Opinión
Sábado 20 de Julio del 2024 19:42 hrs

Los Incentivos


Pero ¿Cuál es el valor de disciplinarse a un camino que no ofrece el acceso al poder? Que no puede ofrecer un halo protector efectivo o la satisfacción personal. ¿Qué motiva la férrea disciplina de los asambleístas del PRI ante esa dirigencia nacional? ¿Es, solamente, la garantía de las prerrogativas partidistas que todavía pueden esperar recibir?

No tengo pruebas, tampoco dudas: Alito Moreno y Rubén Moreira tienen grandes incentivos para aferrarse a la dirigencia del PRI. Tienen un enorme miedo a perder el control y con ello, su libertad. 

Lo que no se entiende es ¿Cuál es el incentivo de los que les aplauden vigorosamente y lanzan ovaciones a todo pulmón? ¿Cuáles son los incentivos de esos ciudadanos para seguir apoyando a personajes que, en el mejor de los casos, carecen de la humildad y el sentido de vergüenza que los llevaría a hacerse a un lado y dejar el paso a nuevos, más preparados, menos desacreditados, liderazgos?

En la mayor parte del territorio mexicano, las estructuras locales que sustentan el acceso al poder y la forma de vida en la actividad pública, que alguna vez tuvo el PRI, se han transformado, ahora son de Morena. 

Si bien personajes como Enrique de la Madrid, Aurelio Nuño, Beatriz Paredes e Idelfonso Guajardo dieron un sentido de respeto y certeza a esa parte de la oposición, el fast track directo de gobiernos priistas y estructuras locales hacia Morena descubría algo descompuesto, algo que apesta, en las entrañas de la octogenaria institución. 

Ante la sociedad se ha evidenciado que el salto mortal, con doble giro, que han dado muchos priistas, traicionando todo lo que habían sostenido hasta poco tiempo atrás, no era ya por la búsqueda del poder, sino por la procuración de su libertad. El saltar a Morena no es, para los priistas que lo emprenden, la oportunidad del futuro, sino la contención del pasado. 

A estas alturas, en contadas excepciones las estructuras locales del PRI pueden dar resguardo a las fuerzas políticas y burocráticas. Coahuila es una de esas excepciones y un vestigio viviente de la cultura, por un lado, sumamente fuerte y, por el otro, de gran fragilidad, que se construyó en un mundo diferente. 

La disciplina priista ha sido su más grande músculo y, a la vez, su principal cáncer. La disciplina priista, ante liderazgos responsables y conscientes, es un activo invaluable: permite la ejecución de la política pública con resistencia mínima.

Si la política pública es buena: hecha a conciencia, con el interés público como primera prioridad, basada en realidades y ejecutada de forma honrada, el resultado es notoriamente bueno.

Si la política pública es deficiente: formulada de manera deshonesta, con el interés personal como principal prioridad, despreciando la información y la opinión de los expertos, el resultado es, por el mismo efecto multiplicador de la vida pública, catastrófico. 

Coahuila es un buen laboratorio; tenemos ejemplos de los dos lados: liderazgos que han creado un estado fuerte, que otorga a sus ciudadanos una calidad de vida excepcional, apoyados por una clase política disciplinada y eficiente. Y liderazgos que han sumido al estado en deudas impagables, tragedias innombrables y descredito nacional, encubiertos por funcionarios que se tragan la vergüenza sin gesticular.

En Coahuila se puede ver que, cuando la ruta de accesos al poder tiene un solo carril, la disciplina de mantenerse en él es el valor más importante. 

Pero ¿Cuál es el valor de disciplinarse a un camino que no ofrece el acceso al poder? Que no puede ofrecer un halo protector efectivo o la satisfacción personal. ¿Qué motiva la férrea disciplina de los asambleístas del PRI ante esa dirigencia nacional? ¿Es, solamente, la garantía de las prerrogativas partidistas que todavía pueden esperar recibir?

Puede ser… puede ser que sepan que por ello recibirán su sueldo, que son empleados de una empresa donde el producto son los vítores y levanta manos en el momento oportuno. Puede ser que sepan que el PRI, una institución que fue de orgullo nacional, forjadora de la historia y el presente nacional, es el primer partido en la historia de México que ha transitado a negocio particular, al estilo del Verde, MC, el PT. 

Ante los ciudadanos podrá parecer un escándalo, pero, en realidad, la crisis no les ha llegado a los partidos políticos mexicanos: mientras les mantengamos los mismos incentivos, mientras tengan financiamiento público y, los líderes, la prerrogativa de distribuir nombramientos, candidaturas, plurinominales, prerrogativas y cargos, qué más da si se es un partido chico que no representa ningún grupo social o un partido grande que puede abusar de toda la sociedad. 






OPINION

Fuenteovejuna

Al estilo López Obrador, como si no hubiera contradicción con lo que dice y hace, Donald Trump promete que acabará la guerra en Ucrania y traerá paz al mundo…

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