De escopetas y pistolas: el día que rompieron un país
No lo hubiera imaginado mejor el mejor de los guionistas: la encarnación de todos los vicios, desplantes, desvíos y cara dura de la oposición, llegó hasta las manos contra un peso pesado de un movimiento que, irónicamente, tiene inmovilizado al país
Había una vez una pistola sobre una mesa, y estaba cargada.
Saqueados venimos desde la conquista, polarizados llevamos desde 2006, quebrados por la partidocracia desde principios de siglo, sometidos por el crimen organizado desde cada rincón del país, y además, devastados una y otra vez por la madre naturaleza. Pero nunca se había sentido una nación rota, hasta hoy.
Las imágenes son reveladoras y son la retórica perfecta: la oposición, rebasada por su miopía, sus malos gobiernos y su pésima estrategia, en francas patadas de ahogado, se enfrasca en pelea a mano limpia (decir mano limpia lleva toneladas de sarcasmo), contra un régimen encaramado sobre un pedestal de cuachota, manchado también por malos gobiernos y presuntas asociaciones delictuosas…pero con una estrategia de manual.
No lo hubiera imaginado mejor el mejor de los guionistas: la encarnación de todos los vicios, desplantes, desvíos y cara dura de la oposición, llegó hasta las manos contra un peso pesado (darle a “pesado” cualquier significado) de un movimiento que, irónicamente, tiene inmovilizado al país: con la soberbia de tener el sartén por el mango, con la prepotencia de quien luchó por un ideal colectivo que luego choca con una realidad materialista de pronto accesible en lo particular, con la dualidad moral de ser irreverente en todo caso y lugar, pero que nadie le sea irreverente a ellos, y un montón de estampas más, endosables a buena parte del régimen.
Pasemos de largo los dimes y diretes armados desde la estridencia narrativa que tan buena es para atraer audiencias pero tan nociva para acercarnos a la verdad, asumiendo que ésta exista; dejemos de lado los intercambios parlamentarios del miércoles pasado, publicados fuera de contexto por unos y otros, tanto por los chayoteros del régimen como por los ignorados del presupuesto, así como por fachos y chairos, por verdes, azules, rojos, guindas y naranjas, por diestros, mancos y zurdos, por quiénes acompañan el desayuno con huevos fritos o estrellados, con huevos duros o tibios. Vayamos mejor al fondo.
La oposición no concibe ser mayoriteada en ambas cámaras y en toda coordinación parlamentaria, así como no acepta ser ignorada por el ejecutivo al tiempo que es desplazada de presencia e influencia en el poder judicial; en pocas palabras, a la oposición por fin le cayó el veinte de que no tiene peso ni poder, y lo peor del caso, ni base social para reinventarse; y por lo tanto, ha quedado a merced de las sobras y migajas de un régimen que va entendiendo la lucha de poder hacia adentro, ya no hacia afuera.
Cualquier persona que haya tenido algo y luego lo haya perdido, puede entender a Alito manoteando, al porro juvenil lanzando uppercuts y a Rubén, quizá por primera vez en su ilustre y acomodada trayectoria, sin saber qué hacer para permanecer en pie…aunque luego su instinto lo lleve a amedrentar (al menos corporalmente) a alguien tirado en el suelo cuya camisa coincide con el color más nacionalista, así sea cuestionable su presencia en la tribuna. Preciosas imágenes de políticos tumbando, pateando y amedrentando a un ciudadano, mientras Noroña, que pudo defenderlo por lealtad y congruencia, prefirió guarecerse primero detrás de otros, y luego tras una puerta por la que solo unos cuántos tienen acceso para salir, valga con el oxímoron y la analogía.
En el contexto de la escritura existe algo llamado el Principio del Arma de Chéjov, y éste dice que si el autor pone un elemento destacado en las primeras escenas, ese elemento deberá cumplir una función en algún momento de la obra; vayamos pues a la pistola sobre la mesa y porqué se rompió el país:
En esa estrategia de manual implementada por la 4T pero tan desdeñada desde el arrogante supremacismo de sus detractores, siempre existe el cañón de una escopeta apuntando a la cara de la oposición; las municiones, por supuesto que son la gruesa, larga y lanuda cola que cualquier mexicano metido en la política arrastra. Moneda de cambio, siempre que la oposición tenga algo para negociar, cosa que hoy no tiene, y de ahí la rotura que hoy padecemos. Y es que, ante una escopeta cargada de ayeres que el régimen siempre puede utilizar contra propios y extraños, llegó el día en que la oposición, arrinconada, debilitada, desargumentada y desahuciada, decidió tomar una pistola en sus manos, ponerla contra su sien, y apretar el gatillo; todo ante cámaras y testigos, en la máxima tribuna de la nación. Y la 4T, sin necesidad de disparar la escopeta, que con la naturaleza de su explosión expansiva, alcanzaría también a muchos de sus más distinguidos miembros.
Lo triste para los millones de mexicanos que desde nuestros trabajos e intereses independientes a la grilla política, decidimos en el año dos mil y en el 2018 darle un giro al rumbo del país, hoy nos quedamos sin representatividad opositora o equilibrantes ante un régimen, que al asentarse como gobierno sin oposición, se transforma también en tiranía ideológica para efectos de políticas públicas, así griten, salten e invoquen a quien deseen los locos y las locas del senado.
Sin duda, a partir de hoy, la lucha del poder político en México se define dentro de la 4T, ya no queda nada afuera de eso. Será más factible ver a una oposición surgida del partido en el poder, que desde lo que han dejado los alitos, anayas, chuchos y demás caricaturas de lo que algún día, fueron los Clouthieres, Cárdenas, y, nomás por ser parejo con lo que resta de oposición, los Colosios.
Hoy duele ser mexicano.