Opinión
Viernes 16 de Abril del 2021 19:17 hrs

¡AL HUESO!

L’État c’est moi


López Obrador teme que en las elecciones de junio se pierda la fácil mayoría actual, que le permitiría llevar a México en forma cómoda al pasado de sus sueños opiáceos

“El más revolucionario acto de un observador es decir siempre en voz alta lo que realmente esta ocurriendo”. Rosa Luxemburgo.

Émulo del rey francés Luis XIV y su “el Estado soy yo”, el Presidente se ve en estos días muy nervioso y en extremo irritado, como denota la incontenible agresividad de su verbo.

Es el precio de ejercer un gobierno unipersonal, con un equipo lleno de floreros que -salvo el “todoterreno” Ebrard y el todólogo Secretario de la Defensa- se cobijan en la sombra y permanecen ausentes y mudos.

Motivo central de la inquietud, su proyecto electoral para el 6 de junio comienza a recibir los primeros torpedos y no tiene elementos para calafatear los boquetes en sus planes.

Hace medio mes, desde Palacio se impulsó la difusión de la encuesta de Consulta Mitofsky, realizada a inicios de febrero, que midió una aprobación de 59%, pero en marzo los sondeos del propio gobierno muestran una, para ellos, preocupante tendencia a la baja.

Son varios los factores principales detectados en esas mediciones que lo explican.

En el ámbito poblacional general, la irresponsabilidad ante la pandemia y principalmente el fracaso en el plan de vacunación. En el primer caso, México a la cabeza del índice de mortalidad por habitantes y con una cifra real -reconocida en lo oscurito- cercana a 400 mil fallecidos.

En el segundo, el caos de un programa de inmunización electoralizado, que despreció al sector salud, pletórico de cifras mentirosas, con una cauda de fallas. Como consecuencia, menos del 10% de la población objetivo inmunizada y la vergüenza de que sea más fácil, para los que pueden, acceder a una vacuna en Estados Unidos.

De clase media hacia arriba, le pesa gravemente el enfrentamiento con las mujeres y la absurda defensa de Salgado Macedonio; la retrógrada contrarreforma eléctrica y las amenazas a jueces que aceptaron su inconstitucionalidad; la embestida contra el INE, árbitro electoral que no se ha doblegado.

En los sectores de bajos ingresos, junto con la lejanía de la vacuna ha impactado centralmente el precio de los combustibles, para ellos la mayor mentira del Presidente que en campaña y desde Palacio Nacional aseguró y comprometió que su costo no se vería elevado y está alcanzando los máximos históricos.

Revelan también esas encuestas oficiales la vertiginosa pérdida de confianza de los inversores internos y externos, lo que -el Presidente lo sabe- auguran pérdida de actividad económica y de empleo.

En lo político se suma el descontrol en su partido, MORENA, con luchas tribales de las que en este momento son fiel reflejo la imposición de candidatos sin arraigo partidario y el corte de camino para Porfirio Muñoz Ledo.

Todas estas condicionantes preocupan a López Obrador, porque teme que en las elecciones de junio se pierda la fácil mayoría actual, que le permitiría llevar a México en forma cómoda al pasado de sus sueños opiáceos.

Sobre todo, le preocupa tener que bregar con una oposición fortalecida por el rechazo al actual gobierno, en una repetición del fenómeno socio-electoral que lo llevó a él mismo al poder.

Cuando la suma de fracasos ya pesa en los segmentos económicos más bajos, a ojos ciudadanos existe un único responsable, el Presidente, que con su autoritarismo asume todas las decisiones y así lo pregona.

Se comprobó en su visita electoral a Coahuila. El fervor inicial que concitaba se apaciguó y la inconformidad creciente lo han llevado a tomar distancia de la ciudadanía e incluso, como sucedió en Tabasco, a huir por la puerta trasera de las manifestaciones de protesta de sus propios paisanos.

“Ni quien lo defienda, el mismo se lo buscó”, decían antaño las abuelitas.