Opinión
Jueves 16 de Septiembre del 2021 13:58 hrs

¡AL HUESO!

A la Historia, Pero Otra


A partir de un muy somero análisis de lo que han sido sus resultados en estos tres años de administración, seguramente pasará a la historia como cabeza de un fracasado gobierno populista, que estafó y defraudó a decenas de millones de mexicanos con una catarata de promesas fáciles, las que doña realidad ha demostrado incumplibles

“Las mejores promesas son las que no hay que cumplir”. Joaquín Sabina.

Aspiración manifiesta del Presidente, acentuada a partir del día en que arrolló en la elección de junio de 2018, asegura que marcará un hito en la historia política del país con su Cuarta Transformación, colocándose a la altura de los héroes patrios como de Madero, Juárez y Cárdenas.

Seguramente influido por su esposa, detentadora de una peculiar visión de la historia que ha causado hilaridad y/o problemas internacionales, no ha desperdiciado oportunidad de decirlo en público y en utilizar las imágenes de los próceres como símbolos de respaldo en diversas apariciones públicas.

Sin embargo, a partir de un muy somero análisis de lo que han sido sus resultados en estos tres años de administración, seguramente pasará a la historia como cabeza de un fracasado gobierno populista, que estafó y defraudó a decenas de millones de mexicanos con una catarata de promesas fáciles, las que doña realidad ha demostrado incumplibles.

Para refrescar la corta memoria, bastaría lo más relevante, economía y militarización, donde la distancia entre sus palabras y los hechos generan vergüenza hasta en sus “otros datos”.

Aseguró que su estrategia económica, que ha resultado contrapuesta con la lógica más elemental y ha causado la huida de dos secretarios de Hacienda, nos llevaría a un crecimiento sostenido del PIB con niveles de 4% anual, el doble del de los sexenios anteriores.

Es necesario reconocer que la pandemia, como en todos los países, tuvo un fuerte impacto negativo y de acuerdo con cifras del Banco de México registramos una contracción del 8.5% por ciento en 2020, que en la economía popular fue dolorosamente mayor. La justificación no funciona cuando se observa que ya en 2019, cuando el virus aún no nos atacaba, se cerró el año con un descenso de 0.3%, según datos actualizados.

La causa, lo ha venido señalando discretamente Carlos Urzúa, el primer encargado de Hacienda que dice haberse desmarcado a tiempo, son las decisiones irracionales y sin sustento financiero que han puesto la economía en picada, como por ejemplo la atrabancada embestida contra el outsourcing, que en plena pandemia acrecentará la crisis de desempleo.

Si a la fijación del Presidente de retrotraer PEMEX al pasado se suman decisiones como las que toman Manuel Bartlett y Rocío Nahle con el hígado inflamado, tampoco se cumple el compromiso de campaña de dar seguridad a la inversión nacional y extranjera.

Prueba al canto, datos también del BANXICO indican que en este año se han retirado del país 138 mil millones de pesos correspondientes a capital externo y se explica también la creciente molestia del empresariado de nuestro principal socio. Representantes de los dos partidos estadounidenses, republicanos y demócratas, han instado al Presidente Biden a actuar frente a las violaciones al TMEC que representan las decisiones de López Obrador.

Seguramente a fines de año habrá jactancia por un “crecimiento” cercano a 4% en el PIB, que realmente será solo una modesta recuperación de 50% de lo que perdimos.

En cuanto a la militarización, entre lo dicho desde antes del proceso electoral del 18 y lo que ha sucedido a simple vista, la distancia se quintuplica y el prometido regreso de las fuerzas armadas a los cuarteles se contrapone con su abrumadora presencia en todos los órdenes de la actividad civil, donde su presencia no resuelve los fracasos de políticas erráticas y decisiones desatinadas, pero si limita los controles ciudadanos.

Sin entrar al tema de los señalamientos a familiares del mandatario o integrantes de su círculo, esa entrega de responsabilidades atenta contra otro gran compromiso, la trasparencia para evitar corrupción, dado que, si bien ha imperado en todas las áreas del gobierno la adjudicación directa de contratos de obras y adquisiciones, el mayor rango está en el Ejército, con lo que ello representa en nebulosidad.

Y así sucede igualmente con la salud. Lejos de encaminarnos al utópico nivel de Dinamarca, la puntada de reemplazar lo que ya funcionaba -y aceptablemente bien- nos llevó al desastroso manejo de la crisis COVID-19, que con dramas adicionales como la carencia de medicinas para tratar el cáncer infantil, nos acerca al nivel de una colonia africana en los inicios del pasado siglo.

Y así con el retroceso en seguridad, en el deterioro de imagen y pérdida de prestigio de México en el exterior, la vulneración del Estado de Derecho, el combate a la pobreza (lejos de disminuir se ha incrementado), la regresión en energía y sin continuar el rosario, hasta la no venta y no rifa del avión que ahora promocionan para ágapes de los poderosos.

Ante ese escenario gris, que muestra sobre todo improvisación, irracionalidad e incapacidades que empujan al país a un mayor deterioro, sorprende la lenta disminución en el apoyo popular al Presidente, que aún se mantiene en niveles de poco más del 50% y en ello los politólogos advierten responsabilidad de una oposición contestataria, entreguista e incapaz de originar nuevos liderazgos o propuestas de viabilidad.