Opinión
Sábado 22 de Enero del 2022 21:00 hrs

Informe; ¿Transparencia?


La verdadera celebración es cuando la sociedad pregunta, cuestiona, analiza y pone en tela de juicio, cuando la autoridad, una vez pasado el informe, responde con apertura, diligencia y oportunidad

Hoy se cumplen tres años de que el Presidente llegó al poder. Por la tarde dará, si no me fallan las cuentas, su décimo tercer informe al pueblo de México. Regresará a los actos masivos y a la verbena popular, celebración en el Zócalo capitalino sin obligación de uso del cubre bocas ni límite de asistentes.

Ayer el gobernador de Coahuila dio su cuarto informe de gobierno. De manera más ordenada y tradicional, el cuarto en cuatro años, al pueblo Coahuilense, frente a su representante, el Poder Legislativo, los diputados locales reunidos en el Congreso de Coahuila, y lo pocos invitados especiales que, por lo reducido de la sala de plenos, solo se reserva a la crema y nata estatal.

El viernes el alcalde de Saltillo presenta su informe al cabildo municipal; en una sesión que, aún cuando pública, solo es atendida por medios y uno que otro despistado que iba pasando por el lugar. Eso sí, no falta unos días más tarde la celebración partidopopular. Para él ya es la última, se despide para emprender la campaña hacia el siguiente peldaño en su escalera política. No se sabe cuándo ni dónde, pero garantiza ser algo sin igual.

Y así, a lo largo de la nación, cada gobernante a su manera, en la tradición que los precede, la posibilidad y la necesidad, nos presumen sus logros y compromisos cumplidos, en una fiesta de optimismo, celebración de culto y reverencia al protagonista. Muy diferente, a simple vista, que el besamanos de López Portillo, de la Madrid Hurtado y Salinas de Gortari, a quienes les tomaba horas solamente poder llegar al estrado, en el fondo es igual, los crece, levanta del piso y los hace flotar.

No hay informe de gobierno malo ni que sea perjudicial. Si los datos no favorecen se ajustan las escalas o se desecha la información; el equipo que los prepara evita dar datos falsos, todo se tiene que poder sustentar, solo es cuestión de matizarlos, el informe no es para informar, es para celebrar la carrera política y construir una imagen de legitimidad popular. Los políticos más valientes tocaran, con matices de optimismo, los retos del momento y los pendientes por concluir.

Solo unos pocos mienten abiertamente, se escudan en su popularidad que los sostiene en un halo de incorruptibilidad. Pero la mayoría no tiene el estómago para hablar con tal frivolidad y saben de que sus contrapesos los pueden desmentir, exponiéndolos y acelerando su descrédito político.

Al final, para el ciudadano, el Informe llega y se va, pocos se acuerdan de lo que se dijo al día siguiente que se regresa a la realidad; lo importante no es lo que se dice, es lo que no se dice lo que los ciudadanos deberíamos de cuestionar.

Si la obra se termina, ¿Cuál fue el sobreprecio que se ejerció? ¿Cuál es la calidad de los materiales y la ejecución? ¿Concuerda con una planeación a largo plazo, o es un capricho del gobernante en el momento? ¿Se hizo con todas las de la ley, respetando las disposiciones legales? ¿Están correctamente estimados los beneficios y la vida útil? ¿Se exigió cohecho a los contratistas y proveedores?

Si la política social se presume, ¿Los beneficiarios son legítimos por su condición y necesidad? ¿Se usó electoralmente para beneficiar a un partido o gobernante? ¿Se operó de forma eficiente evitando desvíos y sobreprecios? ¿Atiende el problema de forma integral otorgando soluciones a largo plazo y no promesas momentáneas?

Si la seguridad, la educación o la salud mejoraron, ¿La población puede dar fe y testimonio de la mejora en calidad de vida? ¿Se respetaron los derechos humanos y legales, se exigió el cumplimiento de las responsabilidades, para servidores públicos y la población? ¿La mejora es de largo plazo, sostenible? ¿Es incluyente?

No nos equivoquemos, el informe es fiesta para uno, la verdadera celebración es cuando la sociedad pregunta, cuestiona, analiza y pone en tela de juicio, cuando la autoridad, una vez pasado el informe, responde con apertura, diligencia y oportunidad. Cuando la transparencia en la información hace irrelevante el informe y le deja, al político, tener su fiesta en paz.