Opinión
Sábado 04 de Diciembre del 2021 07:53 hrs

¡AL HUESO!

Un Gobierno Esquizofrénico


El caos y las insuficiencias en los organismos de salud han hecho crisis en el presente sexenio, castigando especialmente a la población de ingresos medios y bajos, dado que pesa directamente en sus ingresos

El optimismo es el mal que termina por anular la necesaria rebeldía”. Jean Paul Sartre.

Dos momentos: Las fotografías del paro laboral -“momentáneo” calificó el Presidente- en la construcción de la refinería en Dos Bocas y la de una madre arrodillada, suplicando a una legisladora de MORENA su voto para obligar al Gobierno Federal la compra de medicamentos para menores con cáncer.

Dos imágenes del martes pasado que hicieron patente los contradictorios efectos de un capricho con una vorágine de costos, impulsado a contracorriente desde el poder, y en contraparte las dolorosas urgencias de la población.

En Tabasco, protesta por deuda de salarios que califican “de hambre” y negativa a pagar horas extra en un proyecto de malgasto que se empuja a matacaballos.

En CDMX, dolor de una madre que ve como lejos de llevarnos a un nivel de Dinamarca, según prometió desde el púlpito matinal, el reemplazo del Seguro Popular por el INSABI –“quien sabi”, parafrasean- realmente colocó al sistema de salud en otro extremo, cerca de los países más pobres y desorganizados.

El caos y las insuficiencias en los organismos de salud han hecho crisis en el presente sexenio, castigando especialmente a la población de ingresos medios y bajos, dado que pesa directamente en sus ingresos.

De acuerdo con el más reciente informe del Índice Internacional de Competitividad, desde 2018 México ha registrado sucesivas caídas en este rubro y hoy se encuentra en el lugar 37 entre 43 naciones evaluadas y dos son los factores centrales que marcan el retroceso del país: energía y salud.

En energía -con medición anterior al previsible retroceso si se aprueba la contrarreforma- la mala calificación obedece a que el avance en generación de electricidad limpia ha sido lento y mientras el compromiso firmado en el Acuerdo de París es llegar a un 35% del consumo total en 2024, solo se registra un 21% en la actualidad y no habrá cumplimiento.

En salud, porque lejos de encaminarnos a niveles de países desarrollados, como comprometió el Presidente, la realidad es que vamos a ojos vista en retroceso y mientras en esas naciones de referencia el gasto particular en medicina representa el 14 por ciento de los ingresos, en México la cifra se ha elevado a 42 por ciento.

Un retroceso abismante si se toma en cuenta, por ejemplo, que hace poco más de un lustro se efectuó en Coahuila un muestreo sobre acceso de los trabajadores a los sistemas de salud, principalmente en el caso del IMSS, y los resultados mostraron que, en general, las familias de salarios medios hacia abajo gastaban entre 18 y 22 por ciento de sus ingresos en atención privada o medicinas.

El estudio mostró que lo hacían no solo por considerar de mejor calidad la atención privada, sino por el agobiante burocratismo, las insuficiencias en equipos e instalaciones y sobre todo por el desabasto de fármacos.

De acuerdo también con un recuento internacional, México se encuentra al final de la fila en el nivel de gasto público destinado a la atención de la pandemia de COVID-19, pero también a la cabeza en el nivel de fallecimientos reales atribuibles al virus.

Con base en los “otros datos” del propio gobierno, la cifra real de muertes por COVID se sitúa por sobre 500 mil, lo que nos coloca en una dolorosa y vergonzosa tercera posición tras Estados Unidos y Brasil, ambos con mayor población.

Ha sido el resultado de la liviandad para enfrentar la crisis sanitaria, fijando en 6 mil el pronóstico de máximo de muertes y despreciando a la ciencia al promover “detentes” en vez de acelerar la vacunación preventiva, esa que hoy se sigue negando a los menores, aún existiendo un mandato judicial.

Algo similar sucedió en el abasto de medicinas, donde el reemplazo de los proveedores tradicionales -acusados de corruptos y abusadores- terminó en un fracaso de todos los intentos de suplencia, para al final comprar menos, tarde y caro a los mismos laboratorios, pero a través de intermediarios.

El resultado ha sido no solo el desabasto de fármacos especializados para la atención de niños con cáncer, sino la falta general de medicinas y otros suministros en la red nacional de salud, génesis de malestar y desencanto ciudadano que terminará cobrando cuentas a quienes quieren avanzar mirando hacia atrás.

Eso si, tendremos una muy cara refinería… cuando ya no será necesaria.