; el Presidente, ni tardo ni perezoso, mueve sus peones, dispara metralla y manda buscapiés. Mientras la oposición, algo aletargada, va acomodando sus fichas también

La elección del 2018 reconfiguró, por mandato popular, el balance de poder en México; sacudió el sistema de partidos y puso en riesgo el avance institucional. El 6 de junio se niveló un poco el tablero y demostró que México todavía quiere libertad y democracia institucional.

Es la elección constitucional, federal o local, no las ocurrencias del Presidente, lo que da el mandato real en la dirección de la nación. En septiembre, octubre y noviembre se instalarán las fuerzas que elegimos, aquellas que definirán el futuro que nos espera; diputados y gobernadores, congresos locales y gobiernos municipales que definirán el futuro del país.

La calma chicha que vivimos hasta la instalación de la legislatura LXV nos previene de la tormenta que se deja venir. La conquista que se busca es la elección presidencial junto con el Congreso, diputados y senadores, federal. Vienen dos grandes batallas, gubernaturas y diputados en seis estados en el 2022 y en dos en el 2023.

La pelea ya comenzó y es de todos los días; el Presidente, ni tardo ni perezoso, mueve sus peones, dispara metralla y manda buscapiés. Mientras la oposición, algo aletargada, va acomodando sus fichas también.

Morena, el fiel del Presidente, suma cuatro diputados a su bancada, pasa del 39.6% al 40.4% de representación en San Lázaro, 0.85% de por encima de los votos que obtuvo solo y en alianza. Son los primeros movimientos y seguramente habrá mas. Poco a poco, hablando al oído y apretando botones, se acercará y buscará rebasar el límite de sobrerrepresentación de 8%, aun cuando el INE, avalado por el TEPJF, reglamentó para asegurar que se cumple como dicta la constitución.

La lucha por el poder se juega en dos frentes a la vez: el legislativo, donde se definen las reglas del juego y se cargan los dados con las mayorías que se puedan ejercer, y el territorial, donde los gobiernos estatales y el de la CDMX son un contrapeso al de los poderes de la federación.

El conflicto más amargo es el de la Ciudad. La jefa de gobierno, que perdió la elección al perder importantes alcaldías, actúa como mercenario del poder ante los alcaldes electos que se agrupan y reaccionan.

El Presidente no deja pasar oportunidad para luchar en los territorios, invita en acto público a Antonio Echevarría, gobernador saliente, promovido por el PAN, en Nayarit, a su gabinete. Aun en funciones, sin saber si lo invitan para ser florero o trapeador, ya aceptó. Se especula que le soltaron un “copelas o cuello” antes de la elección. Al parecer cooperó y ya no tiene a dónde más ir.

A Quirino Ordaz de Sinaloa, militante activo del PRI, se le hizo una oferta similar. El fue más discreto y tuvo la decencia de no aceptar, por lo menos públicamente, la invitación al auto exilio temporal.

La Alianza Federalista, el contrapeso territorial que operó en los pasados tres años, se reagrupa buscando no desaparecer. De entrada pierden a dos integrantes, Colima y Michoacán, esperan no perder a Jalisco, que no es de aquí ni de allá. Ponen grandes esperanzas en sumar a Chihuahua, donde Maru Campos, con todo en contra, triunfó.

Líderes y presidentes aseguran que hay unión en la oposición, que una golondrina no hace verano; que los contrapesos se van a mantener. Aseguran que la maña presidencial no los tentará o cooptará, que lograrán aguantar, contraatacar, tomar posiciones y no dejarse vencer, que el orgullo e interés nacional dominará sobre el miedo y la avaricia personal.

Las fichas no se han terminado de acomodar en el tablero y, aun cuando la contienda comenzó, no se han mostrado, ni las primeras cartas repartidas.

Tres años nos esperan de ataque y contra ataque, de confrontación y agresividad. No se nos debe de olvidar, que el jugador que importa es el mexicano. No es el presidente ni el gobernador, no el legislador ni el alcalde, el ciudadano es el jugador que debe de ganar. En la contienda no nos demos por excluidos, tomemos posiciones y exijamos que se represente, en el triunfo o la derrota, la decisión que sea mejor para la sociedad.